Has elegido la edición de . Verás las noticias de esta portada en el módulo de ediciones locales de la home de elDiario.es.
La portada de mañana
Acceder
EXCLUSIVA | Julio Iglesias trasladó a España a varias empleadas sin contrato
Los rostros de la tragedia de Adamuz: 45 vidas truncadas en segundos
Opinión - 'A dios rogando y con el mazo dando', por Esther Palomera

Desinformación y antipolítica, un 'modus operandi' en las catástrofes que se repite en Adamuz

Los servicios de emergencia, junto a uno de los trenes accidentados en Adamuz (Córdoba).

José Enrique Monrosi

22 de enero de 2026 22:10 h

1

No habían pasado ni dos horas desde las primeras noticias del accidente cuando el líder de Vox, Santiago Abascal, publicó su primer tuit sobre la tragedia ferroviaria de Adamuz. “Como en tantas catástrofes que nos han golpeado estos años, no puedo confiar en la acción de este Gobierno. Nada funciona bajo la corrupción y la mentira”. Eran las diez y cuarenta minutos de la noche del domingo. 

A esa hora, las decenas de cuerpos de los fallecidos continuaban atrapados entre los amasijos de hierro de los vagones siniestrados, los vecinos de las localidades aledañas y los servicios de emergencia se afanaban en rescatar y auxiliar a los heridos para trasladarlos a los hospitales cercanos y cientos de familias no conseguían aún localizar a los viajeros. Nadie sabía nada sobre lo que había ocurrido, ni siquiera se conocía todavía el número de muertos. Pero la maquinaria ultra no esperó para ponerse en marcha. 

Pasó en la pandemia, en la dana, en el apagón y en los incendios. Y ha vuelto a pasar ahora. Las catástrofes se consolidan como un terreno fértil para la antipolítica, la desinformación y como una ocasión propicia para sembrar el caos en medio de un desastre en busca de réditos electorales. Esta vez, en las primeras 72 horas tras el choque de los dos trenes de alta velocidad que ha provocado 45 fallecidos, un buen número de informaciones sesgadas, o directamente falsas, han recorrido como la pólvora nuevamente las redes sociales, portales de internet de extrema derecha e incluso algunos discursos políticos y de medios de comunicación. Y todas ellas con una tesis común: achacar la responsabilidad de lo ocurrido al Gobierno de Pedro Sánchez antes incluso de que la investigación echase siquiera a andar. 

Uno de los primeros bulos que se viralizó tras el accidente de Adamuz ha sido el de las inversiones del Ejecutivo español en sistemas ferroviarios extranjeros en detrimento del nuestro. Portales de internet de extrema derecha que cuentan con ayudas públicas cuantiosas de administraciones como la Comunidad de Madrid o incluso el gobierno argentino de Javier Milei publicaron que Pedro Sánchez donaba 247 millones de euros a Marruecos y a Uzbekistán para mejorar sus infraestructuras de tren mientras abandonaba a su suerte al sistema ferroviario español. En realidad, se trata de un crédito reembolsable otorgado en 2019, no de una donación, y el ministerio de Transportes ya ha recordado que en el tramo del siniestro se invirtieron 700 millones de euros para la renovación de la vía el pasado mes de mayo. 

Pero hay mucho más. También se expandió tras el accidente un llamamiento a la colaboración ciudadana en nombre de las autoridades para acudir a la zona del siniestro con chalecos reflectantes para ayudar a las labores de auxilio. Ante el riesgo de que se acumularan personas en la zona del descarrilamiento y entorpecieran el operativo, el propio servicio de Emergencias de Andalucía tuvo que desmentir el bulo para aclarar que solo ellos estaban “autorizados a estar en la zona del accidente ferroviario de Adamuz”. 

Imágenes falsas generadas con Inteligencia Artificial, montajes sobre la actitud de periodistas de la televisión pública o manipulaciones sobre las alternativas que ofreció Renfe a los viajeros afectados forman parte de una ofensiva en redes y panfletos digitales ultras que también ha saltado a algunos medios de comunicación. El director de uno de ellos, la misma noche del accidente, publicó a las 21.59: “Óscar Puente, mudo ante la tragedia del AVE tras tuitear en las últimas horas contra Trump y la mujer de Almeida”. Esa publicación se produjo 45 minutos después de que el ministro de Transportes comunicara en sus redes que se encontraba en el puesto de mando de ADIF en la estación de Atocha al frente de la gestión de la emergencia. 

En otros portales se ha difundido también que ADIF, la empresa responsable de la infraestructura ferroviaria en España, lleva meses eliminando los registros de incidencias en las vías para no dejar pruebas de ellas, algo que se ha acreditado como absolutamente falso y que resulta fácilmente constatable con las propias comunicaciones públicas de ADIF en sus redes sociales. También se publicó que el ministerio de Transportes que dirige Óscar Puente decidió eliminar el pasado verano la Unidad de Emergencias de su departamento para insinuar un recorte o una merma de los servicios públicos disponibles en este tipo de catástrofes y apuntar, una vez más, a la responsabilidad del Ejecutivo. El Real Decreto 690/2025 aprobado y publicado en su día explicaba, sin embargo, que se trata de un mero cambio de competencias. “Queda suprimida la Unidad de Emergencias, Seguridad y Gestión (...) y es el Observatorio para la coordinación y prevención de crisis y la atención a las víctimas el que asume sus competencias”. 

