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Los comuns tumbarán los presupuestos de Barcelona y obligarán a Collboni a someterse a una cuestión de confianza

El alcalde Jaume Collboni, en una reunión con la exalcaldesa Ada Colau el pasado julio

Sandra Vicente

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Los comuns no cambiarán de opinión y el próximo viernes tumbarán los presupuestos del Ayuntamiento de Barcelona. Igual que ya hicieron la semana pasada con las cuentas de la Generalitat, los de Ada Colau han mantenido el veto hasta sus últimas consecuencias. En este caso, exigían a Jaume Collboni que, a cambio de su voto positivo, les ofreciera un pacto para gobernar conjuntamente.

El Plenario de Barcelona en Comú ha tomado la decisión de manera contundente a menos de 48 horas del Pleno Municipal: 165 votos a favor de votar negativamente a las cuentas, 5 en contra y 5 en blanco. En concreto, la pregunta planteada ha sido: “En caso de que el PSC mantenga su negativa a acordar un gobierno progresista amplio antes del Pleno Municipal del 22 de marzo, ¿das tu apoyo a la decisión de votar en contra de los presupuestos municipales de 2024?”

Con esta decisión, los comuns descartan el “cheque en blanco” que, según apuntan, habría supuesto votar a favor de los presupuestos sin garantías de poder entrar a formar parte del gobierno. Los de Colau critican el “rumbo a la derecha” del PSC, a quien acusan de haber “deshecho proyectos emblemáticos” de la exalcaldesa y le afean que no haya sido capaz de llegar a la votación de las cuentas con un “gobierno progresista y estable”.

Después de meses de negociaciones a tres bandas que han contemplado a los comuns, ERC y Junts, el alcalde insiste todavía en desvincular la aprobación de los presupuestos de cualquier conato de pacto de gobierno, aunque en ningún momento ha cerrado la puerta firmemente a establecer un posible tripartito entre ERC y los comuns una vez las cuentas estuvieran aseguradas. Esto ha sido suficiente para los republicanos, que se comprometieron a dar su 'sí' en la votación de este viernes. Pero no ha bastado para los de Ada Colau.

A pesar de ello, Collboni se muestra tranquilo y asegura que Barcelona tendrá presupuestos para este 2024. El socialista conseguirá, efectivamente, aprobar sus primeras cuentas, pero lo hará a cambio de un desgaste político. Y es que la única manera de que los presupuestos salgan adelante es que el alcalde se someta a una cuestión de confianza.

Si, salvo sorpresa de última hora, la votación sale negativa, se convocará un pleno extraordinario que vinculará las cuentas a la cuestión de confianza. Si no se presenta ningún candidato alternativo que obtenga una mayoría de apoyos -lo cual, con la actual fragmentación del consistorio y el veto cruzado entre Junts y Barcelona en Comú, es complicado-, Collboni sería reafirmado automáticamente como alcalde y sus cuentas serían aprobadas.

Este es un mecanismo que Ada Colau ya se vio obligada a usar en su primera legislatura y, como en aquél caso, hoy también evidenciará que el gobierno municipal en minoría (Collboni cuenta con sólo 10 concejales de 41) será un camino muy difícil si el alcalde decide recorrerlo en solitario.

Tres presupuestos caídos en una semana

Esta decisión de los de Colau se debe leer en paralelo al avance electoral en Catalunya. El miércoles pasado los comuns también se negaron a aprobar las cuentas de la Generalitat, en este caso de ERC, si el Govern no se comprometía a descartar definitivamente el proyecto del macrocasino Hard Rock. Aragonès no cedió y los comuns tampoco, lo que provocó que el president convocara elecciones ocho meses antes de lo previsto.

Y, como consecuencia de eso, en Moncloa, el presidente Pedro Sánchez renunció a los presupuestos generales del Estado de 2024 y ordenó ponerse a trabajar directamente en los de 2025 en vista que las negociaciones iban a complicarse demasiado.

Y es que el propio Aragonès reconoció haber llamado a la vicepresidenta Yolanda Díaz para que intentara convencer a los comuns de retirar su veto al Hard Rock y aprobar las cuentas, que ya tenían el apoyo asegurado del PSC. “Pedro Sánchez estaría enfadado”, aventuró el president. Con todo, Ada Colau aseguró que la líder de Sumar “respetó la autonomía de los comuns” y ella misma mostró su apoyo a la decisión de sus compañeros de partido en el Parlament.

De hecho, los días posteriores al adelanto electoral catalán, muchas de las miradas se dirigían a Colau, a quien se responsabilizó de la decisión de los suyos en el Parlament. El propio president Pere Aragonès la acusó de “no haber ayudado” a que los comuns aprobaran las cuentas de la Generalitat, insinuando la voluntad de mantener la tensión a ambos lados de Plaça Sant Jaume para conseguir el ansiado pacto de gobierno en el Ayuntamiento.

La exalcaldesa tildó la acusación de “decepcionante” y pidió al president que rectificara sus palabras. “Sólo me faltaba eso, que me culparan de todo en Catalunya. Le pediría al señor Aragonès que no me responsabilice de su fracaso”, apuntó.  

Una gobernabilidad incierta

De tener que someterse a una cuestión de confianza, se constatará que Collboni necesitará un socio de gobierno para sobrevivir al mandato, algo que ya se intuía desde el momento en que Collboni tomó la vara de mando.

Durante meses las negociaciones para sumar a un socio tuvieron como diana a Xavier Trias por un lado y por otro a Ada Colau, quien reclamaba un “gobierno progresista” a tres que sumara también a ERC. A pesar de que los socialistas se mostraban más próximos a Junts -y así lo demostraron con diversos pactos y acuerdos políticos-, las conversaciones fueron enfriándose a medida que los republicanos entraron en el terreno de juego.

A pesar de que su nombre sonaba a menudo, ERC no empezó a negociar con Collboni hasta que Ernest Maragall dejó el liderazgo del partido en manos de Elisenda Alamany, quien, a las pocas semanas de empezar a sentarse con los socialistas, rubricó un pacto que garantizaba el voto favorable de los suyos a los presupuestos a cambio de aplicar una serie de políticas y medidas. No a cambio de un pacto de gobierno.

Paralelamente, mientras la relación entre ERC y el PSC se afianzaba tanto en el Ayuntamiento como en la Generalitat, el vínculo con Ada Colau se rompía. Son bien conocidas las desavenencias -personales y políticas- que separan al alcalde y a la exalcaldesa. De hecho, llegaron a pasar más de tres meses sin reunirse, a pesar de que las negociaciones para los presupuestos estaban en su punto álgido. Y, después de esta decisión de los comuns, se espera que la relación se tense todavía más.

A día de hoy sigue siendo una incógnita cómo Collboni va a sobrevivir a los más de tres años que le quedan al frente del Ayuntamiento de la capital catalana. Tras el anuncio de los comuns, la opción del tripartito se muestra más lejos que nunca. Si Collboni sólo consigue sumar a ERC, su gobierno seguiría estando en minoría con 18 concejales. Y con los comuns en la oposición y con Junts “decepcionados” por la gestión del alcalde, el mandato no va a ser fácil para Jaume Collboni.

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