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Francisco Martínez Arroyo: “El futuro de la PAC pasa por destinar las ayudas públicas a la agricultura familiar”

Francisco Martínez Arroyo, exconsejero de Agricultura, Agua y Desarrollo Rural de Castilla-La Mancha acaba de publicar el libro 'El resurgir del agro. 10 retos'

Carmen Bachiller

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Ha pasado casi un año desde que saliese del Gobierno de Castilla-La Mancha. Francisco Martínez Arroyo fue hasta el verano de 2023, consejero de Emiliano García-Page. Durante ocho años le tocó lidiar con cuestiones tan complejas como el Almacén Temporal Centralizado (ATC) de residuos nucleares previsto para Villar de Cañas o con el agua, en particular la del trasvase Tajo-Segura, cuyos últimos capítulos todavía no han terminado de escribirse.

Ahora ha vuelto a convertirse en actualidad tras la publicación de su libro 'El resurgir del agro. 10 retos' (Editorial Agrícola, 2024) en el que realiza un análisis sosegado de las necesidades de un sector en el que, dice, “hay una revolución pendiente”.

Cree que “era un buen momento para hablar de agricultura de nuevo”. Sobre todo tras las movilizaciones en Alemania a comienzos de año  que se extendieron  otros países, entre ellos España. “Pensamos en un libro sencillo y didáctico que resumiera los retos del sector, también los que deben plantearse en el ámbito político, tanto nacional como autonómico e incluso europeo”, explica.

Charlamos con él en un conocido local del Casco Histórico toledano que, no lo oculta, le provoca cierta nostalgia. Pero ahora la etapa vital de este ingeniero agrónomo del Estado es otra. Ha vuelto a Madrid, a la sede del Ministerio de Agricultura. “¿Qué modelo de agricultura queremos?”, es la cuestión que deja sobre la mesa -y en el libro- a pocos días de las elecciones europeas del 9 de junio. Él lo tiene claro. “Toca ser valientes” con los retos agrarios.

¿A qué se refiere con la expresión el resurgir del agro?

Cuando el sector se moviliza en toda España, traslada sus reivindicaciones y pide reconocimiento social, creo que es el momento de plantear cómo conseguimos este reconocimiento social. Unos de los retos que planteo es que la sociedad, especialmente la urbana, debe darse cuenta de lo importantes que son la agricultura y la ganadería.

También planteo de qué forma estos sectores, que hoy deben ser necesariamente sostenibles, son importantes para nuestro futuro. Necesitamos garantías en la alimentación y en la seguridad alimentaria, con más controles. Y necesitamos mantener el medio ambiente, el uso sostenible del agua y tener jóvenes en nuestros pueblos.

Es un buen momento para traerlo al debate. Veremos qué recorrido tienen las propuestas que traslado en el libro. Algunas las avancé durante mi etapa como consejero en Castilla-La Mancha.

El libro es muy personal. Usted siempre ha defendido el modelo de agricultura y ganadería familiar porque lo considera “el verdadero ADN del sector agrario de nuestro país”

Sí, es un libro muy personal en esos diez retos que analizo. Lo hago con datos antes de realizar propuestas más o menos arriesgadas. Creo que el modelo de agricultura y ganadería familiar es clave para mantener un sector agrario y sostenible.

¿Por qué es clave?

Porque creo que es la base de la economía de muchas zonas rurales de nuestro país. Este modelo no pasa necesariamente por que los hijos de los actuales agricultores o ganaderos sigan con la explotación familiar - que también - sino por que lleguen nuevos jóvenes desde las zonas urbanas o desde otros sectores. Lo estamos viendo ya en zonas concretas de Cuenca y Guadalajara.

Esto es compatible con la agricultura familiar, digamos, más tradicional. Sin ellos no tendríamos esas agro-ciudades, que son fundamentales, por ejemplo, en muchas zonas de la Mancha. Y es lo mismo que ocurre en Tierra de Campos, en Castilla y León o en comarcas de la campiña del Guadalquivir, en Sevilla o en Córdoba.

