eldiario.es

Síguenos:

Boletines

Boletines

Menú

Ángela Labordeta

Angela Labordeta nació en Teruel. Ha trabajado y colaborado con diferentes medios de comunicación y en los últimos veinte años ha publicado cuatro novelas y un libro de relatos; también ha participado en diferentes antologías. En octubre publicará su nueva novela. En la actualidad es Secretaria de Comunicación de CHA.

  • Reacciones a sus artículos en eldiario.es: 59

En un día como hoy

En un día como hoy el avión de nuestros sueños cruza el Océano y el universo es una flor a punto de estallar. Abandonado. Dicen que los niños en las escuelas aprenden matemáticas e inglés y que sin embargo cada día es más dudosa su capacidad para bucear en palabras que ya dan por enterradas.

En un día como hoy he leído que la señora Cifuentes devuelve su máster y culpa a la universidad Rey Juan Carlos de irregularidades. Yo la acuso a ella de engañar y de haber conseguido que la verdad se pervirtiera cuando llegó a sus labios y la culpo de vanidad y de haber querido ser lo que no es, cuando lo más bello es asumir lo que sé es, sin aditivos, solo con verdad.

Seguir leyendo »

Engañar a la verdad

La verdad se pervierte cuando llega a tus labios y como la arena que roza la primera ola, la verdad desaparece y nadie vuelve a saber de ella. La verdad es delicada y se comporta como las hojas de una margarita cuando son escupidas al horizonte por fuertes ráfagas de cierzo. Y es que la verdad es una perla que casi nadie respeta y por eso hay que guardarla, mimarla y educarla y es preciso mecerla cuando el día llega a su ocaso y exigir que su oración de vida sea entendida y secundada. Vivimos en medio de la mentira, mecidos por la mentira, acostumbrados a la mentira y en esa mentira en la que nos han hecho construir los parámetros de nuestra cotidianeidad, todo nos parece normal, todo se puede justificar, porque la mentira se ha convertido en la nueva verdad de unos tiempos convulsos en los que la política se revuelve en el lodo y en el fango de sus mentiras, incapaz de construir un espacio para una vida limpia, variada y exuberante, una vida libre de mentiras, mentiras que son el reflejo enfermo de una sociedad que las acepta porque ya no sabe cuál fue la primera y duda que sea preciso revelarse contra tanta mentira, porque simplemente ha perdido la batalla de la sinceridad y ya casi nada vale la pena.

Las mentiras se han ido encadenando unas a otras y todo al final resulta una terrible mentira llena de paraísos fiscales, de corruptos con corbata y audis, de expedientes falsificados, de promesas incumplidas, de plasma sin alma, de sentencias que son réplicas de otras tantas mentiras. Y así avanzamos año tras año y mientras las mentiras salpican nuestra cotidianeidad, alguien/algunos buscamos tiempo entre tanta oscuridad, porque no es preciso tener razón, ni siquiera es preciso saberlo todo, ni como Camus hay que estar dispuesto a pagar el más alto precio por lo que uno cree que es la verdad, que no siempre tiene porque serla. Pero en estos días de negras mentiras necesitamos más Camus, con su razón o sin ella, pero sí con su forma de entender la vida y la política. Camus en 'El extranjero' hablaba de esa vida que resulta inabarcable e incomprensible y es que cada día somos más extranjeros de nosotros mismos, porque cuando la mentira lo ocupa todo solo queda ser extranjero, porque al menos de esa forma puedes inventarte tu propia patria sin mentiras, ni plasmas, ni corruptos, ni falsificaciones, ni promesas rotas, ni líderes que por liderazgo tienen una forma cruel de engañar a la verdad.

Seguir leyendo »

