La primera ministra socialdemócrata gana las elecciones en Dinamarca pero los Moderados tendrán la llave de Gobierno
La primera ministra socialdemócrata, Mette Frederiksen, ha ganado las elecciones generales de este martes en Dinamarca con el 21,9% de los votos y se postula para repetir un tercer mandato. Con un recuento del 95,6%, este resultado en las urnas significa un castigo muy duro para los socialdemócratas, que han bajado 12 escaños en el parlamento y se quedarán con 38, unos resultados muy alejados de anteriores victorias electorales. Las votaciones también han pasado factura a las otras dos formaciones que integraban el gobierno de coalición de centroderecha, los liberales (10,2%) han perdido 5 escaños, mientras que los Moderados, con un 7,7% de los votos, han retrocedido 2 escaños.
Pero en contraste con la frialdad con la que los socialdemócratas han recibido los resultados electorales, la noche fue mucho más jubilosa en la sede de los Moderados. La formación liderada por el ministro de exteriores, Lars Løkke Rasmussen, tendrá un papel clave para otorgar una mayoría parlamentaria bien a los partidos del bloque progresista, bien a los del bloque conservador.
En total, las formaciones progresistas obtendrían ventaja, con 84 escaños en el Parlamento, mientras que las del bloque conservador ocuparían 77. En este escenario, los 14 escaños de los Moderados serán determinantes para alcanzar la mayoría de 90 diputados en un hemiciclo de 179.
Más allá de la pérdida sustancial de apoyos de los socialdemócratas, el otro partido que sale muy damnificado es el de los Liberales, que a punto ha estado de dejar de ser la principal fuerza conservadora en el hemiciclo en favor del partido Alianza Liberal, que ha conseguido el 9,4% de los votos.
Estos resultados indican que a los votantes de los Liberales poco les importó la confesión de su candidato Alex Vanopslagh de 34 años; este reconoció durante la campaña haber tomado cocaína “en una o dos ocasiones” en los últimos cuatro años, mientras era líder del partido. Si los partidos del bloque conservador consiguen ponerse de acuerdo y reciben el apoyo de los Moderados, el líder del partido liberal y ministro de defensa, Troels Lund Poulsen, aspira a convertirse en primer ministro a pesar de los malos resultados electorales.
Entre los partidos de la derecha del hemiciclo también destaca el impresionante auge del ultraderechista Partido Popular Danés (DF) que con el 9,1% de los votos ha conseguido triplicar los resultados respecto a los anteriores comicios y sube de 5 a 16 diputados. La formación ultra ha basado su campaña en las políticas antiinmigración, pero también en contra del encarecimiento de los costes de la vida y de la implementación de las energías renovables.
En el otro bloque, los partidos a la izquierda de los socialdemócratas en el hemiciclo todos han mejorado los resultados respecto a hace cuatro años. El Partido de Izquierda Verde ha logrado con el 11,5% de los votos una posición histórica como segunda fuerza más votada. Para conseguir un gobierno de izquierdas, la socialdemócrata Mette Frederiksen tendrá que ponerse de acuerdo con las formaciones progresistas, que chocan frontalmente con las políticas migratorias restrictivas que han llevado a cabo los socialistas. Otro tema que puede causar aristas en el bloque es la propuesta de los socialdemócratas para aplicar un impuesto a las grandes fortunas. La iniciativa choca de frente con los planteamientos del Partido Radical —que se hizo con el 5,8% de los sufragios—, una formación de corte progresista en políticas sociales, pero de línea liberal en materia económica.
Del euroescepticismo a necesitar a la UE
Los resultados dejan un parlamento muy fragmentado, con 12 partidos políticos, y a Mette Frederiksen un poco más cerca de conseguir un tercer mandato para los socialdemócratas, un objetivo que se veía muy lejano para su formación hace unos meses. Sin embargo, la primera ministra experimentó un repunte espectacular en las encuestas durante enero, coincidiendo con la peor crisis diplomática de la historia entre Dinamarca y Estados Unidos por Groenlandia.
Frederiksen ha sido la líder del partido socialdemócrata desde el año 2015 y, cuatro años más tarde, en 2019, se convirtió en la primera ministra más joven en la historia de Dinamarca, a los 41 años. Antes de eso, también fue ministra de Empleo (2011-2014) y de Justicia (2014-2015).
Como primera ministra, Frederiksen ha llevado a cabo una política de defensa del amplio Estado del bienestar que caracteriza al sistema del país nórdico, al mismo tiempo que ha impuesto una de las legislaciones más duras contra la inmigración, duramente criticada por las ONG y la ONU. Esta combinación le ha servido para evitar la subida de los partidos de ultraderecha en Dinamarca, aunque su retórica en contra de la llegada de solicitantes de asilo a menudo la ha acercado demasiado a los postulados ultraderechistas.
Inicialmente, Frederiksen fue considerada como una de las líderes más euroescépticas. Sin embargo, esta postura ha cambiado desde la invasión rusa de Ucrania y la creciente incertidumbre sobre las garantías de seguridad que ha planteado la vuelta del presidente Donald Trump a la Casa Blanca.
En los últimos años de su mandato, Dinamarca ha apoyado la cooperación entre países europeos en materia de seguridad, así como la adquisición conjunta de material de defensa. Del mismo modo, el país nórdico también se ha distanciado del grupo de países europeos fiscalmente conservadores, denominados “los cuatro frugales” (Austria, Países Bajos, Finlandia y Suecia), y la propia Frederiksen ha llegado a afirmar que la unidad europea “se había convertido en una necesidad de seguridad”.
Uno de los episodios que hicieron tambalear la continuidad de Frederiksen al frente del país nórdico se produjo durante la pandemia de Covid-19, cuando su Gobierno ordenó, en el año 2020, sacrificar a toda la población de visones de Dinamarca, de 17 millones de animales, por miedo a que pudieran contagiar el virus. Una investigación posterior concluyó que la medida carecía de fundamento legal y que el Gobierno de Frederiksen “engañó gravemente a la opinión pública”, aunque también se determinó que la primera ministra no era consciente de que se había extralimitado en sus funciones.
Este escándalo de los visones no ha sido un caso aislado en el mandato de Frederiksen, una figura que polariza a los daneses. La decisión de su Gobierno de abolir un día festivo en el calendario (Store Bededag, “Gran Día de Oración”) para financiar el aumento del gasto en defensa enfureció a los trabajadores y a Frederiksen la acusaron de dirigir el país con un estilo autoritario.
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