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Almeida dinamita el San Antón animalista

El Ayuntamiento de Madrid ha prescindido de las entidades de protección animal, que le sacan las castañas del fuego cada día, en las fiestas de San Antón de este año

Con el gobierno de Manuela Carmena se instauró una fiesta de los animales para sensibilizar y concienciar, abierta a contar con todo tipo de asociaciones

"Quienes son más vulnerables pagan siempre el precio del revanchismo político, del sectarismo de esos gobernantes que se obsesionan con dinamitar todo lo anterior aunque sea bueno, aunque funcione"

Exposición de Fotopets, proyecto fotográfico solidario para difusión de animales abandonados. Palacio de Cristal del Ayuntamiento de Madrid, fiestas de San Antón, 2019

Exposición de Fotopets, proyecto fotográfico solidario para difusión de animales abandonados. Palacio de Cristal del Ayuntamiento de Madrid, fiestas de San Antón, 2019

Desde el año 2015, Madrid ha disfrutado de unas fiestas de San Antón en las que han participado decenas de asociaciones ecologistas y animalistas, la iglesia del Padre Ángel y miles de vecinos y vecinas. Una tradición que durante varios días reunía a la ciudadanía madrileña, desde los más pequeños hasta los más mayores, para celebrar el afecto hacia los animales y la especial relación que mantenemos con ellos. Al mismo tiempo, se ofrecían multitud de actividades informativas, educativas y de sensibilización sobre cuestiones como el abandono, la importancia de la adopción y la lucha contra el maltrato animal.

Sin embargo, este año el Gobierno de Almeida y Villacís, apoyado en Vox, ha sacado el hacha de guerra también contra los animales, recortando en más de un 80% la participación de entidades sociales, que pasan de 72 a 11, y de las cuales varias ni siquiera trabajan en la Comunidad de Madrid.

Las numerosas charlas informativas y de sensibilización que se daban en ediciones anteriores han sido reducidas al mínimo y sustituidas por desfiles de perros de trabajo y exhibiciones de adiestramiento canino. Un giro que no es menor, pues deja atrás el anterior enfoque, centrado en los derechos animales, con una mirada proteccionista y donde los animales eran los protagonistas. Ahora se pretende exaltar su valor como herramientas útiles para las personas: perros policía, de asistencia, de terapia, etc. El resultado es una programación con más animales como decorado pero menos protección animal.

El Ayuntamiento de Madrid se olvida, además, de la mayoría de entidades que literalmente le sacan las castañas del fuego para cumplir con sus obligaciones en materia de protección animal, pero invita a un reducido número de empresas y organizaciones cercanas que nadie sabe cómo ni con qué criterios se han seleccionado.

Asistimos a la completa exclusión de las entidades protectoras de gatos y cuidadoras de colonias felinas, algo incomprensible en una ciudad que cuenta con más de 1.700 colonias registradas. Su gestión, responsabilidad del Ayuntamiento, sale adelante gracias al trabajo voluntario de la ciudadanía que alimenta, atiende sanitariamente y esteriliza a los animales que viven en la calle, garantizando tanto su bienestar como la salud pública.

Tampoco se ha invitado en esta edición a ningún santuario de animales, refugios para todos los que no son perros ni gatos y cuya labor es imprescindible para dar cobijo y calidad de vida a centenares de caballos, aves, cerdos, gallinas, ovejas, animales exóticos, etc. Muchos de ellos, por cierto, proceden de abandonos y decomisos, y estas organizaciones los tutelan de por vida.

Frente al proceso de inscripción abierto que se daba bajo el mandato de Manuela Carmena, donde todas las entidades interesadas podían solicitar un espacio en la feria para poner un stand y dar a conocer su labor, ahora la opacidad y el secretismo empañan la organización de San Antón.

La política de cortijo, esa que se pasea por las instituciones como si fueran su coto privado, ha vuelto al Ayuntamiento de Madrid. Y ya ni siquiera una tradición popular y amable como la fiesta de San Antón se libra de su voracidad destructora.

Quienes son más vulnerables pagan siempre el precio del revanchismo político, del sectarismo de esos gobernantes que se obsesionan con dinamitar todo lo anterior aunque sea bueno, aunque funcione.

Es incomprensible esta falta de espíritu animalista en "la fiesta de los animales", en una ciudad cuyo centro municipal de acogida de animales tiene las puertas cerradas por saturación y en el país con más abandonos de Europa. La cuestión merece ser tratada con seriedad.

Prescindir del tejido asociativo y de la ciudadanía que diariamente pone su trabajo y sus recursos al servicio de la protección animal en una ocasión extraordinaria como San Antón es de una soberbia inaceptable por parte del Ayuntamiento de Madrid, que vuelve a evidenciar además su escaso aprecio por la participación ciudadana y por la transparencia.

Pero Madrid es una ciudad amiga de los animales, aunque su gobierno de PP y Ciudadanos apoyado en Vox esté más comprometido con la tauromaquia, con el exterminio de cotorras o con promover el uso de animales en los circos y cabalgatas que con el bienestar animal.

Dijo Víctor Hugo que no hay nada más poderoso que una idea a la que le ha llegado su tiempo, y el tiempo de los derechos de los animales ha llegado.

Por eso la ciudadanía madrileña seguirá exigiendo un San Antón abierto, participativo, inclusivo y donde los animales sean los protagonistas; un San Antón a la altura de la gente que cada día se deja la piel por construir una ciudad más amable y solidaria también con los animales. Aunque algunos, como Almeida, no nos lo perdonarán jamás.

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