La razón del arte

La peor patología de la que padece la política de nuestros días es la de la estupidez, que nos lleva a formular frases en sí mismas imposibles de descifrar, que nos lleva a tomar decisiones en sí mismas imposibles de justificar. Y lo peor de todo es que hemos ido aceptando que esas “formas” penetren en nuestra sangre y, aunque pensemos que nada está ocurriendo y que todo volverá a la normalidad, son muchas las cosas que se han transformado y que nos han transformado, de la misma forma que se transforma una casa en la que entra un huésped al que nadie espera y que llega para imponer sus normas y sus leyes. En estos días escuchamos frases memorables: el Partido Popular habla de la #HuelgaFeminsita como la huelga de Pablo Iglesias y todo porque en el intento desesperado de buscar “la originalidad” se recurre al todo vale, que es mi todo vale. Y mientras el Partido Popular sigue instalado en la sombra dudosa de tantas y tantas mentiras, la socialistas Susana Díaz se descuelga diciendo que la izquierda no puede ser jamás nacionalista y ante memorable estupidez solo me surge una reflexión: “Usted se considera de izquierdas y es nacionalista española, ¿a qué se refiere entonces?” Quizá la señora Díaz tendría que haber dicho, que es lo que realmente piensa, que en la izquierda solo deben estar los que a ella le gustan y piensan como ella. Pero las frases se suceden y desde América nos llega el señor Trump diciendo que los profesores tienen que ir armados a los centros escolares y una ya no sabe si pedir asilo político y humano en la luna o esperar silenciosamente a que lleguen tiempos mejores. 

Y entre todo, y para hacer más esperpéntica la sin razón, se censura a un rapero, a un escritor y a un artista. Hace una semana en unas jornadas feministas se me pidió que hablara sobre el feminismo y el arte y voy a reproducir aquí algunas de las palabras que expresé, sin saber que pocos días después la justicia iba a condenar y censurar, con el beneplácito de aquellos que quieren un país ordenado en el orden de sus prioridades y que son incapaces de ver que estamos construyendo un país enfermo de hipersensibilidad, en el que se juzga por exceso y con escasa sabiduría en ocasiones.

Seguir leyendo »

El arte de la democracia

Nunca me gustaron aquellos jugadores que imponen sus reglas para conseguir ganar la partida; creo que es indecente y sobre todo cobarde. La cobardía es un sentimiento humano y en sí mismo es loable, pero sin embargo deja de serlo cuando se utiliza como arma frente a lo que no entendemos o no somos capaces de ver ni de corregir. La irrupción de Podemos, hace ahora cuatro años en el panorama político español, fue como un vendaval, parecían repletos de aire fresco y casi nadie dudaba de su capacidad de liderar ese cambio social que nos iba a hacer mejores como sociedad, más libres como seres humanos e incluso más cultos democráticamente hablando. En estos cuatro años hemos visto cómo esta formación ha ido dando tumbos, sin entender muy bien que el sistema y la casta eran también ellos, porque las reglas del juego democrático son también para ellos. Por muy jóvenes, libres y bellos que se creyeran.

A la sombra de los Podemos nacían los Comunes, que también parecía llegaban para hacer la revolución, pero no hay revolución más decadente y menos revolucionaria que la que se impone desde los despachos, a golpe de decreto y desde la unilateralidad. El viernes Zaragoza en Común tomó una decisión que consistía en apartar a la oposición de las sociedades públicas, que es más o menos como decir el poder soy yo y con el poder hago lo que me da la gana. Ignoro qué mentes libres y democráticas de Zaragoza en Común tomaban esta decisión, tampoco sé en qué despacho, pero si sé que al hacerlo golpeaban la libertad y la democracia, el pluralismo y el debate en el que nos instalamos como sociedad, para avanzar en el arte de la democracia.

Seguir leyendo »

Donde Juegan las niñas

Recorro todas las habitaciones y las puertas de mis recuerdos siguen abiertas. Acabo de llamar al timbre y el periquito, que es el alma externa de Diana, me da la bienvenida tras su paseo ritual por el rellano. No olvida sonreírme, pero vuelve, siempre lo hace, al reposo de Diana. Recorro los despachos, el piano que tantas veces acariciamos y bailamos y los disfraces que me esperan en forma y colores que no quiero ser, pero seré. Es un poco tarde y Emilio nos dice que es la última vez que nos enrolla en las colchonetas y nos lanza pasillo abajo, como si lanzara barcos de papel al océano de nuestros anhelos.

Le suplicamos que una vez más, una más por favor, coreamos las niñas, y Emilio acepta y mientras rodamos cada una de nosotras es pozo y letargo; estío, clase sin exámenes, tibieza dulce de los sueños de papá. Luego todo se vuelve sordo y nosotras nos apagamos dulces, mientras ellos, los padres, hablan de ese Aragón que ha sido nada durante años y que tiene que empezar a respirar, a brillar, a renacer y la política, su política, crece, porque crece desde un conocimiento impecable de la historia, un amor casi amante por Aragón, hablan de socialismo y Aragón despierta poco a poco en sus manos y en sus pupilas y poco a poco se hace más y más fuerte en la furia de sus palabras sabias.

