Héctor de Miguel y Elena Reinés: la violencia explícita ultraderechista que silencia a comunicadores de izquierda
Emisión en directo en Youtube. A un lado de la pantalla, Alberto Gonzalo de Juan, alias 'Pugilato', un conocido neonazi con antecedentes penales que saltó a la fama por agredir en 2024 al cómico Jaime Caravaca durante uno de sus shows. Al otro, un militante de la organización de extrema derecha Núcleo Nacional que responde al nombre de Iván y aparece con la cara tapada por una braga negra. Y en el centro de la diana de ambos, Héctor de Miguel, el cómico y director de ‘Hora Veintipico’, que hace una semana anunciaba una retirada temporal precisamente tras la última ofensiva ultraderechista.
Esa acometida empezó como reacción a un ‘sketch’ sobre la cobertura de un programa de Mediaset del accidente de tren de Adamuz. “Llega este hijo de puta, este miserable, esta basura integral… y se empieza a reír de Nacho Abad. Que bueno, tampoco lo vamos a defender aquí, pero el tipo se ha implicado mucho (...) en lo que tiene que ser la verdadera labor de un periodista, entrar a buscar la verdad”, dice Pugilato, que ejerce de presentador del streaming y que comparte con su colega neonazi llamamientos explícitos a la violencia contra Héctor de Miguel. Eso sí, con un lenguaje tuneado, se supone que para esquivar consecuencias penales, en el que se usa “aplauso” como sinónimo de bofetón. “Un aplauso a este sujeto me parece poco, (...) se merece un par de aplausos muy fuertes”, dice el militante de Núcleo Nacional. “Muchos aplausos. Y sonoros, en Dolby Surround (...) Es que es para aplaudirle hasta que te duelan las manos”, responde Pugilato.
Un poco antes de la emisión en directo de esa conversación, el domingo por la tarde, Héctor de Miguel sorprendía a todo el mundo con un comunicado en el que anunciaba que, al menos de forma temporal, se retira. Lo hizo tras llamar a los miembros de su equipo para trasladarles la decisión. “Ha llegado el momento de parar. El cuerpo me lo pedía y la mente disimulaba, pero lo acontecido en las últimas horas precipita una decisión que llevaba tiempo barruntando. Ni tengo madera de héroe ni me apetece ser un mártir”. Aunque el cómico no detalla en su escrito lo que le ha acontecido en esas últimas horas, se refiere a la cascada de amenazas explícitas que tanto él como sus compañeros han recibido desde la emisión de su programa.
El anuncio llega casi a la misma hora en que tenía que celebrarse uno de sus espectáculos en directo que formaban parte de una gira por teatros de todo el país. El show del pasado domingo, que había vendido todas las entradas y que fue cancelado, iba a tener lugar en Móstoles dentro del festival de comedia de la localidad madrileña. Según su propio entorno, la percepción que tuvo Héctor de Miguel sobre esa cita es que ni la seguridad de los miembros de su equipo ni la suya propia estaba garantizada. Que esta vez no era como las demás y que existía un riesgo cierto que había sido trasladado pública y privadamente en mensajes en redes y en canales de Telegram.
Por eso, Quequé decidió parar después de 25 años en los que no han faltado ofensivas similares, como la que arreció cuando hizo un chiste sobre el Valle de los Caídos que le costó incluso una denuncia de Abogados Cristianos y un largo proceso judicial. Pero igual que tantas veces optó por seguir, este domingo decidió que no. Así que la gira quedó cancelada y el exitoso formato radiofónico, por el momento, suspendido.
Para entender la gravedad del contexto, no cuesta mucho localizar algunas de esas amenazas explícitas difundidas tras el programa que emitieron dos días después de la tragedia de Adamuz y en el que hacían una crítica mordaz al sensacionalismo con el que ciertos formatos televisivos habían abordado la muerte de 45 personas por el accidente de tren. Algunas cuentas con decenas de miles de seguidores, como la del sindicato policial Jusapol o Alt Rigth España, iniciaron el señalamiento. Esta última publicó un enlace al sketch con el siguiente mensaje: “43 muertos en dos accidentes de tren y en La Ser estos malnacidos haciendo bromitas de trenes. Asco”. Y a partir de ahí, la cascada de insultos y amenazas de miles de usuarios.
