La sequía en la isla más lluviosa. ¿Escasez de agua en La Palma o deficiente gestión de un recurso natural escaso?

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La escasez de agua en La Palma, a pesar de ser una de las islas más lluviosas, no es un problema de ahora porque han disminuido las lluvias o se ha producido un incremento de la superficie de riego, no, es mucho más antiguo. A lo largo del siglo XVII y en situaciones de emergencia como fueron las erupciones volcánicas, plagas de cigarrones o sequías, las autoridades religiosas acercaban, bajaban del monte de las Nieves a la iglesia de El Salvador, la imagen de la virgen para facilitar las rogativas populares en demanda de ayuda divina en momentos de emergencia. En este sentido, en la bajada del año 1676 con motivo de una grave sequía, fue tal la manifestación de fervor popular que el obispo de Canarias, don Bartolomé García Jiménez, dispuso que el traslado de la virgen se repitiese cada cinco años sin que estuviese motivada por una especial rogativa, de esta forma y, a partir de 1680, nacía la Bajada de la Virgen de las Nieves que se ha mantenido hasta la actualidad. (Fátima Bethencourt Pérez. “Historia de la Bajada de la Virgen de las Nieves”).

Con el paso del tiempo, el vínculo entre sequía y bajada de la virgen se fue debilitando porque era difícil establecer alguna relación causal, más allá de las posibles coincidencias meteorológicas. La realidad pluviométrica insular se imponía y periodos lluviosos se alternaban con otros de sequía y, unos 340 años después, la bajada del monte de dicha imagen se encuentra consolidada como la mayor festividad religiosa de la isla y, los palmeros, abandonados por el dios de la lluvia, todavía, no sabemos cómo resolver el problema.

El debate del agua en La Palma no es un problema técnico, es un problema de políticas de gestión de un recurso natural escaso que precisa ir más allá de los intereses creados y de confrontaciones política que bloquea los consensos necesarios para articular soluciones de futuro.

En primer lugar, una política hidrológica insular que, partiendo de un amplio consenso, más allá de los grupos de gobierno de turno, establezca una planificación para la gestión sostenible e integral del ciclo del agua en la isla. Desde una gestión pública para que sean viables los criterios de uso racional, ahorro, eficiencia, mantenimiento de los canales y la reutilización y, después, les toca el turno a los técnicos, expertos de varias disciplinas, para abordar el diseño y ejecución de las infraestructuras que son necesarias para garantizar el abasto de la población y la demanda de los cultivos en general.

En estos últimos meses hemos asistido en la isla a un polarizado debate en torno a la búsqueda de agua para solucionar la baja pluviometría que hemos tenido en los últimos años. Los dos posicionamientos coinciden en la perforación del acuífero como solución, unos, por la perforación horizontal, túnel de trasvase y, el otro, vertical, los pozos. Al mismo tiempo que esa confrontación tenía lugar, el agua estaba corriendo barranco abajo en diferentes puntos de la geografía insular.

Las imágenes que mostramos a continuación pueden ser una representación de algunas de las carencias que tiene la actual planificación hidrológica insular. Desde la perspectiva de acercarnos a un buen diagnóstico que es imprescindible para ver el camino de la estrategia de solución.

Falta añadir aquí la foto, que no tenemos, porque no sabemos a qué barranco van las pérdidas del agua de los abastos municipales. Pero en estos días hemos visto en los medios los datos del Ayuntamiento de Llanos de Aridane donde nos cuenta, su concejal de Aguas, como ejemplo de lo que habría que hacer en todos los municipios de la isla, que en el 2011 de cada 100 litros que entraban 60 no se sabía a donde iban parar y, de un chorro de 1000 pipas/h, después de subsanadas las pérdidas de la red, se ha pasado en el 2020 a uno de 312 pipas/h. con una reducción de costes de un tercio. Si tenemos en cuenta el dato del ICIA (Instituto Canario de Investigaciones Agrarias) de 11.430 m3/ha de consumo medio anual de agua en plátanos, con las pérdidas que había en el municipio de Los Llanos se regarían al año unas 500 fanegadas de platanera o se llenarían 2,5 veces La laguna de Barlovento ¿Cuántas fanegadas podríamos regar con las `pipas que se pierden en los catorce municipios?