Seguir leyendo »

#GolpeEnLaMuela

Decía Mónica Oltra en una entrevista el pasado sábado: “Con la corrupción hemos sentido cómo nos robaban en nuestra propia casa”. Y resultan muy descriptivas sus palabras, porque no hay mayor indefensión que cuando violan tu entorno más íntimo y poco a poco te van privando de libertad, de sueños, de ilusiones y poco a poco vas pensando que eso es lo normal, que ellos, los corruptos, han venido para quedarse y que nada se podrá hacer, porque pertenecemos a un país de lazarillos con Audis en la puerta y Rolex en las muñecas, tipos que jamás serán condenados, porque son la élite de una élite corrupta a la que en su aprendizaje vital nadie les enseñó nunca modos para hacer el bien, el bien general me refiero, sino que solo buscan su propio bien al precio que sea y así han vivido y siguen viviendo alimentados por la astucia, porque los astutos saben hacer el mal para triunfar, aunque su triunfo sea tan cortoplacista como lo son sus palabras, que cada día están más podridas.

El caso Gürtel empaña todas las alcantarillas del Partido Popular; el caso Palau empaña las de lo que fue Convergència; los eres andaluces lo hacen con el PSOE y aquí, en Aragón, tenemos nuestro caso Los Molinos, en La Muela, donde, bajo las siglas del PAR, se robó, se mintió, se engañó. Muchas veces me he preguntado si los señores y señoras que están imputados y/o condenados por estos casos saben que robar es pecar, supongo que sí, porque todo ellos frecuentan las iglesias y no me equivocaría en exceso si digo que todos ellos fueron educados en la fe cristiana, pero con lo de robar y el pecado corrieron un tupido velo y se llevaron el dinero, que era de todos, a paraísos fiscales, lo usaron para financiar de forma ilegal campañas electorales de sus propios partidos, se compraron grandes coches y, sobre todo, y lo más peligroso, compraron el poder para perpetuarse en él, para alcanzar la gloria, esa que con sus cualidades personales jamás alcanzarían, porque el origen de todos los pecados habita en una sensación de inferioridad, llamada también ambición.

Seguir leyendo »

Samuel y el León

Reconozco y asumo mi admiración cada vez mayor hacia la ciencia y hacia el arte, porque mientras la primera, afortuna o desafortunadamente, todavía no puede garantizarnos la inmortalidad, sí nos garantiza un profundo respeto hacia la vedad; el arte, por su lado, nos enseña a ver las verdades más profundas del ser humano, esas que ni siquiera somos capaces de revelarnos a nosotros mismos y que a veces nos hacen huir de nuestra propia piel.

Hace tan sólo unos días una pesadilla invadió mis sueños, alguien me comunicaba que Trump había apretado el botón -soy de las que creció en los años de lo que se dio en llamar la Guerra Fría, donde la sombra de un enfrentamiento entre Rusia y Estados Unidos congelaba nuestro aliento de jóvenes huidizos y libres, y donde siempre había un botón que un bando u otro podía apretar en cualquier momento y hacer saltar todo por los aires-, por eso cuando en mi sueño alguien me dijo que Trump había apretado el botón, supe que era el final. El final. Luego desperté y la vida continuaba, aun no había amanecido, pero los eslóganes vacíos inundaban los titulares de las primeros boletines informativos. La vida, sin duda, era igual que ayer y cada cual jugaba a su metáfora de vencedor, aun sabiéndose el mayor de los perdedores, el mayor de los truhanes o el mayor de los farsantes. Entonces jugué al cuento de Samuel y el León: “El León ha mudado su aspecto y su piel y juega en la ciudad de los rascacielos a salvar vidas, a ser el número uno y sobre todo juega a proteger a Samuel. Samuel quiere al León, porque el León es bueno, el León le dice lo que él quiere oír y Samuel está feliz, se siente protegido, de repente hay alguien que piensa por él y en él. Un día el León le dice a Samuel que vuelva con él a la selva, que la selva es hermosa y que en las selva descubrirán infinidad de cosas nuevas. Samuel acepta y se va a la selva con el León y el León muda de nuevo su piel y entonces Samuel siente miedo porque, aunque el verde es vertiginoso y el juego con el horizonte una ilusión, el León ya no es el mismo y Samuel comprende que el León va a comerse a Samuel y Samuel tiene miedo, pero a la vez siente lástima por el León, porque cree y ama al León, pero el León ya ha olvidado sus promesas y las palabras con las que cautivó a Samuel y simplemente se lo come, porque es lo que el León sabe hacer”.

