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¿Cómo aumentar la conciencia ambiental de los ciudadanos?

Cientos de bidones de plástico de combustible

Cientos de bidones de plástico de combustible.

El Día Mundial del Medio Ambiente es una buena ocasión para plantear cómo aumentar la conciencia ambiental de los ciudadanos. Para responder a esta cuestión tenemos ya suficiente información de cualificados estudios que nos indican varias cosas. La primera es que los problemas ambientales no son todos iguales y que su percepción e impacto en la vida de los ciudadanos varían según sean problemas macroecológicos (cambio climático, agujero de la capa de ozono, pérdida de biodiversidad…) o miocroecológicos (sequía, incendios forestales, contaminación, falta de zonas verdes en las ciudades, polución…). Es verdad que unos y otros están relacionados, pero el ciudadano los suele percibir de forma separada.

Estos trabajos nos dicen también que es necesario distinguir entre los problemas del medio ambiente “verde” (naturaleza, medio rural, agricultura), “gris” (ciudades y medio urbano) y “marrón” (industria), que, si bien son problemas interrelacionados, responden a lógicas distintas que conviene separar a efectos de analizarlos desde la perspectiva de la conciencia ambiental.

Lo tercero que nos indican es que la conciencia ambiental es el resultado conjunto de varias dimensiones: afectiva (preocupación), cognitiva (conocimiento) y conductual (comportamiento). Y nos dicen que, sobre cada una de esas dimensiones, pueden actuar las políticas públicas con medidas sancionadoras, sensibilizadoras o incentivadoras.

La conciencia ambiental puede aumentar por la vía de campañas de sensibilización organizadas por los poderes públicos en colaboración con las organizaciones de la sociedad civil (plataformas ciudadanas, asociaciones profesionales, movimientos ecologistas…). Estas campañas son útiles para mejorar el conocimiento de los ciudadanos y sensibilizarlos sobre la importancia de preocuparse por el medio ambiente.

Pero en muchas ocasiones son insuficientes para modificar el comportamiento, siendo entonces necesarias medidas punitivas que obliguen a los ciudadanos a modificar su comportamiento por miedo a ser sancionados (vertidos, recogida selectiva de residuos sólidos urbanos…) o medidas incentivadoras sobre la base de obtener alguna recompensa (pensemos en la instalación de paneles solares en los edificios o en la introducción de prácticas agrícolas sostenibles…).

En definitiva, para seguir avanzando en la conciencia ambiental de los ciudadanos, es necesaria la complicidad entre ciudadanía y poderes públicos. Pero es igualmente necesario que las campañas de sensibilización se hagan de manera diferenciada según el tipo de problema ambiental de que se trate, y según también el público objetivo al que vayan dirigidas.

No es lo mismo educar en temas ambientales a niños en edad escolar, que a jóvenes adultos o a mayores. Tampoco es igual sensibilizar sobre el ahorro de agua en el hogar, que hacerlo sobre el consumo en la agricultura o la industria. Como también es diferente concienciar a la población sobre los problemas del cambio climático o hacerlo sobre la contaminación atmosférica, los incendios forestales, el deterioro de los espacios naturales o la extinción de especies y la pérdida de la biodiversidad. Cada problema requiere un tipo de acción, y cada público exige un lenguaje diferente de comunicación.

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