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El crecimiento de la agroindustria desata una ‘guerra del agua’ en el Moncayo

La CHE estudia declarar “zona sensible” el pantano de El Val, en Los Fayos

Eduardo Bayona

Zaragoza —

Suenan tambores de 'guerra del agua' en el Moncayo, donde la propuesta del Gobierno de Navarra de reclamar un aumento de suministro de agua de río Queiles para cubrir la creciente demanda de la industria agroalimentaria de la Ribera ha provocado una movilización popular con la firma de alegaciones para oponerse al proyecto.

La iniciativa del Gobierno foral ha reabierto unas heridas que llevan 80 años supurando, desde la constitución de la Mancomunidad de Aguas del Moncayo en abril de 1939, y que en la posguerra dieron lugar a enfrentamientos de los vecinos de la zona aragonesa, especialmente de Tarazona, para tratar de impedir la transferencia de recursos, que beneficiaba a varias poblaciones de Navarra y de La Rioja mientras el área cedente seguía sufriendo la carencia de recursos hídricos.

También hubo choques institucionales, como cuando en 1995 el Ayuntamiento de Tarazona paralizó las obras con las que la Mancomunidad pretendía aumentar la capacidad de su sistema de conducción coincidiendo con una renovación de las tuberías.

El plazo para presentar alegaciones al Plan Director del Ciclo Integral del Agua Urbana de Navarra finaliza el próximo 27 de febrero. No obstante, el aumento de los caudales requiere el permiso previo de la Confederación Hidrográfica del Ebro (CHE).

Un pantano sin uso en un río seco e irregular

El Queiles es uno de los ríos con menor, y al mismo tiempo más irregular, aportación pluviométrica de la cuenca del Ebro, ya que la media no alcanza los 480 litros por metro cuadrado al cabo del año. Y las previsiones de cambio climático apuntan a una reducción del 9 % de esos recursos.

Los volúmenes de agua sobre los que trabaja el Gobierno de Navarra son reducidos, ya que el aumento del abastecimiento añadiría 800.000 metros cúbicos por segundo a los 2,3 millones que la Ribera recibe ahora del Moncayo. Sin embargo, su origen, en el embalse de El Val, en los Fayos, provoca suspicacias: no ha llegado a entrar en servicio una década después de estar terminado porque los costes de su explotación resultan inasumibles para los agricultores de la zona.

La CHE, por otra parte, se plantea declararlo “zona sensible” por el deterioro que la intensa actividad agrícola y ganadera, y también el vertido de las depuradoras, provocan en sus aguas, que soportan una presencia “excesiva” de fósforo.

Sin embargo, el Gobierno foral se ha fijado en sus aguas, deterioradas por su escasa renovación ante la falta de uso, para reforzar el suministro que llega a la Ribera por el Canal de Navarra desde Itoiz. “El consumo global final se aumenta debido fundamentalmente al crecimiento de la demanda industrial”, señala el plan, que anota que en la zona van a residir unas 90.000 personas.

“Escasos crecimientos futuros con el recurso disponible”

“Sería muy deseable ejecutar una conducción específica desde Los Fayos para aprovechar el volumen indicado de 3,1 hectómetros cúbicos al año”, indica el documento, que, no obstante, admite que la ejecución de esa infraestructura dependería de su inclusión en el Plan Hidrológico del Ebro.

También reconoce que “el ámbito de la Mancomunidad del Moncayo podría asumir escasos crecimientos futuros con el recurso disponible”, es decir, que el agua es escasa, mientras que la de Cascante-Cintruénigo-Fitero “ni siquiera puede asumir lo previsto en este Plan Director con los recursos concesionales (no operativos a fecha de hoy) asignados en el sistema Queiles”.

Si se cumplen sus planes, Navarra pasaría a aprovechar íntegramente la aportación de 14 hectómetros cúbicos de agua que su territorio aporta como media anual a la cuenca del Queiles, sin descuentos ambientales ni de otro tipo.

¿Trasladar la industria en lugar de trasvasar el agua?

Mientras Navarra perfila sus planes, los vecinos de los pueblos aragoneses afectados, Cunchillos, Los Fayos, Malón, Novallas, Tarazona, Torrellas y Vierlas, han comenzado a presentar alegaciones en las que sostienen que “la indiferencia” ante este proyecto “significa ratificar que la condena hipoteque nuestro futuro”.

“Nos ratificamos para mantener el río vivo y que nos dé de beber; para consolidar los regadíos, hoy precarios, de todos los pueblos de la cuenca; para que la industria que se abastece de agua del Queiles, y que está situada fuera de nuestra cuenca, tenga posibilidad de instalarse en nuestra zona. Para vivir aquí”, añaden.

“El caudal derivado a otras cuencas no es un trasvase amistoso, es una agresión sin límites”, señalan, en una zona que, además del Queiles, recibe recursos del Alhama, el Ebro y el Irati, pozos cartesianos al margen. “Los de Tarazona sólo tenemos al Queiles”, anotan.

Por último, las alegaciones llaman la atención también sobre el deterioro que para los recursos hídricos de la Ribera navarra ha supuesto la intensa actividad agrícola, ganadera e industrial.

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