Un hallazgo excepcional: Teruel descubre el primer Diplodocus hallado fuera de Norteamérica
Teruel ha vuelto a situarse en el mapa mundial de la paleontología con un hallazgo excepcional. Investigadores de la Fundación Conjunto Paleontológico de Teruel-Dinópolis han identificado en El Castellar el primer Diplodocus confirmado fuera de Norteamérica, un descubrimiento que amplía por primera vez la distribución conocida de uno de los dinosaurios más emblemáticos del planeta.
El estudio, publicado en la revista científica Journal of Vertebrate Paleontology, demuestra que este gigantesco saurópodo, hasta ahora conocido exclusivamente por fósiles procedentes del oeste de Estados Unidos, también habitó la actual península ibérica hace aproximadamente 150 millones de años, a finales del Jurásico.
Los restos proceden del yacimiento de La Tejería, en El Castellar (Teruel), donde el equipo de la Fundación Dinópolis recuperó a lo largo de diferentes campañas 14 vértebras de la cola excepcionalmente bien conservadas y varios cheurones, unos huesos situados en la parte inferior de las vértebras caudales.
Su estudio ha permitido identificar una combinación de características anatómicas propias del género Diplodocus. Hasta este trabajo, todos los ejemplares confirmados de este dinosaurio procedían de la Formación Morrison, una extensa unidad geológica del oeste de Estados Unidos que ha proporcionado algunos de los yacimientos de dinosaurios más importantes del mundo.
“Estamos encantados con este descubrimiento. Fue un proceso emocionante y continuo, en el que vimos cómo las piezas del puzle iban encajando poco a poco”, explica Sergio Sánchez Fenollosa, investigador de la Fundación Dinópolis y autor principal del estudio.
Las primeras pistas surgieron durante el análisis de los fósiles. Los paleontólogos detectaron inicialmente importantes semejanzas con diferentes saurópodos diplodocinos, pero el examen detallado de las vértebras fue estrechando progresivamente la identificación.
“A medida que examinábamos la anatomía con mayor detalle, comenzamos a identificar una combinación de características propias de las especies de Diplodocus. Después, al realizar diferentes análisis evolutivos, todos seguían apuntando en la misma dirección. Con cada nuevo resultado, la imagen se hacía más clara: estábamos ante un Diplodocus”, señala Sánchez Fenollosa.
Un gigante entre gigantes
El animal descubierto en Teruel alcanzaría unas dimensiones similares a las de los ejemplares norteamericanos. El director gerente de la Fundación Dinópolis y coautor del estudio, Alberto Cobos, estima que el Diplodocus de El Castellar medía aproximadamente 25 metros de longitud.
Se incorpora así a la extraordinaria colección de saurópodos gigantes documentados en el Jurásico turolense, aunque con características muy diferentes a las de otros dinosaurios encontrados en la provincia, como Turiasaurus y Losillasaurus.
“Los fósiles de todos estos dinosaurios, incluidos los del nuevo ejemplar de Diplodocus, convierten a Teruel en un lugar de referencia para comprender esta gran diversidad”, destaca Cobos.
La excepcional conservación de los restos ha sido determinante para su identificación. Entre otros rasgos, los investigadores han encontrado grandes cavidades neumáticas en las vértebras, profundos surcos longitudinales en su parte inferior, centros vertebrales alargados y unos característicos cheurones bifurcados.
Estas evidencias anatómicas se han contrastado mediante diferentes análisis filogenéticos, entre ellos métodos de máxima parsimonia e inferencia bayesiana. Los resultados sitúan al ejemplar dentro del género Diplodocus y como un pariente próximo de Diplodocus hallorum.
Una conexión entre Europa y Norteamérica
Pero la importancia del descubrimiento va más allá de añadir Teruel al mapa mundial de Diplodocus. Su presencia en la península ibérica proporciona una de las evidencias paleontológicas más sólidas de que durante el Jurásico Superior se produjeron episodios de dispersión e intercambio de fauna entre Norteamérica y Europa.
Los investigadores consideran que estos animales pudieron desplazarse entre ambos territorios aprovechando conexiones terrestres temporales surgidas durante fases de descenso del nivel del mar en el proto-Atlántico Norte.
El hallazgo permite así reconstruir con mayor precisión un mundo de hace 150 millones de años en el que las poblaciones de dinosaurios podían desplazarse entre masas continentales que hasta ahora se consideraban mucho más separadas desde el punto de vista de su fauna.
El propio Sánchez Fenollosa considera que el resultado de la excavación constituye “una de las evidencias paleontológicas más sólidas de episodios de dispersión e intercambio faunístico entre los dos continentes a través del océano protoatlántico durante el Jurásico Superior”.
Los fósiles que han permitido identificar al primer Diplodocus confirmado fuera de Norteamérica pueden contemplarse actualmente en la sala de dinosaurios del Museo Aragonés de Paleontología de Dinópolis, en Teruel, donde permanecen además disponibles para futuras investigaciones.
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