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El "procés" nos divide, pues claro

La conducta del Estado guiado por el partido de Rajoy y sus dos partidos lacayos tiene la radicalidad que una política inmoral. Es una política franquista, y el franquismo era un régimen inmoral

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Mariano Rajoy.

Es cierto, el “procés” causa división entre la gente, ahora no puedo conversar tranquilamente con tantas personas como antes. Me incomoda oír a alguien justificando que la Policía le pegue a personas pacíficas que quieren votar, incluso me incomoda que sin justificarlo directamente introduzcan sus “peros”, sus objeciones sobre el comportamiento o las ideas de esas personas agredidas. Me incomoda que se obvie que hay personas presas por sus ideas políticas democráticas y que se le niegue esa condición de presos políticos, como si estuviesen presos por robar a ahorradores o cobrar sobres de dinero negro. Me incomoda que alguien justifique lo que el Estado español le hace a la población catalana, incluso a esa parte de la población que justifica lo que el Estado le hace. 

Me incomoda y me afecta profundamente porque no es una diferencia política sin más que pueda conciliar, creo que la conducta del Estado guiado por el partido de Rajoy y sus dos partidos lacayos tiene la radicalidad que una política inmoral. Es una política franquista, y el franquismo era un régimen inmoral. 

Prohibir, perseguir y atacar con violencia a votantes, encerrar a ciudadanos pacíficos, multar a políticos elegidos democráticamente, volver a decretar estado de excepción, pretender secuestrar policialmente radios y televisiones que no son de su agrado y todo lo demás que puedan hacer es franquismo. Lo reconozco perfectamente, el mismo lenguaje de ese poder y sus esbirros, de la Policía franquista y los gobernadores civiles: “encerrados los promotores de las revueltas separatistas”, “el desafío independentista”, “desmantelado el núcleo duro del referéndum”, “incautadas papeletas”... Y lo repiten casi unánimemente los medios de comunicación llamados “nacionales” y las cadenas de televisión, también llamadas “nacionales”. Ya no hablo de las banderas rojo y gualda, los colores de la rama española de la casa de Borbón.

¿Qué ha ocurrido en los últimos años, meses? Circula la formulación de que el nacionalismo catalán “despertó” al nacionalismo español. No lo creo, eso estuvo siempre ahí, esas personas o sus padres estaban ya ahí, el patrioterismo españolista estuvo siempre ahí, lo que ocurre es que ahora se vio desafiado y, además, del modo que no puede soportar: democráticamente. Porque el movimiento civil catalán nacido tras la campaña de Rajoy con firmas y recurso al “Estatut” es impecablemente democrático a los ojos del mundo y de cualquiera que lo vea con distancia. Lo que hizo el “procés” fue desnudarlo, obligarlo a mostrase como es, a mostrarse como son: autoritario, militarista, obscenamente rancio y antidemocrático. No se trataba de si los catalanes optaban por una u otra opción, se trataba de la libertad, de la democracia. Se trataba de que esa ciudadanía pudiese ejercer la democracia y, cuando los demás tuviésemos su mismo coraje, cualquiera. 

Tengo que remitirme a una posición completamente olvidada, y ahí está la clave de lo que está ocurriendo, el antifranquismo. Desde el punto de vista del antifranquismo lo que está ocurriendo es intolerable. Los antifranquistas sabían que un militante contra el Régimen de la organización que fuese y en el lugar que fuese era “de los nuestros”, daba igual si era comunista de una organización u otra, si era catalanista, vasquista o lo que fuese. Y si caía en Bilbao, en Sevilla o en Barcelona o en Vigo, era “de los nuestros”. El único modo de explicarme que el PSOE esté apoyando esta política franquista junto con los franquistas declarados es simple, no era “de los nuestros”. El PSOE no estuvo contra Franco, había unos ancianos socialistas en el exilio y dentro aún no habían aparecido la generación de arribistas que durante años aceptamos con mayor o menor convencimiento que eran de izquierdas y no sé cuantas cosas más. 

Sólo quien no estuvo contra el franquismo puede ahora apoyar al franquismo. Sólo quien no estuvo contra el franquismo puede cogobernar con quienes amenazan con ilegalizar partidos que defienden democráticamente una independencia, como están haciendo. De hecho, ya han ilegalizado a más de la mitad de la población adulta catalana. Naturalmente lo hacen como se hizo eso siempre, remitiéndose a las leyes vigentes. No es novedad.

En todo caso, lo que padecemos ahora es la culminación de un proceso histórico, la restauración de la monarquía borbónica tras la muerte de Franco. La unanimidad de todos los poderes, empezando por ese rey que resultó más franquista que su padre, los económicos, los del estado y su artillería mediática demuestra que, efectivamente, se trata de un régimen. Un régimen que mantiene atrapada a la mayor parte de la población que asume el discurso autoritario que le hacen tragar las empresas de comunicación del IBEX y unos políticos que, a pesar de su edad relativamente joven, repiten la ideología y la cultura franquista. 

El Reino de España no es un estado democrático, los márgenes que tuviese de democracia están siendo liquidados en estos cinco últimos años. La reforma de la justicia, la ley Mordaza, la ocupación de los cargos del poder judicial por parte del PP…, eliminaron cualquier independencia de la Justicia. La Justicia en España es un arma del poder ejecutivo, está al servicio de Rajoy. Igual que el sistema de medios de comunicación. Por eso son tan importantes los lugares que se le resistan, medios como éste, o una radio y televisión catalanas que, digan lo que digan, mantienen una disidencia al discurso monolítico del Estado. 

La disidencia, las opiniones libres sólo se pueden expresar en lugares como éste, los medios del poder sólo expresan aquellas opiniones que toleran. Lo que decía aquí hace unos meses sobre literatura, novelas como “Patria”, es lo mismo para las opiniones. Los medios de comunicación en España son armas para someter y conducir las opiniones y las conductas. Se fue expulsando y apartando de la vida pública las voces que no encajaban y finalmente se ha llegado a un yermo total. El “procés” también ha mostrado el envejecimiento de las generaciones que protagonizaron y se acomodaron a esta etapa histórica. La complicidad de estas voces con el statu quo, las mínimas disidencias, las mínimas expresiones de solidaridad con una ciudadanía ejemplar que pretendía ejercer la democracia hizo que los intelectuales y artistas españoles no merezcan respeto alguno en Catalunya y quien fuera de allí quiera verlos podrá ver sus “retratos de Dorian Grey”. 

Es cierto, el “procés” nos separa y nos divide. Particularmente no quiero estar unido a quienes practican, justifican con argumentos o con chistes o con ironías volver a vivir el franquismo. Y si llegaron aquí me dirán que es un balance muy negativo y cosas así, contesto: no lo es, es la realidad. La realidad es la que escribí aquí hace un par de semanas, que no hubo ruptura con el franquismo y sí su continuidad. Y aún más, particularmente creo que, visto lo visto estos días, no tiene remedio. España, concretamente el Reino de España , es un proyecto fallido y lamento haber gastado alguna energía en pretender reformarlo. Siento no ser de más utilidad. Salud.  

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