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Opinión - Cómo estar en política sin estar. Por Esther Palomera

Collboni se distancia de Colau y revierte diversas medidas icónicas en sus primeros 50 días de gobierno

Operarios municipales eliminan la peatonalización de la calle Pelai.

Sandra Vicente

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Jaume Collboni hace ocho semanas que es alcalde y ya ha marcado un cambio de rumbo firme respecto al modelo de ciudad que asentó Ada Colau durante sus ocho años de mandato. A 50 días escasos de la toma de posesión, el socialista ya ha anunciado que revertirá diversas medidas icónicas del anterior gobierno, del que además que formaba parte como número dos de la alcaldesa. La última de ellas, y quizás la más polémica, ha sido la decisión de revertir la peatonalización de la céntrica calle Pelai.

Y le ha faltado tiempo para llevarla a cabo. El día después del anuncio, Pelai amanecía con operarios municipales tapando con pintura gris los dibujos de colores con los que la exalcaldesa Ada Colau inició la pacificación de esta avenida en 2021, a raíz de la cual los peatones ganaron 1.500 metros cuadrados al coche.

La intervención de la calle convierte el espacio caminable en 136 plazas de aparcamiento de bicicletas y motocicletas y 20 plazas DUM (Distribución Urbana de Mercancías) de carga y descarga. “Este espacio ha tenido un uso inexistente por parte de los peatones”, ha apuntado la primera teniente de alcalde y concejala de Urbanismo y Movilidad, Laia Bonet.

Según el consistorio, la reforma del espacio atiende a “usos que sí son imprescindibles”, en referencia a la necesidad de aparcar vehículos privados y de realizar la carga y descarga de mercancías para comercios de la zona. Pero muchos de estos establecimientos no coinciden con la percepción del Ayuntamiento y aseguran que la zona peatonalizada sí era usada por los peatones.

“Había bastante paso de gente, sobre todo porque en la acera de enfrente pega mucho el sol en verano y todo el mundo iba por la sombra”, explica el dependiente de un estanco, a quien le parece “una faena” para los peatones que hayan retirado la franja caminable. Pero los afectados no sólo serán quienes van a pie: tanto él como los responsables de otros tres comercios de la calle afirman que sí que vieron incrementar su clientela a raíz de la pacificación del espacio.

“Esta es una calle muy concurrida y, si está a petar, no tienes ganas de pararte a mirar escaparates”, se lamenta una dependienta, quien también destaca que el negocio mejoró a raíz de la pacificación. De hecho, que las ventas aumentan en calles peatonales no es sólo una percepción de los comerciantes, sino que ya fue confirmado por un estudio de la Universidad de Tokyo, el MIT, el Istituto di Informatica e Telematica y el BBVA.

Quienes sí están contentos con el cambio son los hoteles y restaurantes de la zona. “Ahora los taxis podrán aparcar en la puerta”, dice un trabajador de uno de ellos. Pero no es cierto: las plazas de aparcamiento serán solamente para bicicletas y motos. También podrán estacionar vehículos que descarguen mercancías, pero no personas. Aun así, mientras los operarios seguían pintando, diversos taxis ya se estacionaban en lo que ayer era una pacificación.

Los primeros cambios

Los comuns han recibido con indignación y asombro la decisión de su exsocio de gobierno de “desmantelar” el urbanismo de Colau, tal como destaca la concejala de la formación y exresponsable del área de Urbanismo, Janet Sanz. “Esta acción de marketing que quieren echar a andar es, en realidad, un retroceso”, opina Sanz, quien considera que la decisión del nuevo Ayuntamiento “no va en la misma dirección del modelo consolidado que tenía Barcelona”.

Ese mensaje es precisamente el que quiere dar el nuevo alcalde. La remodelación de Pelai es el tercer giro de timón respecto a la herencia de Colau anunciado en apenas dos semanas. El primero de ellos fue eliminar el límite de velocidad a 30 km/h en los entornos escolares fuera del periodo lectivo. Así, se permite ir hasta a 50 km/h cerca de un colegio por las noches, los domingos y festivos y durante todo agosto. Se trata de una medida que responde a una “demanda ciudadana”, tal como lo definió Bonet.