El futuro de la PAC pasa por destinar las ayudas a la agricultura familiar, a los profesionales o a los jóvenes que se incorporan, creando bancos públicos de tierra y de agua para que puedan competir con las grandes explotaciones

Lo que hago es contraponerlo a otro modelo, también legítimo, pero al que no hay que dirigir los apoyos públicos. Me refiero al de las explotaciones dependientes de fondos de inversión y grandes empresas.

Si los recursos públicos son limitados no podemos distribuirlos por igual entre uno y otro modelo. Hay que priorizar. Soy muy ambicioso porque digo que el futuro de la Política Agraria Común (PAC) pasa por destinar las ayudas a la agricultura familiar, a los profesionales del sector y a los jóvenes que se incorporan, creando bancos públicos de tierra y de agua para que puedan competir con ese otro modelo.

No me gustaría que, dentro de unos años, nos arrepintiéramos porque en los pueblos o en las agro-ciudades de la Mancha, en vez de tener 500 emprendedores profesionales del sector, tengamos un único empresario cuyas decisiones se toman incluso fuera de España y solo pensando en la rentabilidad de accionistas o de un fondo que no sabe ni lo que se produce allí o que no va a pensar en la sostenibilidad del territorio.

Sin embargo, la creación de bancos públicos de tierra para la incorporación de jóvenes es interpretado por las derechas como una manera de expropiar tierras

Es absolutamente lamentable. Es una utilización demagógica y populista de algo que solo tiene intención de ayudar a los agricultores de nuestros pueblos. Lo saben bien especialmente los jóvenes que quieren incorporarse.

Los problemas que tienen para esa incorporación pasan por tener un tamaño mínimo de explotación para que sea rentable y para acceder a las ayudas y también al agua. De ahí la importancia de los bancos públicos, de tierra y también de agua. Estos últimos son quizá todavía más disruptivos.

El que está en contra de los bancos públicos de tierra está pensando en cualquier otra cosa que no sea ayudar a los agricultores de su tierra. Así lo dije en su momento y lo sigo pensando.

El reconocimiento social del sector agrario es urgente para su futuro. Que el sector se movilice es muy saludable. Otra cosa es la utilización de las movilizaciones por organizaciones ultra

¿Cómo ha visto las movilizaciones del sector agrario de los últimos meses?

Las he visto muy bien. Es bueno que el sector se haga ver llevando los tractores a la ciudad. Como concepto es bueno y no ha sucedido habitualmente.

Que el sector se presente en la ciudad y diga aquí estamos, somos importantes, es relevante. El reconocimiento social del sector agrario es muy necesario y urgente para su futuro. Si no se llega a los consumidores, y la mayoría están en las ciudades, estamos fallando.

Que el sector se movilice es siempre muy saludable. Otra cosa es la utilización que se ha hecho de estas movilizaciones desde otros ámbitos.

¿Se refiere a que ha habido utilización política?

Desde luego en algunos momentos sí. Por parte de algunas organizaciones, por supuesto. Eso no es bueno, sobre todo cuando se superan los límites democráticos por parte de algunas organizaciones ultras que han intentado capitalizar las movilizaciones. Así no se ayuda a los agricultores y ganaderos.

Veremos si se retoma la idea de una ley europea de la cadena alimentaria, con controles efectivos. Hay que implicar a los consumidores en la toma de decisiones

¿Es posible una agricultura y una ganadería sostenible, rentable y que el consumidor pueda pagar?

Creo que sí. Es quizá el tema más complejo de todos porque es la clave. No es el reto más importante porque por delante pongo el acceso al agua o el relevo generacional, pero es sin duda el más difícil

Hay mucho trabajo que hacer con la cadena alimentaria, aunque se haya avanzado. Debe haber compromiso del Estado y de las autonomías. Veremos si se retoma la idea de una ley europea de la cadena alimentaria, con controles efectivos. Hay que implicar a los consumidores en la toma de decisiones.

