Has elegido la edición de . Verás las noticias de esta portada en el módulo de ediciones locales de la home de elDiario.es.
Sobre este blog

Ciencia Crítica pretende ser una plataforma para revisar y analizar la Ciencia, su propio funcionamiento, las circunstancias que la hacen posible, la interfaz con la sociedad y los temas históricos o actuales que le plantean desafíos. Escribimos aquí Fernando Valladares, Raquel Pérez Gómez, Joaquín Hortal, Adrián Escudero, Miguel Ángel Rodríguez-Gironés, Luis Santamaría, Silvia Pérez Espona, Ana Campos y Astrid Wagner.

El espejismo de la libertad en la era de las burbujas ideológicas, la segmentación y la violación de la intimidad

Campaña publicitaria de una entidad bancaria con una inquietante pregunta retórica

El acceso pleno que tenemos a la información en nuestros días nos da una falsa impresión de libertad. Es falsa porque este acceso no es tan pleno. Lo hemos visto con las denuncias de Edward Snowden, y las persecuciones que sufren Julian Assange y Chelsea Manning. Pero más falsa aún porque existen barreras más sutiles, aunque sumamente eficaces, que nos alejan de la realidad. Entre estas barreras se encuentra el fenómeno de las burbujas ideológicas y culturales. Del mismo modo que nos rodeamos de personas afines y tenemos poco contacto con personas de niveles culturales, económicos o ideológicos muy diferentes, las empresas tecnológicas nos envuelven en una burbuja tecnológica que nos acompaña, nos guía y nos aísla mientras navegamos y mientras usamos las redes sociales, creando lo que se conoce como cámaras de resonancia o cámaras de eco online. Poca gente es consciente de esa pertinaz burbuja y eso es lo que le confiere su efectividad. El creador del concepto, el ciberactivista Eli Pariser, define esta burbuja como “el ecosistema personal de información que ha sido provisto por algoritmos”. Este filtrado automatizado de la información que nos llega conocido comofiltro burbuja se nutre de todas las decisiones adoptadas y miguitas de información dejadas por el usuario en la navegación de la web y en interacciones con aplicaciones diversas. En la confección de esos algoritmos se tienen muy en cuenta informaciones como el perfil que el usuario sube al registrarse en páginas, aplicaciones y redes, el historial de búsquedas y la ubicación geográfica. La misma tecnología que te hace llegar “información relevante para ti”, sirve igualmente para que equis productos y servicios que sin duda te interesan, te salgan más caros en momentos de especial necesidad (batería baja, dificultades financieras) o vulnerabilidad (inseguridad, depresión, menstruación). El coste (y la renovación o no) de algunos seguros de salud dependen ya directamente de los hábitos “reportados” por tu “wearable” o tu “e-health service” favorito. Parece ciencia ficción, pero no lo es.

Las burbujas han sido denunciadas y defendidas, pero no son tan conocidas como debiera. Es evidente que estas burbujas traen ventajas tanto a la empresa, corporación o entidad que las genera o las contrata, como al usuario encapsulado en ellas al beneficiarse de una información que puede serle muy útil para sus intereses. Pero no es menos cierto que estas burbujas constituyen potentes armas de doble uso en la arena política y generan espacios cerrados de información (y desinformación) que hacen a los ciudadanos más vulnerables a la manipulación. La polémica está, por tanto, servida. Pero más allá de la polémica está la evidencia de una sociedad polarizada alrededor de temas sin duda controvertidos. Pero que ignora que tanto el filtro de información, como la exacerbación de las fracturas sociales, han sido interesadamente inducidas desde fuera de España.

