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Los 13.500 kilómetros que frenarían incendios en Aragón, olvidados entre maleza y burocracia

La cuesta de las Canales en Cinco Villas

María Bosque Senero

Ejea de los Caballeros (Zaragoza) —
13 de agosto de 2026 22:07 h

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Cada primavera, cuando la nieve comenzaba a retirarse del Pirineo, miles de ovejas emprendían un viaje que llevaba siglos repitiéndose. Durante días recorrían decenas de kilómetros por las cabañeras aragonesas, acompañadas por los pastores y sus perros, hasta alcanzar los pastos de montaña. Allí pasarían el verano. En otoño, el camino se hacía a la inversa. Aquellos desplazamientos no solo alimentaban al ganado; también modelaban el paisaje, mantenían abiertos los montes y conectaban pueblos separados por cientos de kilómetros. Hoy, en muchos de aquellos caminos, el silencio ha robado el protagonismo al característico sonido de los cencerros.

La reciente petición de Ecologistas en Acción para que el Gobierno central apruebe la Red Nacional de Vías Pecuarias vuelve a poner el foco sobre un patrimonio que en Aragón tiene una dimensión extraordinaria: casi 13.500 kilómetros de vías pecuarias identificadas, de las que unas 11.000 ya han sido clasificadas, lo que supone cerca de 47.000 hectáreas de dominio público.

Sin embargo, la red sigue lejos de estar plenamente protegida. Según los datos oficiales del Gobierno de Aragón recopilados en el diagnóstico del Plan Forestal y actualizados por la Red PAC, poco más de la mitad de los municipios aragoneses cuentan con el proyecto de clasificación aprobado, o lo que es lo mismo: Alrededor del 43% de los municipios siguen sin completar la clasificación.

Las cabañeras de Aragón frenadas por la administración

Aragón posee una red de vías pecuarias comparable a las grandes comunidades trashumantes como Castilla y León o Extremadura. Sin embargo, mientras estas han avanzado durante las últimas décadas, Aragón mantiene todavía importantes diferencias entre provincias. Huesca supera el 80% de municipios con las vías clasificadas, Zaragoza ronda el 45% y Teruel apenas alcanza el 30% —a pesar de ser la que más ha avanzado en los últimos años—. Estos datos demuestran que el reto no es la falta de patrimonio, sino completar su protección y gestión.

Cabañera real de Javalambre

Sin clasificación no puede haber deslinde, sin deslinde resulta mucho más difícil recuperar los caminos y sin caminos continuos la trashumancia pierde viabilidad. Todo esto dificulta conocer con precisión el trazado de muchas cabañeras y protegerlas frente a ocupaciones o alteraciones.

Pero no se trata solo de un trámite administrativo, el problema va más allá, porque cuando desaparece una vía pecuaria no solo se pierde un camino; también se debilita una herramienta para prevenir incendios, se dificulta la trashumancia y se pone un obstáculo más a la ganadería extensiva, una forma de vida que lleva décadas luchando por sobrevivir.

Una red con potencial eclipsada por la falta de gestión

Teniendo en cuenta los datos Aragón no parte de una mala situación por falta de patrimonio, y todavía tiene margen para reforzar su protección y gestión. Andalucía lleva casi tres décadas ejecutando planes específicos de clasificación, deslinde, restauración y señalización. Navarra, comunidad foral con la que Aragón comparte algunas de las cabañeras históricas más importantes, como la Cañada Real de los Roncaleses, que atraviesa las Cinco Villas, es un buen espejo en el que mirarse. La diferencia entre ambas no radica tanto en la extensión de la red como en la estrategia de gestión. Navarra ha entendido las cañadas como un patrimonio natural y cultural que sigue teniendo utilidad en el siglo XXI: facilitan la trashumancia, actúan como corredores ecológicos y forman parte de la identidad del territorio.

Por su parte, Aragón posee un patrimonio mucho mayor, pero todavía tiene el desafío de convertir sus cabañeras en una auténtica infraestructura verde al servicio de la ganadería extensiva, la biodiversidad y la prevención de incendios. La comunidad aragonesa ha avanzado de forma irregular y dependiente de los recursos disponibles en cada momento.

Una cabañera en la provincia de Huesca

El resultado es que Navarra ha demostrado que las vías pecuarias pueden seguir siendo una infraestructura útil en el momento actual, pero Aragón no necesita construir esa red: ya la tiene. El desafío ahora consiste en recuperar, proteger y volver a llenar de vida los miles de kilómetros cuya protección jurídica todavía no está completamente garantizada.

Tres décadas de retraso

Ecologistas en Acción, la Plataforma Ibérica por los Caminos Públicos, la Federación Española de Deportes de Montaña y Escalada y numerosas asociaciones ambientales y senderistas de toda España han reclamado al Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico la aprobación definitiva del Real Decreto que desarrolla la Red Nacional de Vías Pecuarias, cuyo proyecto fue sometido por primera vez a información pública en 2023.

“Sin embargo, más de treinta años después de la aprobación de la ley, aún no ha sido desarrollada, pese a su importancia para garantizar el mantenimiento de la trashumancia y por sus valores ambientales, deportivos y sociales”, explican desde Ecologistas en acción. Además, recuerdan que la declaración de la trashumancia como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad “resulta difícilmente efectiva sin una red de vías pecuarias protegida y plenamente operativa”.

