"En lugar de buscar la inmunidad de rebaño, nos han tratado para que nos comportemos como un rebaño"

Chaime Marcuello, doctor en Sociología.

A pesar del aumento espectacular de contagios de covid vinculados a zonas costeras en pacientes de 15 a 24 años, Chaime Marcuello (Sabiñánigo, 1965) no se deja arrastrar por el tsunami de críticas a la irresponsabilidad de los jóvenes. Este profesor de Trabajo Social y Servicios Sociales de la Universidad de Zaragoza defiende que la generación más joven es obediente y que sólo ha hecho lo que sus padres le ha permitido: los adultos no pueden escandalizarse por unos viajes que ellos mismos han pagado.

¿Cree que la covid nos está llevando a criminalizar a grupos de población según su franja de edad?

Creo que la pandemia está produciendo un colapso en el sistema de información y en la gestión de la complejidad; algunos dicen incluso que la pandemia está produciendo el cambio de siglo, que hasta ahora vivíamos en el siglo XX y estamos entrando realmente en el siglo XXI. Me parece que este colapso es fruto de la incertidumbre, de la desinformación, de los bucles de ignorancia y, también, de la aceleración de la información. Relacionado con el consumo acelerado de información sin reflexionar, ocurren cosas como que no hay ningún problema de hablar de la “variante india” o de la “variante británica”, pero no podemos hablar de la “variante de Wuhan” o de la “variante china” porque supone estigmatizar a los chinos. ¿La pandemia nos lleva a criminalizar? Sí, porque en cuanto te descuidas, siempre sale alguien que nos dice lo que tenemos que hacer y, así, estamos tragando ruedas de molino con respecto a la conquista de las libertades. Estamos cada día más cerca de aceptar, por ejemplo, que no se puede decir o hacer algo porque a alguien le molesta. Del mismo modo, no se pueden decir cosas políticamente incorrectas, por ejemplo, no se puede defender el incumplimiento de las normas. No digo que el virus no sea peligroso. Hay que cuidarse, pero en lugar de buscar la inmunidad de rebaño, nos han tratado buscando una especie de adocenamiento de rebaño, que nos comportemos como si fuéramos un rebaño.

En los inicios de la pandemia, se acusaba injustamente a los niños de ser “súper contagiadores”. ¿Está ocurriendo ahora lo mismo con los jóvenes, al culparles en exclusiva del incremento de contagios en este verano de 2021?

Lo que está claro es que estos últimos días se ha puesto el foco en los jóvenes que han ido a Salou o a Mallorca, han hecho botellón y no han respetado las reglas. Generamos un chivo expiatorio y le enviamos todo el miedo, la incertidumbre, la falta de información, la inseguridad de los que hablaba. En realidad, necesitamos tiempo para digerir las cosas, incluso para que la propia información de carácter científico pueda ser solvente. En el Hospital Clínico de Zaragoza llevan más de 27 años investigando la vacuna de la tuberculosis. Además, en este asunto de la covid, hay muchos vectores que confluyen: los intereses de la industria farmacéutica, los intereses políticos, las dudas de la ciudadanía, las muertes, el sistema sanitario… Tenemos un estado protector que nos dice que no nos preocupemos, que nos cuida, que hagamos lo que nos mandan y, a la vez, aparecen ciudadanos que se declaran irresponsables porque piensan que les van a cuidar. A mí eso me parece un problema: deberíamos volver a ser conscientes de que de mi salud me encargo yo y que voy a ejercer, con conciencia, lo que quiero. Pero para eso, necesitamos información de calidad: no nos pueden decir hoy que nos pongamos mascarillas y mañana que no. Por tanto, sí, los jóvenes se han convertido en un chivo expiatorio. Hoy son ellos y mañana habrá otro. Como mecánica social, siempre buscamos un chivo expiatorio para todos los problemas. Como ha habido desmanes, ahora es fácil que el chivo expiatorio sea la juventud, pero también deberíamos plantearnos cómo es esta juventud.

¿Y cómo es?

