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Otra polémica del escolta zaragozano de Víctor Aldama: del veto en las Cortes al privilegio prohibido en el Pilar

El empresario Víctor de Aldama sale del Tribunal Supremo (TS) . EFE/Javier Lizon

Esther L. Chamorro

14 de abril de 2026 12:14 h

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El nombre de Diego Miranda ha vuelto a sacudir la actualidad aragonesa, trazando un polémico hilo invisible entre el palacio de la Aljafería y la basílica del Pilar. Quien fuera el fallido jefe de Protocolo de la presidenta de las Cortes, Marta Fernández (Vox) —un nombramiento fulminado en 2023 tras descubrirse su radical historial en redes sociales— ha reaparecido ahora como “escolta” y confidente de Víctor de Aldama, empresario y figura central en la investigación del caso Koldo, a quien además ha expresado su apoyo “en su cruzada” contra el crimen organizado.

Su implicación en la visita privada y prohibida del empresario al templo zaragozano, difundida por él mismo en un post que ya investiga el Cabildo, revive los fantasmas de un gabinete marcado por el borrado de huellas digitales y el acceso privilegiado al poder.

La última polémica estalló este lunes, 13 de abril de 2026, cuando el diario 'Heraldo de Aragón' reveló que Víctor de Aldama logró acceder al templo pilarista en un horario en el que permanece estrictamente cerrado al público. Según las investigaciones en curso, el empresario y un acompañante —identificado como Diego Miranda— disfrutaron de una visita exclusiva que incluyó el acceso al coro, la sillería y una audición privada del órgano del Pilar.

El Cabildo Metropolitano ha abierto una investigación interna ante lo que califican de “funcionamiento anómalo”. La entrada se produjo presuntamente con la complicidad de un empleado y sin autorización de los responsables del templo. Lo que para muchos es una falta de respeto a las normas de la Basílica, para Miranda fue motivo de orgullo y fue él mismo quien, a través de sus redes sociales (bajo la cuenta @Diego50004Spain), difundió el vídeo de la visita antes de que fuera borrado ante el revuelo generado.

Sin embargo, hoy ha vuelto a publicar en su perfil de X, que “la prensa aragonesa y algún que otro medio vuelven a publicar que el empresario Víctor de Aldama accedió a la basílica de Ntra Sra del Pilar cuando el templo estaba cerrado, y lo hacen por malicia y estupidez”.

En un largo post, con varias faltas de ortografía, justifica con 6 argumentos la visita que en el templo donde: “1-Hay cámaras y CCTV; 2- Fuimos un grupo de cuatro adultos y dos niñas a las 19:10 a oír misa de 20h; 3- Se dio la posibilidad de escuchar el oficio desde la posición del órgano; 4- Terminada la misa de forma improvisada nos saludó el sacerdote; 5- Las niñas fueron al baño; 6- Al entrar al templo este estaba ”compartimentado“ y al finalizar la misa etc, siendo las 21h aprox. se nos invitó a pasar a ver a la Virgen Ntra. Sra. del Pilar, una grata sorpresa que lo fue más al encontrarla durmiendo y que se nos mostrase, nada de esto organizado, solicitado y todo casual y no, no por parte del organista”.

Y termina: “A las 21:18 estábamos ”picando algo“ en el Cuartelillo del Caimán. Por lo tanto, los medios que publiquen sin contrastar esta información y de manera mal intencionada que se atengan a las consecuencias legales”.

Un gabinete de confianza bajo sospecha

La reaparición de Diego Miranda junto a un personaje tan controvertido como Aldama no ha pasado desapercibida para quienes recuerdan su accidentado paso por las instituciones aragonesas. En noviembre de 2023, la entonces presidenta de las Cortes, Marta Fernández (Vox), intentó situarlo como máximo responsable del protocolo parlamentario.

Desde que Marta Fernández (Vox) asumiera la presidencia de las Cortes de Aragón en junio de ese año hasta la convocatoria adelantada de elecciones en 2025, su gabinete fue un constante foco de incendio político. El último —y quizás más sonoro—fue el fichaje frustrado de Diego Miranda. Lo que debía ser un nombramiento técnico para coordinar el protocolo de la cámara se convirtió en un escándalo nacional cuando salieron a la luz los mensajes que Miranda, en un intento desesperado, trató de ocultar eliminando sus perfiles digitales.

El pasado en la red social X (antes Twitter) de Diego Miranda, afín a la formación de extrema derecha, fue la causa que dinamitó cualquier posibilidad de consenso. A pesar de haber borrado sus cuentas semanas antes, la hemeroteca digital rescató mensajes de marcado carácter xenófobo, homófobo y machista.

Las redes sociales Miranda estaban plagadas de continuos ataques a los inmigrantes asociándolos con delincuencia, violaciones o llegando a compartir publicaciones que hablan de ellos con el calificativo de “chusma que no come carne”. Ataques que se repiten hacia el colectivo LGTBI al que denomina como “tarados que no van a hacer nada con sus vidas” o al feminista al que tacha de “gilis”.

Miranda también considera que la violencia de género “se ha convertido en el modus vivendi de jetas, sinvergüenzas y mucho cara dura” o muestra su rechazo hacia la condena judicial por la violación grupal de la mandada que cree que ha estado condicionada por la “presión feminista” porque se han producido “muchas otras manadas de otros perfiles y países de origen y se han ido de rositas”.

También sus redes sociales están plagadas de ataques e insultos al Partido Socialista, el presidente del Gobierno de España o cargos socialistas.

La presión de la oposición, liderada por un PSOE que calificó el perfil de “indigno” para una institución democrática, y la incomodidad de sus socios de Gobierno (PP), obligaron a Fernández a dar marcha atrás. Miranda, que había llegado a calificar a la propia presidenta como una “gran dama” en un tono de adulación personalista, vio cómo su nombramiento se evaporaba antes de que el Boletín Oficial de las Cortes pudiera ratificarlo.

Los equipos de la expresidenta de las Cortes

Este revés no fue un hecho aislado para la Presidencia de las Cortes. Se sumaba a la polémica contratación de David Aladrén, un guardia civil que pasó a formar parte del equipo de máxima confianza de Fernández. Aladrén, cuya presencia en las instituciones fue interpretada por la oposición como un intento de “militarizar” o “blindar” el entorno de Fernández, también se vio envuelto en el debate sobre la neutralidad de los asesores técnicos en una cámara que representa a todas las sensibilidades políticas de Aragón.

La sombra de la sospecha sobre los equipos de Fernández nació, paradójicamente, de su propia mano. Horas antes de recibir el bastón de mando de la Aljafería, la presidenta eliminó sus perfiles en Twitter e Instagram, donde durante años había vertido mensajes negacionistas del cambio climático y de las vacunas, además de ataques frontales a instituciones como el Papado o el Gobierno central.

Aquel “apagón digital” sentó el precedente de lo que fue una constante en su mandato, con borrado de historial, intentos sistemáticos de ocultar declaraciones radicales previas y rotación de personal. Una inestabilidad persistente en su equipo de asesores y casi total hermetismo, ya que siempre mantuvo una relación tensa con los medios de comunicación para evitar dar explicaciones sobre dicho pasado.

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