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Al final, Europa va a tener que decir algo sobre Catalunya

La UE mantiene sin fisuras su apoyo a Madrid. Y la impresión generalizada en la prensa europea es que esa postura no va a cambiar

En los periódicos se dice que no son pocos los dirigentes europeos que en privado  critican la actuación del estado español

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Más allá de la preparación de la campaña electoral, el independentismo catalán concentra sus esfuerzos en conseguir que la Unión Europea intervenga de alguna manera en el conflicto que le enfrenta con las principales fuerzas políticas españolas. Ese objetivo explica el viaje de Puigdemont a Bruselas y la estrategia de su defensa que persigue, sobre todo, que pueda seguir el máximo de tiempo posible en la capital belga. Pero, al margen de algunas declaraciones críticas con Madrid por parte de políticos europeos de distintos partidos, esos esfuerzos no están teniendo éxito. La UE mantiene sin fisuras su apoyo a Madrid. Y la impresión generalizada en la prensa europea es que esa postura no va a cambiar a menos que se produzca un serio agravamiento de la tensión política en Catalunya.

Lo cual no impide que varios destacados analistas hayan concluido que el proceso independentista catalán y la respuesta que el gobierno español está dando al mismo afectan a algunos de los principios básicos sobre los que se ha construido la Unión Europea. Esto ha escrito Stefan Kornelius en el Suddeutsche Zeitung: “El daño afecta a toda Europa. La sola presencia de Puigdemont en Bélgica demuestra que el regionalismo y el separatismo no son problemas puramente españoles. El conflicto disipa la idea de que la UE siempre ha ejercido un efecto pacificador en los conflictos regionales europeos. La idea de una Europa fuerte, en la que las regiones ganan importancia se hace añicos por el separatismo catalán”.

Y éstas son las reflexiones de Gideon Rachman en el Financial Times: “Europa no está política e intelectualmente preparada para la crisis española. El proyecto europeo está basado en la idea de que la UE es un “espacio de seguridad” para los valores liberales. La confianza europea en la resolución pacífica de las disputas es una idea fundamental. Si el Estado español entra en una crisis prolongada y peligrosa, la imagen que la UE tiene de sí misma como garante de la paz y de la estabilidad se verá muy afectada. Por este motivo, la actual situación española representa un desafío aún mayor que el Bréxit. A los líderes les gustaría ignorar la crisis española. Pero puede que la crisis española no les ignore a ellos”.

En los periódicos se dice que no son pocos los dirigentes europeos que en privado expresan preocupaciones como las anteriores y critican la actuación del estado español, particularmente el encarcelamiento de los lideres independentistas. Pero en público sólo unos pocos se han manifestado en este sentido y, aparte de algunos ministros nacionalistas flamencos, ninguno de los que lo han hecho ejerce en estos momentos cargos de responsabilidad en sus gobiernos o en la UE. “Asistimos al encarcelamiento de responsables políticos que defienden una ideología”, ha dicho Segoléne Royal. “La justicia no se tiene que utilizar para hacer el trabajo que no han sido capaces de hacer de hacer los políticos”, ha declarado la ex - vicepresidenta de la Comisión Europea y actual europarlamentaria en las filas de la derecha Viviane Reding. “¿Se pueden celebrar elecciones con políticos presos?” se ha preguntado el ex – primer ministro belga, el liberal Guy Verhofstadt. Y es muy conocida la acusación del uso de “métodos franquistas” que ha hecho otro ex – primer ministro belga, el socialista Elio de Rupo.

Ninguno de los políticos citados sostiene, ni de lejos, la causa independentista catalana. El rechazo de la declaración unilateral ha sido unánime en ese ámbito y en el de la prensa europea. Lo que genera más dudas, o se critica abiertamente, es la actuación de la Audiencia Nacional, el encarcelamiento de dirigentes políticos y los procedimientos que se han utilizado para ese fin. Que, de forma generalizada, aunque no se diga expresamente, se consideran actuaciones impulsadas por el gobierno español.

Hasta ahora la cosa no ha pasado de ahí. Y La Moncloa puede lidiar con eso. En la última reunión de jefes de gobierno de los 28 Angela Merkel trató de que cuestión fuera debatida. Rajoy se opuso tajantemente y ninguno de los demás líderes rechistó. Madrid sabe que, en estos momentos, por grave que sea la cuestión y por mucho que pueda afectar al futuro de la UE, nadie con mínimo peso en Bruselas se va a atrever a poner encima de la mesa el problema planteado por el independentismo catalán. Porque bastante tiene la Unión con los que ya la agobian y que no es capaz de resolver.

Rajoy juega con esa ventaja. Pero con algunos límites. Si se pasa en la acción represiva puede desatar reacciones institucionales europeas por parte de esos mismos líderes que hasta ahora se muestran tan contenidos. La prolongación de la prisión de los dirigentes independentistas puede ser una de las piedras de toque en ese equilibrio inestable. Cualquier otra iniciativa tendente a reducir las posibilidades electorales del independentismo en 21 de diciembre, también. Y está claro que Puigdemont y los 4 consellers que le acompañan en Bruselas van a hacer todo lo que esté en sus manos para provocar contradicciones. Y durante unos cuantos meses, además.

Eso a corto plazo, en las semanas que vienen. A partir de ahí se entra en un terreno desconocido. Y lo que está claro es que el conflicto catalán va a durar mucho, años sin duda. No parece razonable pensar que Europa vaya a poder seguir mirando para otro lado durante tanto tiempo.

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