Con todo, Collboni está dedicando diversos guiños al usuario del vehículo privado (sea coche o moto), un colectivo que fue muy beligerante contra todas las políticas de movilidad del Ayuntamiento de Barcelona durante la era Colau. Tal era su presión que, estando todavía en el gobierno, todos los grupos municipales –a excepción de los comuns– votaron a favor de una propuesta que paralizó la adjudicación de nuevas supermanzanas hasta que se hiciera una evaluación de su impacto.

En esta línea, otro de los guiños de Collboni al coche ha sido licitar la redacción de un informe que analice la movilidad de la Via Augusta, una calle de la zona alta de Barcelona en la que se acaba de estrenar un polémico carril bici muy demandado por los ciclistas y muy criticado por los conductores, que se resistían a perder un carril en una de las entradas a Barcelona. El estudio, que tendrá un coste público de 18.000 euros, es visto por el colectivo ciclista Barnabici como una “excusa a dedo” del alcalde para deshacerse de cualquier medida que comporte quejas de los conductores.

Por su parte, desde los comuns se muestran tranquilos tanto por la evaluación de este carril bici como por la de las supermanzanas. Consideran que pasarán el filtro y que se trata de una manera de marcar perfil por parte del nuevo gobierno. Ahora bien, lo que sí preocupa entre los de Colau es “la ausencia de proyecto de ciudad” de Collboni, según aseguran a este medio fuentes de los comuns.

En plenas negociaciones para un gobierno con los comuns

Revertir la peatonalización de la calle Pelai, eliminar la limitación de velocidad en las cercanías a los colegios y poner bajo lupa el carril bici de Via Augusta son los primeros –pequeños– tanteos de un gobierno que quiere distanciarse de su antecesora. Son modificaciones en áreas muy características de la era Colau, pero de calado discreto. Collboni todavía no ha ido a por las joyas de la corona, pero todo apunta a que los próximos golpes de timón sí podrían hacer tambalear la herencia de su predecesora.

Una de las reversiones que más polvo puede levantar es la revisión del planteamiento hotelero de la ciudad (PEUAT), uno de los logros de los que Colau saca más pecho. Mientras la exalcaldesa centró buena parte de su mandato en intentar recortar el número de plazas turísticas en Barcelona, Collboni ya ha afirmado que puede acoger 4.000 más. Y, a pesar de que hoy el centro es una zona vetada para la construcción de nuevos hoteles, el socialista ya ha abierto la puerta a hacer “alguna excepción” para abrir “hoteles joya”.

Otra de las medidas estrella que puede acabar en la papelera es la normativa que obliga a las promotoras a dedicar el 30% de nueva construcción a vivienda social. Collboni ya ha dejado muy clara –en diversas ocasiones– su intención de derogar este texto debido a sus “escasos” resultados. Pretende cambiarlo por otro en que las constructoras no reserven pisos en los edificios nuevos, sino que paguen al Ayuntamiento para que sea la administración la que construya vivienda pública. Una vivienda que está planteada en la periferia de la ciudad y que Collboni necesita para cumplir su promesa de ampliar el parque público en 25.000 pisos.

Estas reformas pondrían fin a algunas de las medidas más controvertidas de Colau, que le han costado no pocas críticas por parte del sector inmobiliario y el hotelero, que hasta han llegado a llevarla ante los tribunales en diversas ocasiones.

Collboni se ha emplazado a derogar esta normativa el próximo otoño. Coincidiendo con el momento en que se retomarán las negociaciones para una hipotética entrada de los de Colau en el gobierno de Collboni. Los socialistas hacen ostentación de la vara de mando y no parecen dispuestos a virar el ritmo que ha tomado su gobierno ni a ceder ante quienes mandaban antes. Pero, a la vez, saben que aprobar unos presupuestos sin más apoyos que el de los 10 concejales de su partido es una tarea ardua y jamás ha cerrado la puerta del todo a la exalcaldesa.

Por su parte, los comuns aseguran que no participarán de “geometrías variables”. “Los presupuestos y la acción de gobierno deben ir de la mano”, dicen, reiterando que los votos que convirtieron a Collboni en alcalde no eran gratis. Pero también repiten la necesidad que tiene Barcelona de un “gobierno progresista de 24 concejales” (del PSC, los comuns y ERC), sin esconder las ganas y la intención que tienen de volver a entrar en el gobierno.

Sólo han pasado 50 días desde el inicio del mandato socialista y es pronto para saber qué rumbo tomará la ciudad en los próximos cuatro años. De momento, lo único claro es que hoy la calle Pelai ha perdido 1.500 metros cuadrados para caminar.  

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