Día 37 en estado de alarma: sueños

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Desde que comenzó esta pandemia apocalyptica, que a nivel consciente aterra, lo cierto es que no me he perdido el sueño. Como diría el gran Paco Gandía "dormir, duermo como un niño chico...... cada 2 horas me despierto llorando".

Día 36 en estado de alarma: películas y series para el confinamiento

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No, lo cierto es que, en la medida de lo posible, siempre trato de aplicar la máxima del flemático Lord Carrington: "Si no tiene solución, para qué te preocupas, y si la tiene, para qué preocuparse".

O lo que, dicho con las palabras del maestro taoísta Ten Chao Min (no lo busquen porque me lo acabo de inventar), "vive cada día como si fuera el último de tu vida...... y un día acertarás". Así que, en lo que a mi fase REM se refiere, esta pandemia no me ha hecho tener pesadillas horribles ni malos sueños.

De pequeño, cuando jugaba a soñar con algún tipo de poder sobrenatural, siempre quise tener una máquina que se conectara a mi cabeza y, al día siguiente, poder ver mi sueño de la noche anterior en una televisión, como si fuera una película, porque nunca he conseguido despertarme y recordar un sueño de manera lineal, sin lo abrupto y lo enrevesado de un sueño.

Así que, puestos a soñar, prefiero soñar despierto y soñar que pasaremos este mal trago de alguna manera, que saldremos adelante y volveremos a abrazarnos, a llenar las calles, a disfrutar de un ascensor lleno de gente. Y recuerden: "que toda la vida es sueño y los sueños, sueños son" . Buenas noches. ¡Click! (La ventana de Luis)

Sueños lúcidos

¿Quién duerme estos días? Quiero decir, ¿quién duerme bien? Si has sido insomne la mayor la parte de tu vida, estas semanas tienes garantizadas más noches en blanco para llenarlas de pensamientos entre apocalípticos y reflexivos, nublados por el cansancio, que es como una droga para los noctámbulos.

Cierto es que, si te duermes, lo que te va a despertar bien entrada la madrugada no son esas peleas callejeras ni el vocerío de un regreso de borrachera. Pero sí unas luces parpadeantes que de repente se cuelan en la habitación como si hubiera desembarcado todo el espacio exterior en tu calle. Pero resulta que es el camión que barre y riega la calle. Una vez más, matando virus de noche, como si quisiera pillarlo dormido.

Entre lo que te dejan, se cuela a veces un sueño. De niña pensaba que lo que me pasaba era que controlaba mis sueños, porque cuando la cosa se ponía chunga, de repente me decía que no estaba ocurriendo, tomaba conciencia de que estaba dormida y por tanto podía hacer lo que quisiera. Volar, ser invisible, tirarme en los brazos del infinito… Luego leí en Internet que eso se llama sueños lúcidos. Sigo soñando igual. Pero lo que quiero son realidades lúcidas y no ésta que nos está tocando y que supera cualquier pesadilla. (La ventana de Olga)

Abierto hasta el amanecer

Pesadillas, insomnio… la cuarentena nos está dejando unos sueños la mar de apañaos. Amigos y amigas me cuentan que están teniendo unas pesadillas tremendas y que les amanece viendo pelis en Netflix.

A mí, por cierto, empiezan a faltarme dedos y saliva para recomendar mis top 5 de cuarentena en Netflix. Un variado compuesto por gamberradas como Project X y Supersalidos (que os viene al pelo), monadas como María Antonieta, thrillers de la tierra como Tu hijo o Cuando los ángeles duermen y Kiki, de bonus track cómico.

El caso es que yo debo de tener un montón de ganas de juerga, porque no sufro de insomnio ni de pesadillas. A mí lo que me pasa es que no paro de meter a gente en mi fase REM y todos los días me visita una estrella invitada. La última fue mi amiga Elena, que tiene un niñito de un año y yo, que soy un perro desalmado, me dedico a tocarle las narices por el grupo de WhatsApp de los amigos de la infancia.

Donde hay confianza, da asco. En el grupo hay una hermosa guerra latente entre los papis felizmente casados y el resto de los mortales. Si os digo la verdad ni me acuerdo de lo que soñé, pero sí que al día siguiente dejé de meterme con ella: debí de recibir una dura reprimenda de mi subconsciente.

Creo que le haré caso a mis ondas cerebrales y, al menos hasta el día 27, que pueda ella sacar al chiquillo a tomar aire fresco a la calle, la dejaré tranquilita. Yo también espero poder salir pronto a dar una vuelta por el barrio, porque por mis sueños ha pasado ya toda la familia, media pandilla y hasta algunos compañeros de curro. Como siga así, voy a terminar metiendo a gente desagradable y teniendo pesadillas. Menos mal que Netflix está abierto hasta el amanecer. (La ventana de Alejandro)

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Publicado el
20 de abril de 2020 - 22:42 h

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