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Primera Página es la sección de opinión de eldiario.es Cantabria. En este espacio caben las opiniones y noticias de todos los ángulos y prismas de una sociedad compleja e interesante. Opinión, bien diferenciada de la información, para conocer las claves de un presente que está en continuo cambio.

Chitín Mantilla: vivir lo suficiente para dejar un legado ejemplar

Conchita Mantilla Rodríguez.

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Si algo repiten, casi como un susurro compartido, la mayoría de las cerca de 200 personas que han compartido su historia en Legado Cantabria desde 2021, es que el tiempo corre, casi imperceptible. Pasa deprisa, demasiado deprisa. Y, aun sabiéndolo, a veces dejamos que el reloj se llene de obligaciones, aplazando —casi por inercia— los minutos que sí eran elección.

Hace apenas dos semanas, Conchita Mantilla Rodríguez (1935, Santander), a quien tuvimos la suerte de entrevistar en 2024, me escribía desde su hogar de Santander: el piso donde había vivido durante más de seis décadas y donde cada estancia conservaba algo de su historia. Quería presentarme a su amiga Valentina. Un café sencillo, compartido, de esos que se llenan de conversación. Pero el día —sus urgencias, sus tareas— me dejó fuera de esa mesa. Estar dispuesta no siempre significa estar disponible.

Hoy resuena aquel “otro día nos vemos” y su risa real, nacida de una vida larga y activa, atravesada por una época en la que abrirse camino siendo mujer exigía determinación. Ella misma fue una mujer todoterreno, capaz de desdramatizar las desgracias, presumir —siempre con orgullo— de sus seres queridos, restar importancia a sus propias peripecias y aliviar tristezas ajenas con una ligereza casi terapéutica.

Conchita no acudió a la presentación de 'La memoria no arde', documental en el que participaba. Ya no tenía fuerzas para salir. Su corazón, discretamente, empezaba a pedir descanso.

Semanas después, el domingo 22 de febrero, decidió marchar. El tiempo, ajeno a todo, siguió corriendo, pero su historia, como ella quiso, queda ya en la memoria compartida. Como escribió Henri Bergson, el presente se forma del pasado. Generosa, continúa habitándonos.

Tal vez ahí residía también una de sus certezas: no podemos frenar el tiempo, pero sí elegir cómo habitarlo. Quizá esa fue también su última enseñanza: a los 91 años, Conchita Mantilla Rodríguez decía haber tenido “muy buena vida”.

Nació el 26 de enero de 1935 en la calle Santa Lucía de Santander. Fue la primera hija de María del Carmen, maestra nacional, y Gabriel Mantilla, perito mercantil del Banco Santander. Tras la temprana pérdida del hijo mayor, Conchita pasó a ser la mayor de una familia de ocho hermanos. La llamaban cariñosamente Chitín.

Su infancia transcurrió entre Santander y Los Prados (Liérganes), acompañada por la figura constante de “la tata” y por la cercanía de su abuelo materno. Creció en un entorno familiar donde los relatos del pasado convivían con la experiencia directa de una época marcada por la posguerra. Entre las historias familiares más destacadas se encontraba la de su tía abuela materna, Maximina Pedraja, quien fue ama de cría del rey Alfonso XIII.

Entre los recuerdos más vívidos de su niñez destacan los veranos en la casa familiar de San Vicente de Toranzo; las visitas a “las Cariñosas”, las primas de la familia del guerrillero antifranquista José Lavín, 'el Cariñoso', en Los Prados; y la vida cotidiana en Santander, marcada por la lectura de cuentos de la librería Hispano Argentina, los paseos en bicicleta y los momentos compartidos en familia. Sin embargo, su infancia también estuvo atravesada por eventos trágicos: en 1940, perdió a su hermana menor en un accidente doméstico, y en 1941, el gran incendio de Santander le obligó a trasladarse temporalmente a Riolangos, camino a Vega de Pas.  

