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El Senado argentino aprueba la reforma laboral de Milei que contempla la jornada de 12 horas y recorta derechos entre fuertes protestas

Personas se enfrentan con la Policía de Argentina durante una protesta contra la reforma laboral este miércoles, en Buenos Aires

Mercedes López San Miguel

Buenos Aires —
12 de febrero de 2026 07:27 h

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La reforma laboral que Javier Milei considera central para su modelo ultraliberal y que acaba con conquistas del movimiento obrero argentino ha sido resistida en las calles a las afueras del Congreso en Buenos Aires y en otras ciudades de Argentina. El operativo policial desplegó represión. Puertas adentro del Legislativo, ya de madrugada, el Gobierno ultraderechista consiguió la media sanción de la ley.

La protesta principal, impulsada por los sindicatos contra la flexibilización laboral, vivió momentos de alta tensión a partir de las cinco de la tarde. La policía irrumpió con gases lacrimógenos y balas de goma para dispersar a un pequeño grupo de manifestantes que arrojaba piedras y proyectiles improvisados por encima del vallado que tapaba el frente del Congreso y detrás del que se apostaron cientos de policías. En ese momento comenzó el operativo de disolver la manifestación.

Medios locales informaron que alrededor de 300 personas fueron agredidas con gases lacrimógenos y balas de goma, 43 fueron detenidas y 70 demoradas. La ministra de Seguridad, Alejandra Monteoliva, desplegó un operativo de 800 efectivos e informó de cuatro agentes heridos. Su ex jefa Patricia Bullrich, en medio de la sesión en el Senado, escribió en sus redes sociales: “El único idioma que conocen es la violencia y las caras tapadas, porque con los votos no les alcanza. La excusa es la protesta; el objetivo, el desorden. Debatan y ‘ganen’ en el Congreso. En la calle, la ley y el orden se respetan”. La exministra será recordada por ser quien puso en marcha en cada protesta de jubilados de los miércoles el protocolo antipiquetes con el que enmarcó la represión a pensionados.

La manifestación, que terminó antes del anochecer, fue convocada por la mayor organización sindical del país, la Confederación Central del Trabajo (CGT), que no logró acompañar con una huelga general. La CGT sostuvo que “no es modernización: es ajuste sobre las y los trabajadores” y que se moviliza porque “el trabajo no se negocia, las jubilaciones se defienden y los derechos se conquistan y se defienden en la calle”. También participaron las dos vertientes de la Central de Trabajadores Argentinos (CTA).

Retroceso en derechos

El proyecto de reforma laboral del Ejecutivo de Milei, presentado como “modernización laboral”, es el caballito de batalla del mandatario tras su victoria en las elecciones legislativas de octubre pasado. La reforma fracciona vacaciones, elimina las horas extra, limita la huelga -al ampliar el listado de sectores considerados esenciales- y en caso de accidente o enfermedad ajenos al trabajo, estipula que el empleado recibirá el 50% de su salario básico durante tres meses si no tiene personas a cargo, y seis meses si las tiene.

Asimismo, la iniciativa cambia el cálculo de las indemnizaciones por despidos, que ya no contempla las vacaciones, el aguinaldo u otros conceptos que no sean de pago mensual habitual. El texto transfiere tres puntos porcentuales de los aportes patronales de la Seguridad Social a un Fondo de Asistencia Laboral (FAL) para financiar las indemnizaciones por despido.

Marisa Bolaña, profesora del área de ciencias de la educación en la Universidad Nacional de San Martín y miembro de la Internacional Antifascista, participa de la movilización y califica la reforma laboral ante elDiario.es de “nefasta y esclavista”. “Esta reforma mal llamada de modernización se asienta en una ideología fascista e incluye varios riesgos para los trabajadores y las trabajadoras, pero también para la educación, la salud y la información, porque deroga el estatuto del periodista. Este Gobierno dice que va a generar más empleo, pero el empleo se genera cuando hay desarrollo industrial, que es algo que Milei está destruyendo”.

En Argentina, uno de los países más sindicalizados de América latina y con una larga historia de lucha obrera, el nuevo proyecto supedita el alcance de los convenios colectivos nacionales por rama de actividad a los acuerdos establecidos dentro de cada empresa.

Delegada del Sindicato de Mecánicos y Afines del Transporte Automotor (SMATA), Fátima Maciel, trabaja en el sector de las autopartes y sostiene que “después de tantos años de lucha, de compañeros que nos antecedieron estamos a punto de perder derechos de los trabajadores. Tenemos un régimen de ocho horas de trabajo y lo quieren llevar a 12 horas. ¿Cuándo te van a dar el descanso? Que las vacaciones las podes negociar con tu empleador, o sea, ¿quién tiene la última palabra?. Es todo para el empresariado, nada que favorezca al trabajador”.

Adentro del Congreso, el clima en el peronismo, principal fuerza opositora, era de resignación, ya que el oficialismo iba a lograr la media sanción con los votos de La Libertad Avanza (LLA), partido de Milei, la Unión Cívica Radical y el PRO de Mauricio Macri -aliado habitual de LLA-, así como de fuerzas provinciales. Sólo el peronismo fue el bloque que alzó la voz para cuestionar la reforma.

El senador de Fuerza Patria por (la provincia) Río Negro, Martín Soria, expuso sus argumentos en la maratónica sesión y tildó a la reforma laboral como “un plan de despido masivo para las empresas” que afecta los “derechos esenciales de los trabajadores”. En esa línea el legislador opositor renombró al ministro de Desregulación, Federico Sturzenegger, llamándolo “Destruczenegger”, y lo definió como “la mano que mece la cuna en esta ley de precarización laboral”.

Ese sentimiento parecía indiferente en las calles, con la fuerte convocatoria de la CGT en Buenos Aires y provincias como Corrientes, Chaco, Jujuy y Catamarca.

Como parte de la marcha en la capital, el joven de 20 años que trabaja de guardavidas Sacha Fernández Díaz señala a elDiario.es: “Vengo de una familia de clase media trabajadora, todos docentes. Este gobierno divide a la clase trabajadora, haciéndole creer a una parte que tiene más de lo que necesita. Yo estoy acá para que el día de mañana mis hijos no sean explotados por ejemplo con 12 horas de trabajo por un mismo salario para el que hoy son ocho horas”.

Frente a todo intento de impedirlo, el reclamo quedó resonando en el aire como advertencia para la dirigencia política que continuó debatiendo hasta la madrugada, cuando una mayoría de 42 senadores votó a favor de la reforma laboral, frente a 30 que la rechazaron.

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