Irene García: “A veces, el movimiento feminista utiliza conceptos incomprensibles”

Irene García es socia de la cooperativa Pandora Mirabilia.

La delegación en Aragón de Farmamundi ha organizado desde esta semana un curso bajo el título “Comunicación para la trans-formación social”. Varios talleres corren a cargo de la Cooperativa Pandora Mirabilia. Irene García (Madrid, 1978) es una de las socias de esta cooperativa.

El curso que organiza Farmamundi se llama “Comunicación para la trans-formación social”, ¿hasta qué punto la comunicación transforma a la sociedad?

Muchísimo. La comunicación da lugar a los imaginarios, a las ideas que tenemos de las cosas. Para cambiar la sociedad, tenemos que valernos de la comunicación también. Es el cuarto poder. Muchas ideas nos llegan a través de la comunicación; lo que sabemos del coronavirus, por ejemplo, es hasta donde nos cuentan los medios de comunicación. Entonces, los medios contribuyen a dar forma a nuestra imagen del mundo. Si lo queremos cambiar, deberemos utilizar una comunicación transformadora.

Pandora Mirabilia se define como una cooperativa de trabajo con mirada feminista y transversal. ¿El feminismo está aprovechando suficientemente el poder de la comunicación?

Creo que de un tiempo a esta parte el feminismo ha dado un salto inmenso. Hace diez años, en las manifestaciones del 8 de marzo estábamos poquísima gente. Ahora, son masivas. Es un movimiento que está teniendo un gran empuje en el día a día, en la vida real y eso se refleja en la comunicación: desde los medios que empiezan a sacar temas de la agenda feminista hasta películas con protagonistas femeninas que ya no son las típicas heroínas aburridísimas que no hacían nada, sino que son mujeres proactivas y empoderadas. Hay una serie de tebeo, Miss América, que es sobre feminismo, sobre hechos que ocurrieron en el feminismo norteamericano de los años 70. Hace diez años era impensable que alguien hiciese una serie de tebeo sobre eso.

¿Qué más podría hacer el movimiento feminista?

Siempre se puede hacer más. Además, ahora estamos en un momento complejo, con el avance de la ultraderecha y con la crisis socio sanitara de la Covid, que de repente ha puesto de manifiesto cosas que el feminismo lleva mucho tiempo denunciando. Por ejemplo, la crisis de los cuidados, porque sí, ha parado la economía, pero las mujeres seguimos cuidando y eso no ha tenido ni un apoyo ni un reconocimiento, sino que se ha dado por sentado que se hacía y se hacía gratis. Queda mucho por hacer. 

En el curso con Farmamundi Aragón impartiréis un taller de memes, ¿son un instrumento útil para comunicar?

Claro que sí. Ahora mismo, en redes es el lenguaje que se estila, tanto en Whatsapp como en Twitter o Facebook. Es moneda común. La idea es hacer guerrilla con la comunicación. Damos algunas nociones de lo que es este concepto, no sólo en redes; tiene una larga historia. De hecho, desde el feminismo, ya las sufragistas hacían una especie de guerrilla de la comunicación. La idea es dar unas mínimas nociones para que las alumnas y los alumnos puedan hacer sus propios memes que se puedan utilizar en campañas.

Vosotras tenéis un servicio de investigación y consultoría para asesorar a organizaciones interesadas en incorporar o en mejorar su perspectiva de género, ¿cuáles suelen ser los errores más frecuentes que os encontráis?

Lo que hacemos muchas veces son los planes de igualdad, a los que están obligadas por ley muchas empresas. Entre los errores, por ejemplo, está el tema de la conciliación: los horarios de trabajo difíciles de compatibilizar con el resto de la vida. Muchas empresas, aunque tengan un discurso fenomenal, muy progresista, acaban cayendo en prácticas de trabajar hasta las mil, no recuperar horas extra, ponérselo muy difícil a las personas que tienen que cuidar, no reconocer determinados trabajos o no darles la misma importancia a los trabajos reproductivos que son fundamentales para mantener las empresas que a otros trabajos más visibles. A veces, se cree que en empresas que están feminizadas ya no hay ningún problema en relación con temas de género. No hay que pensar que porque haya muchas mujeres, no se atraviese ningún problema de este tipo. En los planes de igualdad, se hace un diagnóstico de la situación, por ejemplo, si hay brecha salarial, si hay puestos más feminizados que otros...

¿Y en cuanto a cómo comunican las empresas o las organizaciones?

Un clásico es el lenguaje inclusivo. El lenguaje sexista invisibiliza a las mujeres. Evitarlo no quiere decir que tengamos que estar todo el tiempo desdoblando en “chicas y chicos”, “mujeres y hombres”... No es tan difícil, hay que buscar formas más imaginativas, nuestro lenguaje es muy rico. Se puede hacer una comunicación inclusiva y no sexista sin usar arrobas y sin que sea farragosa. Luego, hay estereotipación de las mujeres en las campañas o en los medios, al no reflejar toda la diversidad de las mujeres o al encajarnos en roles muy claros, como el de la víctima, por ejemplo. Otras veces se somete nuestra apariencia a un escrutinio enorme. También se invisibiliza no sólo con el lenguaje, sino con las imágenes o con los contenidos de los textos: cuando se invisibiliza las realidades de las mujeres o cuando determinados fenómenos no tienen la misma repercusión en mujeres que en hombres, según su procedencia, su clase social. Es decir, cuando se nos trata como un grupo homogéneo, cuando la realidad es más diversa.

¿Qué errores encontráis en organizaciones feministas?

A veces ocurre que damos cosas por sentadas o utilizamos conceptos incomprensibles. Creo que pasa en muchos ámbitos, no sólo en el movimiento feminista, pero sí que hay que hacer un trabajo para hacerse accesible, hacerse entender y conseguir explicar cosas complejas. Se ha hecho ya un trabajo muy grande porque, por ejemplo, hace años habría sido muy complicado trasladar al debate público el tema de la huelga feminista y funcionó y fue asumido por mucha gente. Entonces, se han hecho grandes avances, pero creo que a veces pecamos de utilizar muchos palabros extraños, en lugar de explicarlo mejor o buscar ejemplos que los ilustren. 

¿Os preocupa que a este tipo de cursos se suelen inscribir personas que ya están muy concienciadas?

No sé si concienciadas, pero la mayoría de los alumnos inscritos son mujeres. No nos ha sorprendido porque la comunicación y la salud son dos ámbitos muy feminizados. Es una manifestación más de la sociedad en la que vivimos.

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Publicado el
28 de junio de 2020 - 06:50 h

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