Salarios bajos, externalizaciones y problemas de salud: las denuncias de las camareras de piso

Las camareras de piso denuncian precariedad laboral y problemas de salud

“No me paro. No como. No fumo. Apenas bebo agua durante seis horas de trabajo”. Carolina Martín es camarera de piso en Sevilla y, antes de acabar de limpiar una habitación, pone el cubo de la fregona en la puerta de la siguiente para reducir los segundos que tarda en pasar de una estancia a otra. No quiere “regalar horas” a su empresa. Ha hablado con compañeras que salen hasta 3 horas más tarde cada día, sin cobrar las horas extra, para poder acabar el número de habitaciones que deben limpiar durante su jornada laboral: “A esta gente no le importan las personas”, dice en referencia a su empresa. 

La precariedad tras el cartel de 'limpie esta habitación'

La precariedad tras el cartel de 'limpie esta habitación'

El departamento de pisos –los trabajadores destinados a la limpieza– representa aproximadamente un 30% de la plantilla de los hoteles. Este sector, formado en su gran mayoría por mujeres, sufre condiciones de precariedad que han sido denunciadas repetidamente. Las empleadas critican que sus salarios se han visto reducidos sustancialmente debido a la externalización de los servicios y afirman estar bajo unas condiciones laborales de una dureza que les provoca enfermedades óseas y musculares. Asimismo, consideran que las empresas ponen trabas a las que se organizan para reivindicar el cumplimiento de los convenios colectivos.

“Todas tenemos alguna enfermedad, o bien de huesos, o bien de músculos. O ambas”. Martín recuerda que tuvo un problema en la mano izquierda, fue a la mutua y la vendaron para que pudiera volver a trabajar. Quince días más tarde se había destrozado el nervio mediano del túnel carpiano por no haber descansado la extremidad. Gladys Medina, camarera de piso fija a tiempo completo en Tenerife, explica que en la isla han pedido que se realice un estudio epidemiológico acerca de las enfermedades que contraen estas trabajadoras como resultado de los movimientos frenéticos y repetitivos que llevan a cabo. De igual modo, Eulalia Corralero, camarera de piso en Lloret de Mar, destaca que “todas tienen problemas lumbares”.

Corralero lleva dieciséis años trabajando en la hostelería. Actualmente tiene un contrato de fija discontinua y una nómina mileurista, pero ella misma explica que “no es lo que se gana actualmente”, sino que “las que hemos aguantado estamos un poco blindadas”.

Esta situación de precariedad se enmarca en un momento en el que, según explica el investigador y comunicador social Ernest Cañada, el sector turístico ha hecho “una lectura muy a corto plazo de la crisis” y ha optado por maximizar sus beneficios. Una de las vías para hacerlo ha sido el ajuste de costes laborales, algo que ha repercutido no solo sobre las condiciones de los trabajadores, sino sobre "la calidad del servicio que se presta al cliente", argumenta Cañada.

La externalización, origen de los bajos salarios

Una problemática con la que se encuentran muchas de las camareras de piso en España es la externalización de servicios por parte de los hoteles. Esto es, tal como explica Cañada, que las trabajadoras contratadas directamente por el hotel pasan a estar contratadas a través de una empresa multiservicios, operación que rebaja su sueldo en un 40% aproximadamente. Ello se explica porque pasan de pertenecer del convenio de hostelería al de limpieza, según detalla Cañada, autor del libro Las que limpian los hoteles. El origen de estas externalizaciones de departamentos centrales en los hoteles se encuentra, asegura Cañada, en la entrada en vigor de la reforma laboral en 2012.

La externalización de estos servicios, sin embargo, se extiende de forma desigual. Gladys Medina explica que el convenio colectivo de hostelería de las Islas Canarias, por ejemplo, no permite hacerlo: “Aquí no sufrimos tanto la externalización porque los sindicatos y quienes han negociado los convenios colectivos se han preocupado mucho de esto, y aún sin saber los problemas que iba a ocasionar en el resto de España”. No obstante, Medina admite que las empresas “se las ingenian” para externalizar servicios igualmente o acaban contratando a través de Empresas de Trabajo Temporal (ETT).

Martín, camarera de piso en Sevilla, demandó a su empresa porque la diferencia salarial que suponía su externalización era de unos 10.000 euros. “Las empresas multiservicios son la lacra de nuestra profesión”, proclama. La trabajadora explica que en la actualidad hay empresas que están pagando menos de un euro y medio por habitación: “Para que una camarera gane 30 euros al día ¿Cuántas habitaciones tiene que hacer en seis horas?”, se pregunta.

Turismo de calidad

“No hay una explicación lógica a lo que está pasando”, valora Medina. Se refiere a que sus condiciones han empeorado pese que el sector turístico sigue en plena forma. En su caso, las Islas Canarias es uno de los primeros destinos que mantiene su ocupación de forma relativamente estable a lo largo del año. Así, la única explicación que encuentra a su situación laboral es que “el empresario quiere ganar cada vez más dinero y se pone objetivos cada vez más altos de recaudación”.

