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Las seis trampas del discurso de Feijóo sobre Ceuta
Opinión - '¡Paren esta locura!', por Esther Palomera
Sobre este blog

El Ojo izquierdo nació en El País en 2010 y prolongó su vida durante diez años en la cadena SER, con vivienda propia en el Programa Hoy por Hoy, primero con Carles Francino, después con Pepa Bueno y finalmente con Àngels Barceló.

Ahora se instala con comodidad en elDiario.es, donde es de esperar que se mantenga incólume la aviesa mirada de su autor, José María Izquierdo.

La izquierda, única esperanza

Archivo - Las primeras ministras de Italia, Giorgia Meloni, y de Dinamarca, Mette Frederiksen, en una reunión del Consejo Europeo en Bruselas.
21 de septiembre de 2026 22:03 h

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Empezamos por Alemania. Conclusiones rápidas de las últimas elecciones en aquel país. Una: la ultraderecha crece; y dos: solamente la izquierda puede frenarles. De hecho, los socialdemócratas podrían gobernar en coalición en Mecklemburgo-Pomerania con Die Linke y verdes, y Die Linke en Berlín lo haría repitiendo el mismo trío. Si consiguen acuerdos, claro. La derecha clásica, esa derecha de Merz, tan hipócrita como débil, que ha abandonado cualquier principio democrático para parecerse cada vez más a la ultraderecha, con la estúpida estrategia de robarle votantes, se ha hundido en el pozo casi, casi, de la irrelevancia. Ejemplo de mímesis vergonzante con la inmigración, mano de hierro para evitar que los más pobres del sur vengan a comerse nuestras mascotas, a violar a nuestras hijas, quitarnos el trabajo y okupar nuestras viviendas, amén de copar todos los servicios sociales y dejar a los aborígenes huérfanos de médicos, aulas y subvenciones. Y de allí, de la otrora poderosa Deutschland über alles a esta modesta piel de toro, que aquí estamos, en un rinconcito de Europa. 

Es sonrojante oír a todo un líder de la oposición de un país europeo decir que los inmigrantes no vienen a trabajar o que quiere cerrar España a “quienes vengan a saltarse la ley”. Aún hoy, si no me equivoco, las autoridades yanquis preguntan para solicitar el visado cosas tan ridículas como estas: ¿Tiene la intención de participar en actividades terroristas en los EE. UU. o ha participado alguna vez en ellas? ¿Ha proporcionado alguna vez (o tiene la intención de proporcionar) asistencia financiera u otro tipo de apoyo a terroristas o redes terroristas? Creo que ya han eliminado aquella tan graciosa de si ibas a atentar contra el presidente. ¿Pretende Feijóo preguntar uno a uno a los que hoy pululan por Ceuta si viene a saltarse la ley? 

¿Hablan de legislación? Pues veamos qué dice la ley. Porque lo que exigen los dirigentes del PP, mala gente, es, precisamente, que el Gobierno incumpla la ley, echando o devolviendo a Marruecos a los que ya entraron en Ceuta. Bien lo saben ellos en Génova, pero cuanto peor, mejor, en su tradicional y miserable guerra de desgaste contra el Gobierno, todo vale para echar al perro Sanxe. Incluso el presidente Vivas, antes de convertirse en monaguillo de Feijóo y Abascal, era consciente de ello y así lo proclamó, justo el día antes, 29 de julio, de la entrada masiva: “Quien devolviera a los migrantes sin seguir el procedimiento estaría incumpliendo la Ley” y por tanto “cometiendo un delito”. De hecho, sobre el asilo, Vivas subrayaba que “en el momento en el que un adulto solicita asilo, y todos lo solicitan, ya no se puede retornar al país de origen. Imposible”. Y más aún en cuanto a los menores: “Las personas que llegan a Ceuta, en su gran mayoría son adolescentes, ninguno quiere retornar. Por lo tanto, es imposible”, zanjaba Vivas. 

Así que sabiendo lo que todos sabemos, ¿no sería de esperar una cierta colaboración, la que fuera, para que los ciudadanos ceutíes y el Gobierno del PP de aquella plaza pudieran respirar y acoger, por ejemplo, a menores en las comunidades que ellos presiden, tal y como recoge la ley? Ahí os pudráis, el Gobierno central, los menores y los habitantes de Ceuta de toda la vida. El Ojo ya lo ha dicho en más ocasiones: no esperen la menor ayuda de las huestes de Feijóo o Abascal - ¿usted sabe diferenciar a Tellado de Garriga? –, lo que nos lleva a decir al Gobierno que debe ser consciente de que todo lo que haya que arreglar tendrán que hacerlo ellos con su propia moto. Y admitir y apretarse el cilicio porque es impropio de un país decente el espectáculo del traslado de los inmigrantes a las carpas o que aún no sepamos, a estas alturas, de cuántos marroquíes, esto es, de personas, que no animales- malviven como desgraciados en las tierras ceutíes. Y los menores, ¿son 800, son mil? Queremos saber el número exacto, 932, un ejemplo, porque debemos conocer que ustedes los tienen controlados y están seguros de que Jalil, Farid y Amil están en la playa de El Trampolín o perdidos en un monte. ¿Más policías, más funcionarios? Pues hágase. Saquen el dinero de donde gusten -¿no estamos tan bien económicamente? - y demuestren dignidad y eficiencia.  