Sin cabañeras no hay trashumancia

Mucho antes de que existieran las carreteras, las cabañeras conectaban los pastos del Pirineo con las tierras bajas del valle del Ebro y las sierras turolenses. Gracias a estas sendas, los rebaños podían desplazarse siguiendo el ritmo de las estaciones, aprovechando los recursos naturales sin sobreexplotarlos.

Hoy muchas de esas rutas siguen existiendo sobre el papel, pero numerosos tramos permanecen invadidos, interrumpidos o sin uso ganadero. El efecto inmediato es que esta forma de ganadería está “en retroceso”. Al deterioro de muchas vías pecuarias se suman el envejecimiento del sector primario y la falta de relevo generacional. Una ecuación cuyo resultado se traduce en: dificultad para llevar a cabo en el contexto actual una práctica que la UNESCO reconoce como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.

Pero la pérdida de las cabañeras no solo afecta a los pastores ni al sector ganadero. También supone más vegetación acumulada, mayor riesgo de incendios y un territorio cada vez más despoblado de familias y pueblos vivos. Recuperar estos caminos es proteger un patrimonio histórico, pero también apoyar un modelo de ganadería extensiva que contribuye a conservar la biodiversidad, mantener el paisaje y fijar población en el medio rural.

Matar al fuego reviviendo al ganado

Cada verano, cuando las altas temperaturas convierten los montes aragoneses en un polvorín, el debate suele centrarse en los medios de extinción. Mientras unas voces dicen que “se necesitan más bomberos”. Otras responden: “No, se necesitan más helicópteros”. Sin embargo, los expertos recuerdan que la mejor forma de combatir los grandes incendios es evitar que el monte acumule combustible: prevención.

En esa tarea, los rebaños desempeñan un papel fundamental. Porque cuando un rebaño atraviesa una cabañera no solo se desplaza. Los animales hacen un trabajo silencioso, constante y gratuito desde hace siglos. A su paso por los caminos consumen hierbas, arbustos y vegetación que, semanas después, podría alimentar un incendio. Este aprovechamiento natural, conocido como pastoreo preventivo, reduce la biomasa, mantiene el paisaje en mosaico y dificulta la propagación del fuego.

Las vías pecuarias permiten precisamente ese movimiento del ganado entre diferentes zonas de pasto. Sin estos corredores públicos, la ganadería extensiva pierde movilidad y el territorio una de sus herramientas más eficaces y sostenibles para prevenir incendios. En un contexto de cambio climático y de veranos cada vez más extremos, recuperar las cabañeras es también una forma de invertir en prevención.

Qué dice el Gobierno de Aragón

El Gobierno de Aragón defiende que, aunque la clasificación de alrededor de 300 términos municipales continúa pendiente y constituye uno de los principales retos para la protección efectiva de la red, en los últimos tres años se ha producido un cambio.

Según explica la Consejería de Medio Ambiente, desde 2024 el Gobierno de Aragón ha comenzado a aplicar “por primera vez en la comunidad autónoma” el principio establecido en la legislación estatal y autonómica de que los ingresos obtenidos por autorizaciones, ocupaciones, aprovechamientos, sanciones y otras actuaciones relacionadas con las vías pecuarias deben destinarse a su conservación, vigilancia y mejora.

Este cambio se materializó con la creación del fondo de mejoras de vías pecuarias, identificado como fondo financiador 72030, en la Ley de Presupuestos de la Comunidad Autónoma para 2024. A través de este mecanismo se destinaron 502.881,49 euros a la mejora de las vías pecuarias durante 2024. Debido a la prórroga presupuestaria, esa misma cantidad se ha mantenido en 2025 y se está destinando también durante 2026.

Cabañera sin mantenimiento

Las actuaciones llevadas a cabo desde entonces; centradas en desbroces, mejoras de pastizales y de los firmes de caminos que discurren por el interior de las vías pecuarias, así como la construcción y reparación de refugios y apriscos, se han desarrollado en diferentes puntos de Aragón, aunque con especial intensidad en la provincia de Zaragoza. Además, el ejecutivo recuerda que también se han ejecutado actuaciones para construir y mejorar balsas y abrevaderos destinados al ganado.

Pero el avance, apuntan desde Ecologistas en Acción, “continúa siento insuficiente” comparado con el trabajo que están llevando a cabo comunidades autónomas como Andalucía o la vecina Comunidad Foral de Navarra.

Por el momento, desde agosto de 2023, hasta agosto de 2026, se ha aprobado la clasificación de las vías pecuarias existentes en siete términos municipales, y está en trámite la de dos más, tal y como apuntan fuentes de la consejería que no se pronuncia sobre el tiempo que llevará completar la clasificación de los términos municipales que todavía carecen de ella, avanzar posteriormente en la delimitación y recuperación de los trazados y conseguir que una red de casi 13.500 kilómetros pueda funcionar de manera efectiva como infraestructura para la ganadería extensiva, como corredor ecológico y como herramienta de prevención frente a los incendios.

Porque las cabañeras aragonesas no han desaparecido. El desafío es conseguir que vuelvan a estar plenamente reconocidas, protegidas y utilizadas.

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