En este sentido, las cuatro trabajadoras entrevistadas coinciden al afirmar que la precariedad tampoco guarda ningún tipo de relación con el cliente al que está destinado el establecimiento. Es decir, independientemente de lo que pague la persona que disfruta la habitación, la camarera de piso que la limpia trabaja en las mismas condiciones. Corralero argumenta que las condiciones no se deben, como se suele argumentar, al efecto del low cost y lamenta que “para los empresarios  sinvergüenzas esto está siendo una panacea consentida por todos”. Medina añade por su parte que las afectadas no son sólo las camareras de piso, sino “todos los compañeros de hostelería”.

“Los interiores del ‘turismo de calidad’ en Sevilla no son de calidad, son de explotación y precariedad”, afirma Martín, quien, a través de la asociación que preside, 'Camareras de pisos de Sevilla', busca conseguir una mayor “dignidad” para las personas del sector. La trabajadora cree que los empresarios “se aprovechan de la necesidad” y recuerda que el sector está muy feminizado: “La mayoría somos mujeres, que tiramos para adelante nuestra casa solas porque nuestro marido está en el paro”, explica.

La feminización del sector ha conllevado, incluso, casos de discriminación salarial por sexo. En Tenerife, por ejemplo, según explica Medina, Comisiones Obreras detectó un plus de productividad que suponía pagar un 90% menos a las camareras que a otros trabajadores de un puesto mayoritariamente masculino, que se situaban en un mismo nivel retributivo. Los datos concretos se sitúan en una diferencia de más de 350 euros. Así, se ha denunciado a 11 hoteles y se denunciarán 41 empresas, algunas de las cuales “ya han reconocido que había discriminación”.

Entre la organización y el miedo

“Mis compañeras ya saben que si se acercan a mí van a tener problemas, así que me hacen el vacío”. Medina explica que su contrato como delegada de personal impide que pueda ser despedida, pero a la vez afirma que desde su empresa le asignan “los peores trabajos” para evitar más denuncias.

Las represalias tras plantar cara a las condiciones laborales actuales no parecen incidentes aislados. María Ramos (nombre falso de una camarera de piso en una localidad de la Costa Brava) recuerda el caso de una compañera en Málaga que, según explica, fue despedida por unas declaraciones realizadas en Facebook, así como por pedir la readmisión de trabajadores que habían sido substituidos por empleados de ETT: “Sabíamos que la despedirían buscando cualquier motivo porque era un incordio”, aunque aclara que “no es lo habitual” que se den represalias por las protestas. Por su parte, Martín explica que la empresa en la que trabajaba han recibido 30 denuncias, y las únicas tres personas que han quedado de todas las que denunciaron están siendo perjudicadas por la empresa: “Les hacen la vida imposible para que ellas mismas se vayan”, afirma.

A pesar del miedo que existe entre las camareras de piso ante la posibilidad de perder su puesto de trabajo o de ser represaliadas con unas peores condiciones, Medina cree que la mentalidad del colectivo está cambiando “al ver el éxito que hemos tenido en algunos hoteles”. La trabajadora explica que en el sur de Tenerife se han llevado a cabo asambleas a las que han asistido un centenar de personas y, por otra parte, hay una mayor predisposición a denunciar ante inspección de trabajo: “Llevo 13 años trabajando en la hostelería y antes las camareras de piso no se atrevían ni a hablar en los pasillos”, recuerda.

Corralero, que fundó el grupo de Facebook Las Kellys en Barcelona, explica que cuando se presentó a las elecciones sindicales de Comisiones Obreras sufrió “mucho acoso” por parte de sus superiores: “Siempre tenía más trabajo que las demás, me mandaba al peor piso y salía reventada”. Para ella, esta organización de camareras de piso es también un punto de apoyo a través del cual se comparten experiencias entre las trabajadoras.

Respecto a la coordinación con los sindicatos, si bien muchas camareras de piso están sindicadas, algunas creen que estas organizaciones de trabajadores son las culpables de haber firmado convenios colectivos que las perjudican e invisibilizan, mientras que otras consideran los sindicatos como la única vía para ejercer denuncias vinculantes. Ramos cree que desde el sindicato “tienes más armas para llegar ante inspección de trabajo”.

Por otra parte, Martín explica que decidieron crear la Asociación de Camareras de Piso de Sevilla para “tener un poquito más de voz propia y no depender de sindicatos, aunque ellos nos han ayudado a denunciar”. En su caso, recuerda que fueron a la Junta de Andalucía a pedir una propuesta de ley, pero critica que  “Susana Díaz ni se dignó a levantar la cabeza del papel”. Conseguir que las empresas que se denuncian lleguen a modificar las condiciones laborales de sus trabajadoras es un proceso lento. Martín explica que hay empresas declaradas culpables por el Tribunal Supremo que siguen vulnerando la ley porque van recurriendo las sentencias: “Una amiga que denunció conmigo tiene el juicio en 2018”.

Con todo, ninguna de las cuatro trabajadoras consultadas considera que este año haya pasado en vano. Medina cree que se trata de una demanda que, por haberse extendido en el tiempo, ha sumado a más gente. Hoy por hoy, el único enemigo declarado de estas empleadas, tal como reafirma Martín, es la desinformación acerca de los derechos laborales que están en disposición de reclamar y, en segundo lugar, el temor que las lleva a no exigir su cumplimiento: “Hay que luchar por lo tuyo. El miedo debe terminar”, sentencia.

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Publicado el
23 de agosto de 2016 - 06:00 h

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