Seguir leyendo »

Cuando los reyes eran los padres

“La gente -escribía Tolstoi en Confesión- vive como vive todo el mundo, y todo el mundo vive basándose en principios que no solo no tienen nada que ver con la fe, sino que, las más de las veces, se oponen a ella. La fe no participa en la vida, no regula en modo alguno nuestras relaciones con los demás, ni es preciso que la confirmemos en nuestra propia vida; la fe se profesa en algún lugar lejos de la vida e independientemente de ella. Si nos topamos con la fe, será solo un fenómeno externo”.

Me gusta releer este párrafo, porque de alguna forma todo, en nuestras vidas, está formulado por procesos externos que se dibujan alrededor nuestro, sin que nosotros seamos capaces de saber por qué han sucedido. Cuando tenía cuatro años, la noche entre el cinco y el seis de enero, mi hermana, dos años mayor que yo, me susurró: “Ángela, despierta; te voy a enseñar algo”. Yo le hice caso, era mi hermana mayor y siempre le hacía y hago caso. Me ayudó a ponerme la bata y con un inmenso cariño cogió mi pequeña mano y me condujo hasta el comedor de la casa, donde, a través de la puerta entreabierta, vimos cómo mis padres depositaban regalos sobre el sillón, en el suelo y alrededor del pequeño árbol.

Seguir leyendo »

Aragón y Sijena, el cuento de una traición

Ayer escribía en un tuit: “Me hubiera gustado que los bienes de Sijena hubieran vuelto a Aragón lejos de tanta confrontación e intereses políticos de unos y otros; quizá ahora el Partido Popular devuelva todos esos bienes que de Aragón andan por España”.

Alguien podría decirme: “Ángela, la situación jurídica del resto de los bienes no es la misma”. Respondí: “Lo sé. ¿Y si lo hubiera sido, habría habido voluntad política?, ¿se habría dejado sin recurrir la sentencia, tal y como ha hecho el Partido Popular con la de los bienes de Sijena?”.

Seguir leyendo »

El sida y nosotros

Cuando en la década de los ochenta nos enfrentamos a las primeras noticias relacionadas con personas portadoras del VIH, personas con sida, lo primero que se instaló en la sociedad fue el miedo, pero se trataba de un miedo parcial, porque pronto esta enfermedad se relacionó casi de forma exclusiva con homosexuales y con personas adictas a la heroína, así que la enfermedad fue entendida por una parte amplia de la sociedad como un castigo casi divino con el que se perseguía a los maleantes -así han sido considerados los homosexuales en nuestro país durante décadas y décadas- y se castigaba a los adictos, a los débiles, a los que cabalgaban por las arterias de la ciudad buscando ese polvo que les hace reyes de una vida imposible.

El sida llegaba para matar y pronto lo vimos en amigos a los que dijimos adiós en noches heladas donde las lágrimas tapaban la vergüenza, porque ese amigo no había muerto de sida, no podíamos pronunciar la palabra sida por respeto a esa madre y a ese padre que sabían que su hijo vagaría por el infierno, mientras ellos soportaban la mirada de vecinos, de amigos que les acusaban por dejar que su hijo fuera homosexual o heroinómano. Entonces nadie hablaba de la serofobia, nadie le había puesto nombre a la forma en que la sociedad trataba y maltrataba a las personas que tenían sida. No había que besarlos, ni hablarles y si algunos hubieran podido les habrían escupido, arañado. Luego, casi al tiempo, supimos que el sida también afectaba a los heterosexuales, pero aún así seguía la constante de que quien se acuesta con un drogadicto sabe a lo que se expone y eso lo tuvimos que escuchar en tantas ocasiones que acabamos tapándonos de tantas palabras que nos escondimos en las cunetas de nuestra propia y silenciosa revolución.

Seguir leyendo »