El ascenso de la extrema derecha en Europa que comentábamos al principio es otro síntoma más del descalabro mundial que se venía gestando desde hace años, los estragos del neocapitalismo, pero que la presidencia de Trump ha llevado al paroxismo. El desorden es gigantesco y, por tanto, reina el caos. Nos cuesta entender lo que está ocurriendo y, sobre todo, descifrar las conexiones entre unos acontecimientos y otros. Salgamos de la pereza: ¿ustedes entienden el acuerdo sobre Groenlandia-todavía rodeado de mil y una dudas que nadie ha aclarado- entre Dinamarca, país de la UE, y Estados Unidos? Y ya que mencionamos al país nórdico: ¿Ustedes, como el Ojo, se sorprenden de que la presidenta danesa, Mette Frederiksen, pertenezca al Partido Socialdemócrata y que sea la mejor aliada de la italiana Meloni en cuestión de inmigración? Y por seguir con Trump, ¿qué les parece el amorío con Delcy Rodríguez, Satanás hasta ayer mismo? Déjenme traer un último arcano: ¿A qué responde que un régimen árabe como el de Marruecos -y los países del Golfo, claro- haya condenado a muerte de manera salvaje y ruin a otro país árabe y a sus habitantes como Palestina, con ese acuerdo infame y deshonroso con el régimen criminal israelí de Benjamín Netanyahu? Y esa reunión de esta semana en la ONU, ¿de qué servirá? Seamos conscientes, aunque no sepamos dibujar con precisión milimétrica la línea de puntos que une a todos estos acontecimientos, que en todos estos casos, y en otros muchos, aparece la aberrante figura de Donald Trump junto las diabólicas fuerzas de las empresas de combustibles y de armamento. Sumen a los potentados de la IA de los que ya hemos hablado aquí. Como esos monstruos que destrozan el Universo cada dos por tres de las películas de Marvel. Ahora solo falta que entre todos nosotros encontremos a los correspondientes Spider-Man, Thor, el Capitán América o Iron Man. 

Claro que es un deseo vano, aunque quizá bastaría con la existencia de varios Mamdani o con políticas como esa líder de origen turco de Die Linke, Elif Eralp, que ha ganado en Berlín. Por cierto, con soluciones para la vivienda como estandarte. ¿Les suena? Al comienzo, recordémoslo, decíamos que solo la izquierda es capaz de frenar a la fuerza bruta de la extrema derecha, como se comprueba con los resultados alemanes. Vamos a verlo muy ponto en Francia. O Le Pen o la izquierda. Y también, por qué negarlo, entre la extrema derecha de Feijóo y Abascal, tanto monta, monta tanto, en esta España nuestra, camisa blanca de nuestra esperanza. Los finos analistas, tan circunspectos, lloran y gimen ante esta polarización, palabra tabú para ellos. No quieren ver lo evidente. Que desde hace muchas décadas, en el siglo XX hubo ejemplos para todo, la violencia estructural, el salvajismo y el rodillo de las ideas proviene de una derecha que ha ido recuperando los peores aspectos de la derecha más tradicional, el convencimiento de que ellos representan al orden divino, ese de que siempre ha habido, y por tanto debe haber por los siglos de los siglos, ricos inteligentes y pobres tontos, hombres fuertes y mujeres débiles, bien diferenciados y sin grises repugnantes, razas superiores y razas inferiores. 

Son ellos, esa derecha feroz, jaleada por unos medios de comunicación cómplices, quienes agreden, quienes emplean el rodillo de la fuerza, los que pisan las cabezas de quienes pretenden rebelarse ante ese orden tan injustamente desordenado. La polarización supone dos radicalismos de igual nivel. 

Y no. El extremismo violento, hoy por hoy, está en la derecha, la que se autodefine como moderada y la que no esconde su virulencia y agresividad, ahora convertidas en esa unidad de destino en lo universal. Eso es, como los de la CEDA y los falangistas, por ejemplo. 

Lucharemos todos juntos, todos juntos en unión, defendiendo la bandera de la Santa Tradición, que cantaba el Requeté durante la Guerra Civil.

Adenda. Seguramente tienen un punto de razón quienes creen que es dificilísimo luchar contra la mentira. Otros creemos que no tanto, si nos dejamos de vainas y gritamos una y otra vez, en alto y por derecho, digan conmigo, eso que dices, Isabel Díaz Ayuso, frutera o pescadera insolente, ¡es mentira! El sindiós del ático, claro, pero es que la señora es de siempre aficionada al embuste, la trola, la bunga y la jácara. Como aquel novio al que perseguía Hacienda. Mentira, decimos. O mucho más grave, aquella instrucción de su gobierno de 2020 que acabó con la vida de los 7291 ancianos de las residencias. Jamás hubo esa orden, contó la muy desahogada. Mentira y más mentira. Y para no hacerlo largo, el ático. Estaba acostumbrada la lideresa y su ángel de la guarda, el ínclito MAR, a que los concernidos por sus ataques prefirieran la buena educación a la pelea a garrotazos, pero ante la contumacia y el aumento en la agresividad, lenguaje grosero y a veces ininteligible de la reina del vermú, que unir frases lógicas no está al alcance de cualquiera, han dicho basta y cada mentira de la señora se va a enfrentar a la dura realidad. Hartos, los políticos de la oposición y los periodistas no van a pasar más insultos y vejaciones. Querrá la deslenguada huir de sus culpas, pero la van a perseguir hasta el infinito. Bastará con cambiar el hare krishna por el mantra de ático, ático. 

Solo falta que de esa desvergüenza sean conscientes, también, los votantes.  

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