Son unos chavales fantásticos, muy obedientes, que hacen lo que los mayores les dejamos que hagan. Un amigo sueco me dijo que nuestros hijos son el espejo de nuestra generación: mi amigo me decía que todo lo que menos me guste de mí, todo lo que me saca de quicio de mí, mis hijos lo van a recoger y me lo van a devolver en dosis. Si nos paramos a pensar en esos términos, tenemos una generación que está en la edad de emanciparse, de ganar su propia identidad, enfrentada a unas restricciones generacionales donde reciben información contradictoria y, a la vez, alimentamos sus irresponsabilidades. Porque, ¿de qué nos quejamos de los chavales? A todos los que se han ido de viaje, les han dado el dinero sus padres, ninguno trabaja. ¿Quién les ha dejado ir? La generación de sus padres que, en el fondo, es una generación consentida, un poco rebelde... Hemos criado unos chavales acomodados, que no son dados a la protesta política ni a la reclamación de derechos. ¿Cómo es posible que nos coarten la libertad de reunión, la de movimientos y no nos levantemos en masa? No necesitamos más represión, sino más conciencia. Aquí aparece otro problema: es una generación muy poco rebelde, muy acomodada, que opta por un mecanismo de evitación de la confrontación si pierden calidad de vida. Es decir, se quieren ir de casa, pero con todas las ventajas que a sus padres les ha costado un montón de esfuerzo conseguir: un piso comprado, un trabajo estable... Por otra parte, es importante tener en cuenta que durante mucho tiempo nos han cerrado la sociabilidad y una de las cosas que más buscan los adolescentes y jóvenes, por necesidad biológica, es la relación, la interacción, entrar en contacto con otros. A mí, ahora, que me pongan el toque de queda a las once, me da igual: a veces, me voy a dormir a las diez y media y me levanto a las seis. Pero el espacio de libertad para un chaval es la noche; con ese toque de queda le estamos provocando una desubicación. Encima, después, cuando les dejas generar ese espacio de sociabilidad y de interacción, no facilitamos espacios con actividades no vinculadas al botellón... Hay también un problema educativo; tengo amigos cuyos hijos beben como cosacos, pero ¿cómo beben ellos?

¿Cree que hay cierta incomprensión entre diferentes generaciones? En esas acusaciones de irresponsabilidad hacia los más jóvenes o en la queja de los jóvenes por ser los últimos en vacunarse... 

Con Sócrates ya se hablaba de que los jóvenes no eran cómo deberían ser. Los que estamos más viejos siempre vemos a la siguiente generación desubicada, que no acaba de situarse. Es una dinámica, casi como Sísifo con su piedra. Con respecto a la vacuna, también tengo mis dudas: la vacuna no inmuniza, sólo hace que la enfermedad sea más suave y se está inyectando desde la lógica del estado protector que tiene el problema de que se pueden llenar los hospitales, no de que te puedas poner enfermo. Por eso, el argumento que tenemos sobre la mesa es que si hemos vacunado a los más frágiles, no nos preocupemos por los demás. El problema no es, por tanto, de gestión consciente individual, sino de gestión de la salud pública desde el estado protector, que no hace que el ciudadano sea más consciente de su responsabilidad. 

¿Las crisis profundas de la sociedad, como esta del coronavirus, provocan que la ruptura entre generaciones sea más fuerte?

No se puede hablar en sentido estricto de ruptura, sino más bien de una dinámica de sustitución generacional. No todas esas sustituciones generacionales son iguales, pero siempre hay un debate en el que cada generación se enfrenta a la anterior. Ahora tenemos un proceso de cambio generacional que produce desajustes, porque el movimiento inercial que tenía el sistema se ha roto: hasta ahora, te ibas a Salou, volvías, te matriculabas en la Universidad, fiesta de fin de grado, trabajas como becario, acabas trabajando… En esa dinámica generacional se ha producido un colapso, por ejemplo, en cuanto a la movilidad. Nos habíamos acostumbrado a que te podías ir a todas partes, pero creo que mi abuelo no fue a Salou hasta que tuvo 60 años. Además, sí creo que se está produciendo un cambio de conciencia. Es una situación muy parecida a cuando hay incertidumbre, en cuanto a que esa incertidumbre se puede resolver de una manera muy rápida, pidiendo que otro no dé seguridad, con garantías, con castigos a los malos; o se puede resolver también tomando más conciencia, adoptando la libertad con más conciencia.

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