De momento las sanciones por incumplir la ley de la cadena alimentaria parecen laxas y además hay pocos inspectores

Desde luego no desincentivan a incumplir la norma. Ha habido avances, como el paquete legislativo asociado a la propia ley, que hace diez años no existían. El ministerio se acaba de comprometer con las organizaciones agrarias que han firmado un acuerdo de 43 medidas para el sector a incrementar controles y sanciones de la Agencia de Información y Control Alimentario (AICA). Hay que seguir en esa dirección.

Si el primer eslabón de la cadena alimentaria no es sostenible, acabaremos dependiendo del exterior para garantizar la alimentación. Además, todos los europeos perderíamos. Ahora hay un extraordinario nivel de exigencia en la seguridad alimentaria por parte de nuestros productores. Agricultores y empresas tienen que organizarse mejor para defender sus intereses. 

¿Le preocupa la imagen del sector que pueden proyectar casos judicializados como el de García Carrión o Solis?

No ayuda en nada y además los problemas se enquistan. Que una Denominación de Origen como la de Valdepeñas, tan antigua, esté todavía bloqueada en una situación de impasse permanente y que dependa, en la práctica, solo de dos empresas, no es bueno para el sector, en este caso del vino.

Ya no soy ya consejero, pero entiendo que la DO Valdepeñas debe ser una de las prioridades de gobierno en materia de agricultura. Ahora mismo. Es momento de renovación de verdad

¡Ojalá hubiera más bodegas compitiendo en Valdepeñas! Nos jugamos muchísimo. Para mí fue un tema recurrente durante los ocho años en la Consejería. La denominación de origen funciona, el vino se está vendiendo, pero claro… Falta un impulso.

Hoy tenemos agricultores vendiendo su uva a otras denominaciones de origen porque funcionan mejor.  Es una pena por lo que ha representado la DO Valdepeñas. No soy ya consejero, pero entiendo que debe ser una de las prioridades de gobierno en materia de agricultura. Ahora mismo. Es uno de nuestros nombres importantes.

¿Le ve salida a corto plazo?

Sí, pero eso pasa por constituir cuanto antes una organización interprofesional del vino renovada, con otro planteamiento y en la medida de lo posible con nuevas personas aportando nuevas ideas.

Es momento de renovación de verdad. Pasa por poner como representantes de las organizaciones a viticultores de la DO Valdepeñas, para empezar. Y luego dar entrada a bodegas más pequeñas en las decisiones. Están haciendo las cosas muy bien y no han tenido hueco suficiente.

Las interprofesionales se están limitando a la promoción. Deben reorientarse e incorporar a la distribución y a los consumidores en los órganos de decisión

En el libro habla de repensar el papel de las interprofesionales y también su estructura

Sí, porque ahora se están limitando a hacer promoción de forma genérica. Está bien, pero es insuficiente.

Las que tienen un planteamiento territorial deben reorientarse e incorporar a la distribución y a los consumidores en los órganos de decisión. Para eso nacieron. Las decisiones deben tomarse en función de lo que nos diga el mercado, el interior y el exterior, y que sean vinculantes.

Quise hacerlo creando una Interprofesional del Vino en Castilla-La Mancha. Al principio Cooperativas Agroalimentarias no lo vio, pero fue el germen de lo que ahora está en marcha. No sé si saldrá adelante. La idea en el territorio no es hacer promoción, que para eso está la interprofesional nacional, sino tomar decisiones de mercado en función de la demanda. 

Hay sectores que reclaman elecciones en el campo. ¿Usted qué opina?