“Es para reventarlos pero bien”, “se asesina poco en España”, “tiene que llegar el día que esta gente no pueda pisar la calle con normalidad”, “hasta que los periodistas de este país no lleven escolta, estaremos perdiendo”, “se les buscará casa por casa y se les ajusticiará en el portal, esa es la correcta solución”. El propio Pugilato, antes de intervenir en Youtube, dedicó varios tuits a reaccionar a la última entrega de Hora Veintipico. “Creo que no basta con decir únicamente que son unos hijos de puta. No sé si me explico. Si eres valiente para hacer estas gracias, también debes ser valiente para asumir. Si algún familiar considera pasarse y darles un par de aplausos como se merecen, aquí tienen las fechas y sitios”, publicó junto al cartel de la gira del ‘show’. Un llamamiento en toda regla a agredir a los cómicos y comunicadores que replicó también en redes Daniel Esteve, el líder de Desokupa, otra organización neonazi. “Algún vecino en estas fechas que se acerque a saludar a este anormal chupapollas”. Esteve, denunciado por la Fiscalía por incitación al odio y por un delito contra la integridad moral, aseguró luego que ya se habían organizado para ir a reventar el espectáculo. “El chupa pijas a la puta calle. Qué pena, porque ya habíamos comprado entradas para ir a verte y felicitarte, cagona”.
Algunos integrantes del equipo de la Cadena Ser que se encarga del programa junto a Héctor de Miguel ya habían vivido antes episodios graves que les llevaron a temer por su seguridad, hasta el punto de necesitar escolta en uno de los espectáculos. O de ver difundidas en redes sociales las direcciones de su domicilio o la cara de su madre. Esta vez, en el canal de Pugilato se llegó a hablar de organizarse para saber cuánto dinero hace falta para cubrir las consecuencias legales de acudir a los espectáculos para agredirlos físicamente.
“Una cosa, por curiosidad, Alberto”, interviene el militante de Núcleo Nacional. “¿Cuánto cuesta un aplauso? ¿Cuánto te cuesta de caro?”. “¿No es caro, eh? Entre 160 y 500 euros, dependiendo. Pero vamos, que no es una barbaridad, eh?”, responde Pugilato. “Es que hay muchos militantes jóvenes sin trabajo que estarían encantados de encontrar un trabajo de ciertas características. Se podría hacer un 'crowdfunding' para ir a aplaudir a gente, ¿no?”, concluye el hombre de la cara tapada.
Marcelino Madrigal, especialista en redes sociales, analiza hackeos, ciberataques y otras amenazas de la web, especialmente las relacionadas con la ultraderecha. En el caso de Héctor de Miguel ha analizado 3.652 mensajes de respuesta dirigidos a ocho ‘post’ de la red social X. Y la conclusión de su informe es clara. “Se identifica una narrativa común de ataque, con la repetición de acusaciones personales y expresiones de descrédito dirigidas al mismo objetivo. El volumen y la persistencia de ese tipo de respuestas generan un efecto de señalamiento continuado”.
Desde que Musk compró Twitter volvieron todos los nazis que antes tenían comportamientos restringidos y se habían quedado fuera. Ahora la impunidad es absoluta
En conversación con este periódico, Madrigal apunta a un patrón de comportamiento y a un punto de inflexión en la red social que ahora controla Elon Musk. “Es el patrón básico de una protesta viral que no solo utiliza la extrema derecha. Se señala a alguien y allí van detrás cientos o miles de mensajes. Lo que pasa es que, respecto a la extrema derecha, el paradigma ha cambiado desde la pandemia. Desde que Musk compró Twitter volvieron todos los nazis que antes tenían comportamientos restringidos y se habían quedado fuera. Ahora la impunidad es absoluta”.
Preguntados por este caso, que afecta directamente a su parrilla y a uno de sus presentadores más populares, desde la dirección de la Cadena SER trasladan su preocupación por las amenazas ultras y también su apoyo a de Miguel. “Desde el momento en que Héctor de Miguel nos comunicó su decisión, ha contado con todo nuestro apoyo. Como a muchos ciudadanos, nos preocupa el auge y la normalización del acoso y la intransigencia. El compromiso de la SER es y seguirá siendo trabajar en la defensa de nuestra democracia frente a las amenazas que la acechan”, apunta Fran Llorente, director editorial y de contenidos de la SER.
