Del garaje de su abuela a congregar miles de visitantes; la historia del belenista que impulsa la Navidad en Villaviciosa
Cuando Nicolás Rodríguez tenía diez años, montaba el belén en el garaje de la casa de su abuela, en Amandi, casi como un juego. Hoy, más de cuatro décadas después, sus montajes atraen cada Navidad a miles de personas y se han convertido en el punto de partida de la Ruta de los Belenes de Villaviciosa, una cita ya consolidada en el calendario festivo del concejo. El más grande y llamativo de todos, instalado en la sede de la Fundación José Cardín, resume una forma muy personal de entender el belenismo: un paisaje que se recorre y no solo se observa.
Rodríguez, que también es mayordomo de la cofradía de Nuestro Padre Jesús de Nazareno, lleva más de cuarenta años vinculado a esta tradición. “Empecé jugando con las figuras, como si fuesen Playmobil, sin saber que aquello acabaría siendo algo tan importante”, recuerda. Desde entonces, su manera de trabajar apenas ha cambiado en lo esencial: montar desde el suelo, construir primero el entorno y cuidar cada detalle para que el belén “transmita”. “No es una maqueta. Tiene que decirte algo cuando lo ves”, resume.
Ese es el rasgo que distingue a sus composiciones. En el belén de la Fundación José Cardín, el visitante no se enfrenta a una escena cerrada, sino a un paisaje abierto que parece continuar más allá del marco, dejando ver diferentes matices con el transcurrir del día en la escena. El montaje preparado por Nicolás este año se basa en una estructura circular que refuerza la sensación de profundidad. El cielo rodea toda la escena y cambia del día a la noche mediante un sistema de iluminación que recrea una claridad nocturna suave y envolvente. “Cuando es de noche, nunca está todo oscuro del todo. Siempre hay una luz ambiental, y eso es lo que busqué reproducir en el belén”, explica.
Siempre cambia
Cada edición es distinta. Rodríguez evita conscientemente repetir esquemas. “Si siempre haces lo mismo, la gente deja de venir”, afirma. En esta ocasión, el elemento que ha marcado el diseño ha sido el río, un recurso que, a pesar de sus 40 años de experiencia, no ha utilizado mucho. “Normalmente empiezo de atrás hacia adelante, pero este año lo hice al revés, porque el río, que está en primer plano, condicionaba toda la composición”, detalla. También ha utilizado corteza de corcho en toda la estructura, un material que hasta ahora no había empleado de forma tan generalizada. El resultado es un paisaje más natural y menos recargado de figuras. “Cuando las puse todas sobre la mesa para empezar a colocarlas y miré la estampa, pensé que no hacían falta muchas. El paisaje ya hablaba por sí solo”.
Esa manera de entender el belén como una experiencia inmersiva es fruto de décadas de aprendizaje. Rodríguez identifica un punto de inflexión en 2008, cuando dio un salto técnico y artístico en sus montajes, aprendiendo a trabajar nuevos materiales y sistemas de iluminación. “Antes hacía montañas de papel, a las que daba forma con una mezcla de harina y agua. A partir de ahí empecé a investigar y a complicarme más cada año”, señala.
Desde la casa de la abuela
Con el tiempo, Nicolás Rodríguez ha pasado de poner el belén en casa de su abuela a hacerlo en la Fundación José Cardín y a crear con ello la Ruta de los Belenes de Villaviciosa, que cumple este año su décimo aniversario y se ha consolidado como uno de los principales reclamos navideños del concejo. La iniciativa nació a partir de la afluencia que ya tenían los belenes de la Fundación José Cardín y del Museo de la Semana Santa, ambos coordinados por Rodríguez, y hoy incluye también montajes de asociaciones, centros educativos, la parroquia o el convento. El recorrido invita a pasear por la villa durante las fiestas y atrae a miles de visitantes de distintos puntos de Asturias.
Para conmemorar el décimo aniversario, la organización ha reforzado el tradicional concurso vinculado a la ruta, pasando de un solo premio a once. “Es una forma de agradecer la fidelidad de la gente”, explica Rodríguez, que destaca la diversidad de públicos que participan. “Vienen familias enteras, con abuelos, padres y niños. Hay personas que llevan viniendo desde los inicios, e incluso de las que visitaban la casa de mi abuela”, expresa con orgullo.
Más allá de su componente religioso, el belén se ha convertido en un elemento cultural y social. “En las casas cada vez se pone menos, en los colegios ya no se puede, pero luego las exposiciones de belenes son las que más visitantes tienen”, reflexiona. Para él, la clave está en entender que un belén puede hacerse con cualquier material y desde cualquier enfoque, como demuestran los belenes escolares incluidos en la ruta.
Mientras tanto, Rodríguez ya piensa en el belén del próximo año. “La idea empieza en cuanto terminas uno”, dice. Luego vendrá el momento de comprobar si funciona, si encaja en el espacio y si transmite lo que buscaba. Ese, asegura, es el verdadero premio: ver cómo la gente se detiene, vuelve a mirar y comenta que su creación, como viene haciendo desde hace ya una década, sigue marcando el inicio del recorrido y de la Navidad en Villaviciosa.
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