Las trabajadoras del CAD de Sierrallana llenan de villancicos Peña Herbosa para exigir compromisos al Gobierno

Una veintena de trabajadoras del CAD de Sierrallana canta villancicos frente a Peña Herbosa.

Empleadas del Centro de Atención a la Dependencia de Sierrallana se han reunido este jueves frente a la sede del Gobierno de Cantabria para reclamar, a través de villancicos, que se mantengan todos los puestos de trabajo cuando finalicen las remodelaciones que el Ejecutivo pretende llevar a cabo en los próximos meses. Dos docenas de empleadas se han congregado para denunciar la situación por la que están pasando.

Lo que reclaman desde el centro es un compromiso por escrito y firmado, "un compromiso político por parte de todos", según subrayan. Desde la instalación sanitaria lo que buscan es que se convierta en un documento que una vez rubricado trascienda a los partidos políticos en el poder y se cumpla independientemente de quién gobierne. "No se trata de ir parcheando", ha explicado Amelia Ortiz, técnico sociosanitario del centro.

Las obras que el Gobierno va a realizar en el CAD de Sierrallana se prevé que vayan a repercutir en la extinción de varias plazas, lo que ha motivado las movilizaciones. No obstante, con la reapertura del CAD de Laredo, a priori, desde los sindicatos creen que reubicarán a cinco de los seis chicos que iban a perder su cama con la remodelación del edificio.

Otra de las consecuencias que han acarreado las obras, según los representantes de la plantilla, ha sido la reasignación de 24 personas atendidas -en el CAD de Sierrallana, un centro público- a la residencia El Asilo de Torrelavega, de carácter privado. Ortiz ha mencionado la posibilidad de trasladar también a estos pacientes al CAD de Laredo, que sigue siendo público.

Anteriores movilizaciones

Las obras del CAD de Sierrallana han despertado las críticas contra el Gobierno de Cantabria. Los trabajos de remodelación han conllevado el traslado de residentes y los empleados del centro sospechan que se trata de una "privatización encubierta" contra la que llevan meses movilizándose. 

En junio, toda la plantilla secundó una huelga, y en  el mes de julio los trabajadores amenazaron con encerrarse en un Consejo de Gobierno como nueva medida de protesta ante una situación que seguía manteniéndose tensa.  En agosto, se produjo una reunión insatisfactoria entre los principales implicados en el problema, que siguen manteniendo su lucha en la calle pese a las promesas del Ejecutivo bipartito.

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