Amenazas en redes, acoso personal
Ese mismo patrón es el que se ha seguido en los últimos días también contra Elena Reinés, comunicadora y fundadora de Woke Up News, una red de creadores de izquierdas. Tras publicar un vídeo de desmentido de bulos sobre el accidente de Adamuz, llegaron el acoso y las amenazas. “Me llegaron miles de mensajes desde el principio y yo los borraba y ya está. Intentaba tomármelo como un episodio más de los que estamos acostumbradas, porque nos insultan todo el tiempo. Pero luego esos mensajes se tornaron más violentos”, explica en conversación con elDiario.es. Violencia verbal explícita como “si te veo por la calle te voy a reventar la cara, tenías que estar en las vías del tren de Adamuz atada, vas a aparecer colgada de un puente, suicídate”. Y Reinés también le dijo a sus compañeros que necesitaba parar, que no podía más.
“Yo intento ser fuerte y que no me afecte, pero llega un momento en que no es gente por redes sociales que te insulta y ya está, sino que te afecta a tu vida diaria. El otro día se me acercó un chico en el metro a darme la enhorabuena y yo tuve miedo porque pensé que era uno de los que me amenazan. Es que hacer de ese nivel de violencia mi rutina diaria me resulta imposible, me cuesta hasta levantarme de la cama”. Elena Reinés tenía previsto participar esta semana en un gran evento de cómicos en el Palacio de los Deportes de Madrid. También recibió amenazas explícitas sobre ese evento. Y, como Héctor de Miguel en Móstoles, decidió no acudir. Tras denunciar las amenazas en su perfil de Instagram, Meta suspendió las funciones del usuario de Reinés, no de quienes la acosan.
Ella explica ahora que, por el momento, no ha interpuesto todavía denuncia. Desde el Ministerio del Interior aseguran que tampoco existen en el caso de Héctor de Miguel y que, por tanto, la Policía no ha intervenido ni se tienen constancia de actuaciones a pesar de la gravedad de las amenazas. “No tenemos constancia de que nadie se haya dirigido oficialmente a la policía para pedir consejo o denunciar acoso y amenazas, ni se ha presentado en ninguna comisaría denuncia alguna por parte de Héctor de Miguel o algún representante legal en su nombre sobre estos hechos. Como siempre ocurre, en cuanto se presenta una denuncia la policía investiga el caso y se deciden las acciones oportunas, dependiendo de cada caso”, se limitan a apuntar en el departamento de Grande-Marlaska preguntados por el caso del presentador del programa de la Cadena SER.
El otro día se me acercó un chico en el metro a darme la enhorabuena y yo tuve miedo porque pensé que era uno de los que me amenazan. Es que hacer de ese nivel de violencia mi rutina diaria me resulta imposible, me cuesta hasta levantarme de la cama
Sí que existen denuncias, en las que ya trabaja la policía, que han interpuesto otros comunicadores o personajes públicos, marcadamente de izquierdas o de medios progresistas, que también han sufrido situaciones de acoso personal. El último caso conocido es el de Sarah Santaolalla, analista en programas de Televisión Española o Mediaset. Hace unos días, precisamente al salir de una tertulia en la que trabaja en la tele pública, la esperaba en la puerta el agitador ultra Vito Quiles, especializado desde hace años en la difusión de bulos y en el acoso a periodistas o políticos de izquierdas.
“Cuando salí estaba Vito Quiles intentando forzar el control de seguridad. No le dejaron entrar, pero cuando me vio salir en un coche de producción él se subió con dos hombres más a otro coche negro para perseguirnos a mi conductor y a mí. Por un momento le perdimos la pista, pero cuando llegué a mi casa estaban los tres en el portal esperándome”, narra Santaolalla en conversación telefónica. La colaboradora de TVE y Mediaset, que antes de este episodio ya formaba parte del cada vez más amplio grupo de comunicadores, periodistas o políticos víctimas de campañas de acoso o difamación tanto en la calle como en redes sociales, cuenta que en ese momento acudió a una comisaría de policía a denunciar los hechos y a pedir protección para poder entrar en su vivienda. Y todo acabó, por el momento, con la identificación de los tres hombres que la seguían (con Vito Quiles a la cabeza) por parte de los agentes de policía que la acompañaron.
También tiene interpuestas denuncias a la Policía por amenazas neonazis el periodista Antonio Maestre, especializado además en investigaciones sobre la ultraderecha española. El escritor y colaborador entre otros medios de elDiario.es cuenta que, en su caso, le contacta de forma periódica la Brigada de Información de la Policía Nacional que trabaja en el recorrido que puedan tener esas amenazas. Algunas son tan graves que se llegaron a valorar incluso labores de contravigilancia policial para evitar riesgos.
