Sobre este blog

Arsenio Escolar es periodista y escritor. Con sus 'Crónicas del poder' –información, análisis y opinión de primera mano–, entrará semanalmente en eldiario.es en los detalles del poder político, económico, social... y de sus protagonistas.

Si hay pactos, no serán de La Moncloa

Pablo Casado, durante su conversación con el presidente del Gobierno.

La primera conversación larga y no destemplada del presidente del Gobierno con el líder de la oposición sobre la pandemia ha dado fruto, aunque por ahora muy pequeño. Los principales partidos, entre ellos el PSOE de Pedro Sánchez y el PP de Pablo Casado, hablarán de unos posibles acuerdos anti y postpandemia en una comisión parlamentaria en el Congreso de los Diputados, y no en una mesa formal de negociación en el Palacio de La Moncloa. El formato -y las palabras- rebajan bastante las expectativas.

En opinión del PP, lo de "Pactos de La Moncloa" le habría dado el control y un plus de protagonismo y de reputación al actual inquilino del palacio sede de la presidencia del Gobierno, Pedro Sánchez, al que la derecha llamó infinidad de veces "el okupa de La Moncloa" tras llegar al poder en junio de 2018 con la moción de censura a Mariano Rajoy, pese a que lo hizo conforme a lo que dispone la Constitución en sus artículos 175 a 179, y al que algunos han seguido llamando así en este nuevo periodo de presidente tras la investidura de enero de 2020, conforme al artículo 99 de la Constitución. Debatir y negociar en Moncloa y darle ese nombre a lo acordado le hubiera dado a Sánchez, en opinión de Casado, un protagonismo excesivo, de gestor y artífice principal de los pactos, como en su día se lo dieron y se lo siguen dando en los libros de historia a Adolfo Suárez, promotor principal de los primeros y genuinos Pactos de La Moncloa, los de 1977.

Por otra parte, una comisión -para algunos, la mejor manera de que algún asunto apenas avance o lo haga muy lentamente- no deja de ser un colectivo de comisionados, de delegados de una autoridad superior para un asunto determinado; un órgano de menor relumbre que una mesa de líderes. Con el formato y con las palabras elegidos y descartados, estamos asistiendo, por lo tanto, a una pugna por el 'relato'. Por un 'relato' que no es solo el de la lucha contra la pandemia sino también el de la disputa por el poder. Por lo general, los líderes políticos no afrontan los grandes asuntos solo como una oportunidad de resolverlos, sino también -y en ocasiones sobre todo- como una oportunidad en la pugna por el poder. Por mantenerlo los que lo tienen y por alcanzarlo los que no lo tienen.

El 'relato', y las palabras, están siendo relevantes en la coronacrisis. En muchísimos aspectos, grandes y pequeños. El ingenio popular le ha llamado al confinamiento con palabros tan ingeniosos como sinfinamiento, por lo largo, o confitamiento, por lo que engorda. Ha habido un debate sobre el género gramatical de COVID, sobre si es masculino o si es femenino, y parte del debate se ha convertido en un nuevo episodio del ya largo debate sobre el lenguaje inclusivo. Hemos adaptado la cuarentena de 40 días, que se inventaron los médicos italianos en el siglo XIV, durante la pandemia de la peste negra, a una de 14 días sin cambiarle el nombre a catorcena. A las mascarillas y a los guantes sí se lo hemos cambiado en parte, y hemos empezado a llamarlos con el acrónimo EPI (Equipo de Protección Individual); y a los lazaretos pensados para aislar a los enfermos leves se les ha rebautizado como 'arcas de Noé'; y donde las oposiciones hablan de muertos y de cadáveres, los Gobiernos hablan de fallecidos o de contagiados no compatibles con la vida. El eufemismo siempre ha sido uno de los más poderosos agentes del cambio lingüístico.

En el fondo, detrás del diluvio de fake news, de los bulos y las falsedades divulgados durante estas confusas y dramáticas semanas, hay también una pugna por el 'relato', por intentar que la postverdad -la mentira planificada y masivamente distribuida- del que los difunde se instale y prevalezca en parte de la opinión pública sobre la verdad contrastable o acreditada. ¿A qué fin? Para debilitar al rival y para conservar el poder o acceder a él.

Si en la pugna por el 'relato' está habiendo novedades, no las hay menos en la pugna por el poder. Vox tardó pocos telediarios en pedir la dimisión en bloque del Gobierno y proponer una especie de Gobierno de notables con ellos dentro. Parte del PP, apoyados en algunos poderes económicos muy críticos con el llamado 'escudo social' -otra expresión lanzada en esta crisis- que está montando el Gobierno para proteger a los más desfavorecidos, han más que sugerido a Sánchez que saque de su Consejo de Ministros a Unidas Podemos y vire hacia la derecha. Algunos incluso han pedido de nuevo -como tras las dos elecciones de 2019, las del 28 de abril y las del 10 de noviembre- una gran coalición entre PSOE y Partido Popular.

Ninguna de esas fórmulas es hoy posible ni probable. El Gobierno está débil, sí, lo ha debilitado mucho la enorme magnitud de la crisis sanitaria, económica y social que nos ha caído encima en un visto y no visto, pero hoy sigue siendo el único Gobierno posible. Cuando se vea lo que da de sí la comisión parlamentaria que va a negociar unos pactos que no se llamarán de La Moncloa y, sobre todo, cuando sepamos qué tipo de financiación y en qué cuantía pone en marcha la UE para la llamada 'posguerra' de la pandemia, y qué Presupuestos para 2021 puede elaborar con ello Sánchez, es probable que vuelva el debate sobre la viabilidad del Gobierno. Dependerá de esos dos 'relatos'.

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Arsenio Escolar es periodista y escritor. Con sus 'Crónicas del poder' –información, análisis y opinión de primera mano–, entrará semanalmente en eldiario.es en los detalles del poder político, económico, social... y de sus protagonistas.

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20 de abril de 2020 - 21:54 h

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