El caos, un negocio político y comunicativo

“Esto no es ni una improvisación ni son excesos verbales por parte de nadie. Esto es un modus operandi perfectamente reconocible que no busca ni saber la verdad, ni soluciones, ni acompañar a las víctimas. Lo que se busca es el conflicto, el rédito electoral, y por eso explotan deliberadamente el malestar”, explica Anna López Ortega, politóloga y licenciada en Periodismo por la Universitat de València, que analiza esta forma de actuar. “Antes de saber lo que ha sucedido ya tienen ese relato cerrado. Un culpable claro. Y también la dosis necesaria de bulos virales, que sabemos que alimentan la desafección política”. 

Experta en ultraderecha en Europa y España, López Ortega reflexiona que, en realidad, el del accidente de Adamuz es el mismo patrón seguido tantas veces en tragedias o catástrofes. “Se decide el relato antes de conocer los hechos señalando un enemigo, en este caso Sánchez y Óscar Puente. Y luego se difunden los bulos para convertir el dolor en miedo, en indignación. Esto es una estrategia política que usa aquí y en todas partes del mundo la ultraderecha antisistema”. 

Desde que ocurrió la tragedia, una ola de solidaridad de los vecinos de Adamuz, de la ciudadanía andaluza y del conjunto de la sociedad ha movilizado al país para trasladar apoyo y empatía a las víctimas. Y todo el mundo coincide en que, a diferencia de la dana o la crisis de los incendios, la lealtad institucional entre administraciones dirigidas por el PSOE y el PP ha sido en este caso ejemplar, con el Gobierno central y la Junta de Andalucía a la cabeza. Pero la conclusión es que, a pesar de ello, el discurso ultra consigue encontrar las rendijas de la desafección para colar su mensaje y buscar clientela. 

“La estrategia cala porque, ante una tragedia así, estamos en una situación de incertidumbre, de miedo, de desconcierto. Somos más vulnerables, con lo cual demandamos más información. Y ellos nos las ofrecen 24 horas y en diferentes formatos: desde la tribuna política, un tuit de Santiago Abascal, ese ejército digital anónimo y no tan anónimo, una imagen manipulada, un meme... Y en este momento de vulnerabilidad somos más permeables a su permanente campaña de desinformación. En cualquier caso, está demostrado que si la comunicación es clara, empática y transparente por parte de las administraciones, esa estrategia tiene menos impacto porque la ciudadanía necesita eso, seguridad y empatía”. 

Anna López Ortega, que es autora del libro 'La extrema derecha en Europa', ha publicado junto con el profesor de la Politécnica de València Germán Llorca-Abad el primer estudio científico sobre la desinformación durante la crisis producida por la dana. Un trabajo en el que analiza también las estrategias de desinformación de aquella catástrofe y en el que se referencia un modus operandi común que ahora recuerda a lo que ocurre con Adamuz. 

“En literatura de comunicación política nosotros hablamos del 'framing de crisis'. A lo que hace referencia este término es que aquí la gestión deja de importar y lo relevante es que el accidente encaje con nuestra narrativa, que en este caso de la extrema derecha española es que el Gobierno de Sánchez es corrupto y tiene que dimitir y es responsable de cualquier calamidad. Es decir, ¿hay una catástrofe? Lo que pase y la causa es lo de menos. Lo importante es que es una oportunidad para encajar nuestra narrativa sobre las maldades del sanchismo”. 

En la pandemia se llegaron a distribuir imágenes falsas sobre la supuesta retención del Gobierno central de material sanitario que Pedro Sánchez no querría entregar a las comunidades autónomas, en la dana se organizaron montajes para acusar a las administraciones y ONG de destruir la ropa donada mientras Revuelta, la organización juvenil de Vox, recaudaba dinero para las víctimas que nunca repartió.

En las últimas horas, un vídeo de un raíl de madera suelto sobre el que pasa un tren a gran velocidad tuvo decenas de miles de reproducciones en redes y fue distribuido como si formara parte de la red ferroviaria de España, aunque es falso. Y uno de los agitadores ultras acreditado en el Congreso como periodista se desplazó hasta Adamuz para darle pábulo al bulo de que una de las piezas del Alvia que cayó en un arroyo y puede resultar clave para la investigación se encuentra perdida en un arroyo sin que los investigadores la tengan controlada. Mientras, con algunos cadáveres aún sin identificar, la investigación sigue su curso y ya apunta a que se han encontrado muescas de roce en los primeros coches del Iryo y en trenes que pasaron antes por Adamuz. Algo que, según el Gobierno, aún no resulta concluyente a los expertos para determinar lo que pasó. 

Etiquetas
stats