Esos riesgos tienen que ver, en la mayoría de los casos, con la presencia en actos públicos sobre los que la amenaza de violencia por parte de grupos ultraderechistas se ha convertido en algo a la orden del día, como se ha comprobado también en los casos de Héctor de Miguel o Elena Reinés. Maestre, que ha recibido amenazas violentas explícitas respecto a presentaciones o firmas de libros en las que ha participado, admite de hecho que ha dejado de acudir a algunos de esos actos señalados en la diana neonazi. La propia Sarah Santaolalla explica también que, a raíz de su denuncia, la policía le ha aconsejado dejar de anunciar los eventos o las conferencias a las que acude.
Lo grave, además del fondo, es la frecuencia, porque ya no son hechos aislados. Situaciones como esta se repiten de un tiempo a esta parte de manera cada vez más habitual, especialmente desde la pandemia, cuando el número de agitadores ultras se disparó y las acciones de coacción y amenazas por parte de la ultraderecha se volvieron recurrentes incluso en las puertas de domicilios de altos responsables públicos, como fue el caso de Pablo Iglesias e Irene Montero cuando ostentaban los cargos de vicepresidente y ministra, respectivamente. En la actual legislatura, decenas de sedes del PSOE (incluida la federal de Ferraz) han sido atacadas y vandalizadas por grupos de extrema derecha.
Wyoming: “Ahora van a por los ciudadanos”
“Aquí el problema fundamental es qué opinan de todo esto el señor Marlaska y la Justicia y los dos están en silencio. Nos están diciendo que amenazar a alguien de muerte es libertad de expresión, como si fuera lo mismo que decirle que no te gusta el show. Vivimos en un país en el que la presidenta de la Comunidad de Madrid le dice 'hijo de puta' al presidente del Gobierno y hace un lema de ello. Eso ya es legitimar la violencia contra el rival y luego hay gente en la calle que lo recoge”, lamenta José Miguel Monzón, el Gran Wyoming para el gran público, compañero y amigo de Héctor de Miguel y uno de los cómicos más emblemáticos del país.
La reflexión de Wyoming es que, si se ha llegado hasta aquí, es porque antes no se ha protegido a los señalados y se ha dado amparo a los acosadores. “Es un hecho totalmente insólito que se haya permitido acosar durante meses al vicepresidente y a una ministra de este país en la puerta de su casa y luego que no pase nada tampoco con el acoso a las sedes del partido que está en el Gobierno. Ni el ministro del Interior ni la Guardia Civil hicieron nada y, cuando llega el juicio, le dan la razón a los acosadores. Así que, como esa trinchera ya está ganada, van a por la siguiente, que somos los ciudadanos. Héctor es un ciudadano que vive de su trabajo y tiene todo el derecho del mundo a decir lo que le dé la gana. El acoso que ha sufrido es difícil de soportar”, apunta.
El presentador de El Intermedio (la Sexta), que prefiere no entrar en detalles, admite que él también se ha enfrentado recientemente a situaciones de amenazas e insultos por la calle, además del acoso en redes. “Mi domicilio, mi DNI o mi teléfono circulan por internet como parte de una estrategia de acoso, pero lo de la calle es nuevo para mí. Hace poco iba yo caminando y un grupo de chavales que estaban tomando cervezas se dieron la vuelta. Serían diez o doce. Me vieron, levantaron el brazo y gritaron: ”¡Arriba España, rojo de mierda! Mi manera de protegerme es que no tengo absolutamente ningún contacto con el exterior. No tengo ninguna red social, no participo absolutamente en nada. Antes escribía artículos en Infolibre y ya ni eso. Este es mi mecanismo de defensa, no tengo otro. Pero claro que entiendo a Héctor. Hay un momento en que ya no tienes vida y no lo puedes asumir. No puedes vivir en la amenaza constante como si estuviéramos en estado de guerra“.
Aunque las acciones más visibles sean los comportamientos de acoso callejero de agitadores ultras como Bertrand Ndongo o Vito Quiles a un grupo cada vez más amplio de políticos, periodistas y comunicadores (muchos de los cuales prefieren no tratar públicamente el tema con el argumento de no regalar más foco a los agresores), el propio neonazi Pugilato admite sin tapujos que, en realidad, no resulta extraño que exista algo muy parecido a una coordinación con movimientos violentos de extrema derecha como los que él representa. “Cuando [Héctor de Miguel] hizo lo del tema del Valle [de los Caídos] yo ya incluso lo valoré [la agresión]. De hecho, Vito Quiles se vino arriba y me dijo: ‘Oye, tío, yo voy contigo y lo grabo’. Y me quedé con las ganas”. Tras unas risas, el hombre de la cara tapada celebra: “En fin, ya se ha quedado sin gira el gilipollas”.
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