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¿Es posible un pacto?

Pedro Sánchez recibe a Pablo Casado en Moncloa.

Tras cuatro semanas de aislamiento, afortunadamente la cosa parece que mejora. Al menos la velocidad de propagación de la epidemia y el incremento del número de fallecimientos va descendiendo, aunque estos siempre son demasiados. El caso es que, ya sea porque vemos que se acerca el fin de la cuarentena, o porque psicológicamente lo necesitamos -aunque todavía nos quedan, al menos, dos semanas más de confinamiento-, empezamos a pensar en el día siguiente. Desde el Gobierno se están empezando a diseñar distintos escenarios y Pedro Sánchez, el jueves día 9, en el Parlamento, anunció que la semana próxima convocaría a las organizaciones políticas y sociales para empezar a hablar de una posible reedición de los Pactos de la Moncloa.

¿Son necesarios unos nuevos Pactos? Yo creo que sí, aunque no haría referencia a los de la Moncloa por evitar prejuicios. Todavía no sabemos cómo nos vamos a quedar después de este tremendo tsunami vírico, pero de lo que no hay duda es que la crisis económica y la crisis social serán de una magnitud considerable. La recuperación no será instantánea, será un proceso costoso, tanto en tiempo como en dinero. Habrá que rehacer muchas cosas y habrá que hacerlo teniendo en cuenta las enseñanzas que la pandemia ha dejado en relación con el funcionamiento de la sanidad, la salud pública, los sistemas de protección social, las residencias de ancianos, la coordinación de las administraciones, qué hacemos con el turismo…

Para este proceso, que debe poner en cuestión algunas premisas mantenidas hasta ahora, y que va a suponer un importante gasto económico, sería deseable que hubiese un acuerdo, político y social, sobre qué cambiamos, a qué ritmos se deben hacer los cambios y cómo se distribuye el coste de la salida de la crisis. Un programa de futuro que nos diese cierta estabilidad, unas reformas sobre las que la ciudadanía tuviese la garantía de que no serían deshechas en el próximo cambio de Gobierno.

Con Vox es imposible contar, es una organización de extrema derecha que tomando como modelo a la Hungría de Viktor Orbán -el cual aprovecha el coronavirus para dar otra vuelta de tuerca en su deriva autoritaria decretando el toque de queda- presenta en el Congreso unas propuestas que no caben en la Constitución. Su único objetivo es derribar al Gobierno.

Lo malo es que el PP parece seguir la estela de Vox -aunque tampoco es de extrañar, pues gobiernan con el apoyo del partido de Abascal en tres Comunidades Autónomas y comparten con Orbán grupo parlamentario europeo-, lo que se vio en la sesión parlamentaria del día 9 dejó poco margen para la esperanza. Pablo Casado dijo que la intervención de Adriana Lastra, portavoz del grupo socialista, había roto todos los puentes pero, ¿había alguno? De haberlos, escasos y débiles.

Desde el comienzo de la legislatura, el PP ha hecho una oposición durísima al Gobierno y esta tónica no ha cambiado con la pandemia, desde el comienzo acusó Sánchez de todo tipo de errores y maldades. Claro que se puede y se debe criticar al Gobierno pero, al menos en una situación de crisis como la actual, la crítica debe centrarse en las cuestiones importantes y aportar soluciones. Acusar a Sánchez de ocultar el número de muertos por coronavirus -ya están los populares manipulando los sentimientos, utilizando a los muertos- o de falta de previsión son ejemplos de la estrategia del PP: ni son responsabilidad del Ejecutivo ni aportan nada para mejorar el trabajo contra la COVID-19.

Cuando se empezó a hablar de la posibilidad de un pacto, el líder del PP dijo que no se fiaba, que era solo un señuelo y que, en todo caso, antes de empezar a hablar, debería garantizarse el mantenimiento de la reforma laboral de Rajoy. Todo trabas para no comprometerse porque, si algo hemos aprendido de esta experiencia es que, en los momentos difíciles, la fortaleza del Estado del Bienestar y la solidez de las estructuras públicas son las únicas garantías que tenemos. Y ni la una ni la otra son compatibles con su ideología.

Además, de la crisis saldremos todos más pobres y dejar al Gobierno solo, gestionando la pobreza, permitirá a Casado hacerle responsable de los ajustes económicos que se tengan que hacer. Todo un ejemplo de política de Estado.

Aunque por otras razones, no veo a los independentistas corresponsabilizándose de la gestión postcrisis. Algunos se apuntarán al “cuanto peor, mejor”, aunque el daño también les alcance y otros se quedarán al margen, no sea cosa que sus 'hooligans' les acusen de fortalecer al Estado opresor.

A pesar de todo, de que el gran pacto político es casi imposible, el Ejecutivo tiene que avanzar por ese camino, llamar a dirigentes políticos y sociales y presentar unas bases y un plan de trabajo para el acuerdo. Hay que salir de esta con el mayor grado de unidad posible. Y después, que cada cual asuma sus responsabilidades y que la ciudadanía se lo recuerde en las urnas.

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12 de abril de 2020 - 22:16 h

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