Grabación de la entrevista con Chitín Mantilla.

Conchita inició su formación académica a los cuatro años en el colegio de las Teresianas de Santander. Tras continuar sus estudios en una escuela privada de la calle que ahora se denomina Ataúlfo Argenta, ingresó en la Escuela de Comercio de Santander, donde se formó hasta los 17 años. Posteriormente se trasladó a Madrid para completar sus estudios de Perito Mercantil. A los 20 años, con el título de Perito Mercantil en mano, enfrentó la negativa de su padre, apoderado del Banco de Santander, a que se convirtiera en la primera mujer en trabajar en dicha entidad. Aquella decisión marcó un giro vital: Conchita se dedicó al hogar y cultivó su pasión por la costura.

Durante su juventud, participó en la Agrupación Lírica Montañesa con ensayos y representaciones de zarzuela en varios teatros, bajo la dirección de Simón Madrazo y Maripi González. También realizó el Servicio Social franquista, experiencia que formaba parte de las exigencias de la época: un mes en un comedor para personas sin recursos en la calle El Arrabal de Santander y tres meses en La Granja de San Ildefonso, requisito para participar en un intercambio en Toulouse con el fin de aprender francés. 

Conoció a Jesús Ruiz Rugama, 'Chisco', durante sus años de estudio. Tras un noviazgo de más de una década, contrajeron matrimonio en 1965, año en el que nació su único hijo, Jesús. En los primeros años, Conchita se dedicó al hogar y a la crianza, acompañando al mismo tiempo la trayectoria profesional de su marido, cuyo despacho alcanzó pronto prestigio. Jesús Ruiz sería después magistrado suplente y consejero de Presidencia en el primer Gobierno autonómico de Cantabria.

En 1967 Conchita asumió la dirección del Hotel Rex de Santander, establecimiento que gestionó durante más de tres décadas. El hotel fue negocio, proyecto vital y, en distintas etapas, también hogar familiar. Bajo su gestión, el Rex se consolidó como un referente de la hospitalidad santanderina.

A lo largo de su vida, Chitín Mantilla Rodríguez participó activamente en instituciones como el Ateneo de Santander, el Centro Cultural Matilde de la Torre, popularmente conocido como 'Las Matildes', la Cruz Roja (en calidad de vocal), entre otras. No obstante, su legado más significativo radica en su rol como cofundadora en 1985 de la Asociación de Mujeres Empresarias de Cantabria (ADMEC). Su labor en este ámbito no solo mejoró las dinámicas locales, sino que también favoreció la proyección a nivel nacional de las mujeres empresarias. Además, Conchita desempeñó el papel de tesorera nacional de la Asociación Española de Mujeres Empresarias (ASEME) durante un periodo de ocho años, contribuyendo a la visibilización del papel de las mujeres en el ámbito empresarial.

A principios de los años 80, Conchita desempeñó un papel clave como vocal y co-impulsora del Congreso del Skal Club en Cantabria, una iniciativa que fortaleció las redes profesionales en los sectores de hostelería y turismo e impulsó el desarrollo del turismo en la comunidad.

A finales de los años 90, “animada por Miguel Ángel Revilla”, se unió al Partido Regionalista de Cantabria (PRC), convirtiéndose en la primera mujer concejal de esta formación en Santander. Entre 1995 y 2004 ejerció como concejala de Servicios Sociales en el Ayuntamiento de la ciudad. Tras el cierre del hotel en 2000 inició una etapa entre Madrid y Cantabria, donde finalmente regresó. En sus últimos años mantuvo una vida activa, atenta a la actualidad y profundamente vinculada a su entorno más cercano. Su hijo y sus dos nietas ocuparon siempre un lugar central en su relato.

Quizá ahí resida también su legado más silencioso: haber vivido lo suficiente —y con la lucidez intacta— para decir que su vida fue una “muy buena vida”.

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