A pesar de las actuaciones puntuales del cabildo en la reparación de canal de Barlovento-Fuencaliente, visto el panorama que tenemos, ¿hablamos de sequía o de una gestión del agua manifiestamente mejorable?

¿Hacen falta más fotos para saber lo que está pasando con la gestión del agua en La Palma y cuál es el rumbo que se debe seguir para una planificación racional e integral del ciclo de un recurso natural escaso? Es evidente que está lloviendo menos, pero, la causa de la escasez de este valioso recurso, que se observa en la isla más lluviosa, es más producto de una deficiente gestión que de la sequía.

No podemos seguir “esperando a que truene” para acordarnos de Santa Bárbara. Todas las administraciones locales de la isla están comprometidas con la Agenda 2030 de los objetivos de desarrollo sostenible. A ver cuando nos ponemos manos a la obra, porque lo que estamos haciendo con el agua en La Palma, tanto en los municipios como en el conjunto de la demarcación hidrográfica insular, no es precisamente una gestión sostenible.

Para acordarnos de Santa Bárbara sin esperar a que truene, es necesario diseñar una nueva cultura del agua que empiece cambiando su política de gestión hacia actuaciones más racionales y sostenibles que, buena parte de ellas, ya están contempladas en la Directiva Marco del Agua, 2000/60/CE del Parlamento europeo y en las normativas de transposición al ordenamiento jurídico español. Necesitamos que la gestión de este recurso se convierta, para el cabildo y los ayuntamientos, en una prioridad en el conjunto de la gestión del territorio.

Para terminar esta reflexión, desde un espacio de consenso con las comunidades particulares de aguas, como requiere la gestión un recurso tan importante para isla y, más allá de los proyectos políticos particulares, formulamos a continuación algunas sugerencias:

 1.-Si hablamos de una “Isla Bonita” y queremos que lo siga siendo, por lo que ello significa para la conservación del patrimonio paisajístico, hay que respetar el caudal ecológico insular, es decir, respetar el equilibrio hídrico de toda la demarcación hidrográfica y, por lo tanto, las necesidades de todos los seres vivos del ecosistema insular.

 2.-Una planificación de gestión pública donde los criterios prioritarios sean la racionalidad, el ahorro y la eficiencia que deben situarse, como es lógico, por encima de los intereses creados en el sector. En el sentido, de que solo se recurriría a incrementos del caudal a partir del acuífero, cuando la gestión sostenible del recurso sea insuficiente para atender la demanda.

 3.-Los cierres hidráulicos de las galerías, la reparación y mantenimiento de toda la red insular de canalizaciones, tanto del agua de los abastos municipales como de uso agrícola, debe constituir una prioridad en todos los presupuestos de las administraciones locales, ahorrando caudales, costes y, casi seguro, evitando los problemas de escasez del líquido elemento en verano.

 4.-Dicha planificación no debe olvidar que la gestión integral del ciclo del agua implica su reutilización, apostando, donde sean viables, por los sistemas naturales de depuración por ser más económicos y sostenibles. El modelo de gestión del agua que ha hecho la Mancomunidad del Sureste de Gran Canaria de los municipios de Santa Lucía, Ingenio y Agüimes, puede ser un referente a tener en cuenta.

 5.-La gestión sostenible del agua requiere, también, de una transición en el marco un nuevo modelo energético insular, que significa introducir las energías renovables en el sector para hacer frente a sus elevados costes energéticos y la reducción de su huella de carbono. Una descarbonización que forma parte del proceso de reducción de emisiones que se está produciendo, en estos momentos, en todos los sectores económicos de la isla.

Antonio Cabrera

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