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La ecología política pide paso

La presencia del ecologismo político en el discurso de Podemos y de Ciudadanos es mínima, y no digamos en boca de sus líderes

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Después de años de estériles esfuerzos, el ecologismo político ha emergido por fín en las recientes elecciones municipales y autonómicas. Las numerosas actas logradas por los diferentes partidos verdes, incluso con mayorías absolutas como la del Ayuntamiento de Villena, unidas a los 90 concejales y 3 parlamentarios autonómicos de Equo prueban que la conservación de la naturaleza y el cuidado y la mejora del medio ambiente ganan relevancia entre los electores.

De hecho este incremento del voto verde viene a normalizar una situación que venía siendo excepcional respecto a los países de nuestro entorno, donde los partidos ecologistas ocupan un papel protagonista tanto a nivel estatal como comunitario. Con 52 diputados y casi un 7% del total de los votos, las últimas elecciones europeas consolidaron a Los Verdes (European Greens, al que pertenece Equo) como el cuarto grupo del europarlamento tras populares, socialistas y liberales.

En los últimos años hemos avanzado mucho en la concienciación social respecto al cuidado del medio ambiente. Por eso cada vez somos más los que exigimos que las administraciones se impliquen en su protección y dejen de delegar esa tarea en los ciudadanos. Es evidente que queda mucho camino por recorrer, pero lo cierto es que el interés de la gente por las cuestiones relacionadas con la ecología no para de crecer. Pero faltaba una manifestación de ese compromiso a través del voto. Algo que por fin está empezando a ocurrir.

A diferencia de la gente de mi generación, que practicábamos un ecologismo mucho más contemplativo y centrado básicamente en el descubrimiento y la fascinación por la naturaleza, hoy en día existe un número creciente de ciudadanos que han decidido pasar a la acción y mantienen una actitud mucho más proactiva: no solo les preocupa el deterioro medioambiental del planeta sino que se ocupan en atajarlo desde la implicación personal y colectiva.

¿Cómo? Pues incorporando a su día a día todos esos gestos que forman parte del catálogo de buenos hábitos ecológicos: como reducir y reciclar los residuos del hogar o hacer un uso más responsable del agua, basado en el ahorro, y de la energía, basado en la eficiencia. Optando por formas de movilidad alternativas al coche privado, como la bici o el transporte público o practicando un consumo más responsable de los alimentos, en el que cada vez tienen más presencia los productos ecológicos y de proximidad.

Ese aumento de la conciencia ciudadana respecto al medio ambiente es innegable, y obviarlo es ya un disparate político. Un ejemplo clarísimo es el rápido reposicionamiento de las grandes multinacionales al respecto. Las principales compañías de todos los sectores están acelerando sus movimientos estratégicos para asociar su imagen corporativa a la del cuidado del planeta. No son tontos, saben que la conciencia ambiental va a más y quieren presentarse ante sus consumidores como empresas sostenibles y ecoresponsables. Para ellas el medio ambiente ha dejado de ser una tendencia para convertirse en uno de los principales factores de competitividad: si no te esfuerzas en reducir tu huella ecológica estas fuera del mercado, así de simple.

En cambio ¿qué hacen los dos grandes partidos políticos españoles al respecto? Nada. A sus programas me remito. Ni han sabido ni han querido captar ese creciente interés por el medio ambiente en nuestra sociedad, algo que además de innegable es transversal: no tiene edad, clase, género ni condición social.

Pero ahora ya es tarde para ambos: la credibilidad del PP y del PSOE en este ámbito es cero. Es cierto que hay cuestiones de mayor peso social que están contribuyendo a su derrumbe, sin duda, pero esa miopía política, esa falta de sensibilidad respecto al medio ambiente también les está pasando factura y por ahí también se están desangrando electoralmente.  

Lo sorprendente es que las dos principales formaciones emergentes estén cayendo en el mismo error. La presencia del ecologismo político en el discurso de Podemos y de Ciudadanos es mínima, y no digamos en boca de sus líderes. Todavía no he oído ni a Pablo Iglesias ni a Albert Rivera plantear exigencias de respeto al medio ambiente para hablar de pactos. Sin embargo la líder de Compromís, la vigorosa Mónica Oltra, manifestaba la misma noche de las elecciones tras sus espectaculares resultados que una de las prioridades de su partido es “hacer frente al gran reto del cambio climático y dejar a nuestros hijos un planeta mejor”. 

Por eso hay que estar esperanzados y permanecer muy atentos a Equo: una formación claramente identificada con el ecologismo político que en las últimas elecciones generales, las de 2011, tuvo 215.776 votos en el conjunto de España, 64.828 de los cuales en Madrid que dejaron a su líder natural, Juantxo López de Uralde, a las puertas del Congreso de los Diputados.

En las municipales y autonómicas Equo ha concurrido en coalición con los partidos emergentes. Bien, acaso ese sea el camino. Pero ahora lo que toca es hacerse respetar, poner en valor el importante número de votos verdes recogidos en esas candidaturas populares y hacerles entender a todos que la ecología política pide paso.   

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