Yo creo que el sector no las necesita hoy en día. Que existan de por sí no es malo, pero habría que hacer una reflexión previa: las organizaciones profesionales agrarias no son sindicatos sino organizaciones empresariales, como pueda serlo CEOE-CEPYME, tengan una u otra visión del campo o representen unos u otros intereses. El ministerio tiene un planteamiento que comparto y que pasa por ampliar la perspectiva de reconocimiento social de las organizaciones agrarias. Hacen falta interlocutores y deben serlo.

Se está trabajando en un cambio de modelo. Incluir a una nueva organización si tiene representación suficiente es una buena decisión. Eso no significa que deba haber problemas. Las elecciones pueden ser un mecanismo, pero no es necesario.

El sector agrario o la PAC, ¿pueden marcar la campaña electoral e incluso los resultados del 9J?

La PAC es una política muy importante a la que he dedicado mucho de mi vida profesional. Trasladar el mensaje de la relevancia de Europa no es fácil. Se sigue viendo como algo lejano. Al final se acaba votando muchas veces en clave nacional, pero es que allí se decide si las ayudas van al modelo de fondos de inversión o a la agricultura familiar, teniendo en cuenta las propias decisiones nacionales que son capitales.

Con la PAC lo que no puede ser que mantengamos un modelo en el que el 20% de los beneficiarios reciban el 80% de los recursos. Hay que tomar decisiones con valentía en España

Representa uno de cada tres euros del presupuesto comunitario que se distribuye en Bruselas a día de hoy. Eso a España le supone 6.500 millones de euros al año, nada más y nada menos. Por eso la balanza española en positiva y permite que no seamos un contribuyente neto. Todavía recibimos todavía más fondos de los que aportamos y eso es un milagro.

Lo que no puede ser que mantengamos un modelo en el que el 20% de los beneficiarios reciban el 80% de los recursos. Ha llegado el momento de cambiar. Hay que tomar decisiones con valentía en España. Es el momento de hacerlo.

La ministra Teresa Ribera es la cabeza de lista del PSOE a las elecciones europeas. ¿Cuál diría que es el mensaje del presidente Pedro Sánchez a Europa con esta apuesta?

Creo que el mensaje es que pone a una persona muy relevante de su gobierno, en relación además con temas de absoluta actualidad en la Unión Europeas. Ella es vicepresidenta con competencias en medio ambiente o en energía. Son dos puntales junto con la PAC.

Ha cosechado éxitos extraordinarios en la negociación política en estos años y lo ha hecho en momentos de dificultad para los ciudadanos de nuestro país. No somos conscientes. Creo que tampoco llega ese mensaje con suficiente fuerza. ¿Por qué en España se paga menos por la energía hoy? Fue su mérito a la hora de negociar en Bruselas.

Que Teresa Ribera sea responsable de las políticas medioambientales y no de las agrarias, no tiene por qué significar ningún problema. Su candidatura debe ser vista como oportunidad

Que sea responsable de las políticas medioambientales y no de las agrarias, no tiene por qué significar ningún problema si reorientamos la relación entre ambas cosas. Es lo que propongo. Son compañeros obligados de viaje.

Arriesgo mucho al decir que hay que ser muy exigente con las grandes empresas en el sector agrario. Son las que tienen impacto ambiental real: en el agua, en el suelo o en la biodiversidad y hay que ser menos exigente con los pequeños propietarios. La candidatura de Teresa Ribera debe ser vista como una oportunidad y me da la sensación de que algunos agricultores van muy por delante en este sentido que ciertas organizaciones agrarias.

Se va Ribera y dejará sin cerrar (o casi) el cambio de las normas de explotación del trasvase Tajo-Segura. ¿Qué puede esperar Castilla-La Mancha?

Debe esperar el cumplimiento de las sentencias del Tribunal Supremo al respecto. Y desde luego el compromiso del Gobierno de España en esa dirección. Es verdad que muchas veces los tiempos no se han cumplido y que es frustrante, pero ha habido muchos avances.

