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Triana: cante, identidad… y gentrificación

El documental Triana en el siglo XX. Historias de vida recoge las memorias de la mítica barriada sevillana a través de los testimonios de una veintena de sus vecinos y vecinas

Hubo un tiempo no muy lejano en el que el barrio de Triana (Sevilla) era el corazón del cante y el flamenco en Andalucía. Tabernas, talleres de artes y oficios tradicionales y grupos de niños salpicaban por doquier las calles del antiguo arrabal, dotándolo de una identidad única. Hasta que la especulación inmobiliaria se fijó en él. Ahora, un libro y un documental, Triana en el siglo XX. Historias de vida, recogen las memorias de la mítica barriada sevillana a través de los testimonios orales de una veintena de sus vecinos y vecinas.

Portada de Triana en el siglo XX. Historias de vida

Portada de Triana en el siglo XX. Historias de vida

La llegada de la Exposición Iberoamericana de 1929 a Sevilla trajo consigo un importante proceso de inmigración hacia el arrabal, donde se localizaban las fábricas de construcción para los pabellones de la Expo del 29. Fue entonces, según explica el historiador José Luis Ruiz Ortega en el documental, cuando las casas de vecinos crecieron y se densificaron, dando lugar a los corrales de vecinos.

Una familia cuece marisco en el patio de una casa de vecinos

Una familia cuece marisco en el patio de una casa de vecinos

Los relatos de los protagonistas de Triana en el siglo XX. Historias de vida dan fe de cómo familias enteras convivían en minúsculos pisos o en los tradicionales corrales de vecinos, y el cante estaba presente en cada calle, en cada taberna. El barrio, separado de la ciudad por un corte del río Guadalquivir, y dividido a su vez en dos zonas –la Cava de los Gitanos y la Cava de los Civiles– tenía “identidad de pueblo”, cuenta María Luisa Murillo (farmacéutica) en la cinta.

El trabajo ha sido realizado por la Asociación Vecinal de Triana Norte y un equipo de antropólogos locales, bajo la coordinación de la historiadora Gema Tocino Rentero. Se trata de un proyecto cocinado a fuego lento durante cinco años, de manera altruista y sin ningún tipo de ayuda o subvención, que ahora recurre al micromecenazgo para poder ver la luz. Para ello ha lanzado una campaña de crowdfunding que aspira arecaudar 5.000 euros antes del próximo 30 de marzo.

Acostumbra a decir el dibujante francés Jean-Jacques Sempé que no es que sus personajes sean minúsculos, sino que el mundo es demasiado grande. Inspirado en esta idea, el proyecto busca lo representativo de Triana en personas “corrientes”, al considerar que son ellas las verdaderas depositarias de su identidad. Así, la cinta recopila las historias de vida de taberneros, amas de casa, ceramistas o cigarreras de la Antigua Real Fábrica de Tabacos de Sevilla. Un variado conjunto de subjetividades a través del que acercar la historia a las nuevas generaciones que ahora habitan el barrio.

Cuna del cante y precedente de la gentrificación

Una identidad indisociablementeunida al cante y al flamenco. “Yo iba siempre cantando por la calle. Y fuerte, no bajito. A quien lo hacía bien, la gente le seguía por la calle para escucharlo”, recuerda Cristóbal Romero (frutero) en la película.El antropólogo Juan Sánchez-Lafuente explica a eldiario.es/andalucía que “este cante no tenía pretensiones profesionales, sino que era un fenómeno totalmente improvisado, sentido e identitario”.

La Triana del arrabal estaba llena de personajes conocidos –que no famosos–. Otro de los entrevistados, Manuel Pérez Vera, “Peraíta”, rememora algunos de estos nombres: María “la Burra”, Manolito Rico, Carmen Florido, Rafael Zapatero, “El Gringo”, Mikaela Rodríguez Cuesta. Muchos de estos artistas innatos eran gitanos. Sánchez-Lafuente puntualiza que “el gitano trianero había llegado allí en el siglo XVIII y estaba totalmente integrado. Gitanos y gachó –como se denomina a los no gitanos en Triana– convivían perfectamente, incluso se casaban entre ellos”.

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Y así transcurría la vida en la Triana del arrabal…hasta los años 60. A partir de entonces, los especuladores urbanísticos comenzaron a ver en aquella barriada del extrarradio sevillano “un gran y suculento negocio inmobiliario”, según recoge la introducción del libro. Su proximidad al centro de la ciudad y su conexión con él gracias a la construcción del puente de San Telmo la convirtieron en el escenario idóneo en que edificar nuevas viviendas destinadas a “otra clase social con mayor poder adquisitivo”, explica el texto.

Triana desahuciada

Durante esa década y la siguiente se produjo la fase más fuerte de expansión urbanística. Los vecinos –gitanos y no gitanos– fueron expulsados de sus hogares. Familias enteras fueron reubicadas en zonas marginales del extrarradio de la ciudad. Barriadas periféricas como el Polígono de San Pablo, Los Merinales, e incluso poblados o “refugios” como el de Luca de Tena, fueron algunos de estos destinos forzosos.

“Aquella gente sencilla y trabajadora estuvo sometida a intereses ajenos que cambiaron sus destinos sin tener ninguna participación en ello. Habían pasado su vida habitando y disfrutando el barrio, y al final tuvieron que abandonarlo, con mucho dolor y perdiéndolo todo”, concluye Sánchez-Lafuente.

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