El compromiso del cambio de normas de explotación del trasvase no tiene vuelta atrás y no la tendría, creo, ni con un gobierno de signo distinto

La situación de los embalses de cabecera, si no me equivoco, es la mejor de hace 15 años. Los trasvases son automáticos, sí, pero se trasvasan 27 hm3 y no 38. La garantía del caudal ecológico en Toledo está sobre la mesa. No valoramos lo suficiente que una parte para consumo humano ya se esté quedando en la Mancha y dentro de poco en el Campo de Calatrava.

El compromiso del Gobierno no tiene vuelta atrás y no la tendría, creo, ni con un gobierno de signo distinto. El debate está cerrado desde el punto de vista de la gente con sentido común. Para regar en el levante hay que usar el agua de las desaladoras. Se está invirtiendo mucho en ellas y hay que invertir mucho más. Esa agricultura es fundamental. La sigo defendiendo, pero con agua de desalación.

Este martes participa en unas jornadas en Madrid sobre las Tablas de Daimiel y hablará de la agricultura en la zona. ¿Con qué mensaje?

Con el mensaje de que esa agricultura es compatible con el humedal porque no hay otra. Necesitamos una agricultura que utilice el agua más eficientemente. Hay que seguir en la línea de condicionar los rendimientos productivos en el viñedo y el grado alcohólico de la uva en su entrada en viñedo. Suponen ahorros de agua muy grandes.

Hay que reorientar el uso del agua en el Alto Guadiana y que se destine a los profesionales de la agricultura, con dotaciones reducidas en función de la capacidad de regeneración de los acuíferos y con cultivos alternativos

La propia regularización de los pozos supondría ahorro de agua porque se controlaría. Ahora eso no ocurre. La compatibilidad real es posible, pero hay que reorientar el uso del agua en el Alto Guadiana y que se destine a los profesionales de la agricultura, con dotaciones reducidas en función de la capacidad de regeneración de los acuíferos y con cultivos alternativos. Los leñosos lo son porque necesitan muy poquita agua. Es mi propuesta. Siempre lo ha sido.

¿Va a ser fácil justificar menos trasvases a levante y más al Alto Guadiana?

Hay que justificar solo los trasvases de agua al Alto Guadiana para beber. Lo mismo para el levante. No podemos caer en la incoherencia de pedir cosas distintas.

No hay que trasvasar nada de agua para regadíos. Las cuencas tienen que ser autosuficientes, incluso para consumo humano si se pudiera

También agua para consumo industrial del que se benefician ya algunas empresas, por ejemplo, en Villarrobledo donde producen uno de los mejores quesos de España con agua del Tajo.

No hay que trasvasar nada de agua para regadíos. Las cuencas tienen que ser autosuficientes, incluso para consumo humano si se pudiera. El modelo debe ser sostenible con un control mucho más estricto en el Alto Guadiana. Y desde luego el que incumple tiene que pagar sanciones muy altas. El compromiso debe serlo de las dos administraciones, e incluso contar con un colectivo profesional muy importante, el de los agentes medioambientales, para el control del uso del agua en el Alto Guadiana.

Calificaba de propuesta “disruptiva” la creación de bancos públicos de agua para la agricultura y ganadería en las diferentes cuencas hidrográficas. ¿Cómo?

En el Júcar fuimos capaces de hacer un proyecto piloto. Hoy en la Manchuela, en la provincia de Cuenca, se puede acceder a un banco público de agua que creamos en la planificación hidrológica, en colaboración con la confederación. Hoy si un joven quiere incorporarse allí a la agricultura, tiene un banco público de agua.  Vamos a ver cómo funciona. Es verdad que allí era más fácil al ser una zona sin sobreexplotar.

¿A quién recomienda el libro?

A todo el mundo. A los que están en el sector, a todos, a la parte privada y a la pública, pero también a quienes les gusta el campo y el medio rural. Es fácil de leer. El esfuerzo de síntesis ha sido muy grande. El mensaje es que hay futuro, toca tomar decisiones y hay que ser valientes.

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