La base de la burbuja es la información y la propaganda segmentada. Estasegmentaciónes aceptada y aceptable para cuestiones como la talla del calzado o las preferencias del fondo de pantalla, pero empieza a ser inaceptable cuando se realiza a partir de nuestra identidad sexual, religiosa o política. La sociedad no acaba de reaccionar ante esta propaganda segmentada porque no es consciente del origen y del uso de la información que se genera sobre nosotros desde el mismo momento que buscamos un piso de alquiler, leemos un periódico, o subimos una foto a una red social. Nadie reacciona ante algo que ignora y en este principio se ha movido Facebook durante lustros, por ejemplo. Hasta que ha tenido que aclarar el uso que hacía de la información de sus usuarios, cambiarlo y pedir disculpas. Para dimensionar las implicaciones de esta segmentación tengamos en cuenta que cada vez más gente lee las noticias a través de las redes sociales. Este año, en EE.UU. el 55% de los adultos leen las noticias en las redes sociales, y la información que reciben por esta vía está claramente segmentada. Para apreciar la magnitud de la cuestión, algunas cifras:

1.-El 93% de las búsquedas en internet se realizan a través de Google.

2.- El servicio te devuelve resultados distintos dependiendo de quién seas.

3.-Y más de la mitad de las veces, ni siquiera salimos de Google para consultar la fuente original.

Las empresas que fabrican productos quieren venderlos y para lograrlo emplean una herramienta básica e imprescindible a día de hoy: la publicidad. En pleno siglo XXI la publicidad online estáganando terreno a los medios tradicionales y no solo las empresas se han dado cuenta: la política ha entrado en el terreno de la publicidad en la web, siendo Facebook y Google sus mejores vallas publicitarias. Tanto es así que ambas plataformas han desarrolladopolíticas depublicidad específicas para este tipo de propaganda e incluso portales de transparencia en los que podemos observar cómo, por ejemplo, el partido Unidas- Podemos ha gastado 548.376 € desde marzo de este año en anunciarse en Facebook, o que entre todos los partidos políticos españoles en las distintas plataformas de Alphabet (Google)se han gastado 553.600 € en 7.453 anuncios también desde marzo. ¿Está la política entrando en internet como si del producto de una empresa que quiere darlo a conocer se tratase? Es posible, aunque en este punto hay que recordar el concepto de segmentación, por el cual todos tenemos un ciberperfil que es y será usado para orientarnos en nuestras próximas compras. La introducción de la publicidad política en redes sociales e internet es relativamente nueva y quizás por ello empieza a toparse con varios problemas. La proliferación de fake news y la capacidad de hipersegmentación que permite enseñar “ese” mensaje a “ese” perfil de votante son hoy por hoy, motivo de preocupación para cualquier democracia.

Después de ver las barbas en Reino Unido y EEUU cortar,la Unión Europea,Rusia e Israel pusieron las suyas a remojar. Urge regular las campañas electorales online de una forma sensata y flexible. Sólo hace falta examinar el detalle maniático con el que está regulada la publicidad electoral tradicional en la LOREG para entender su importancia. Y no será fácil: la potencialidad de las nuevas tecnologías, y las exiguas diferencias de intención de voto entre bloques políticos en la actualidad sólo pueden incentivar ese empujón extra que permita ganar en la photo finish por una nariz. Quizás se trate sólo de una tecnología que se tiene que pulir, pero es probable que, además, se tenga que observar más de cerca por sus profundas implicaciones éticas y socioeconómicas.

La sociedad no reacciona ante lo que desconoce, pero sí que reacciona ante la vulneración de sus derechos fundamentales tan pronto tienen la más mínima sospecha de ello. Cuando se hace público y se explica con claridad que se infringe nuestro derecho a la intimidad, surgen movimientos de protesta que cuentan con apoyo social. Un ejemplo reciente y clave en este sentido lo tenemos con la lista viernes. Esta lista, análoga de la Lista Robinson, fue creada por un grupo privado de especialistas en protección de datos y en el Reglamento Europeo General de Protección de Datos, y estuvo motivada por el movimiento sincronizado de los partidos políticos españoles de cruzar la línea roja entre el derecho a la privacidad y el uso de la información personal que está disponible en internet. Porque todos los partidos políticos españoles se pusieron –hace ahora un año– sorprendentemente de acuerdo para aprobar un precepto –el 58 bis 1– que les permitiría clasificarnos en función de nuestra ideología política. Y todo ello en nombre de un inconcreto interés general y sin garantías específicas que permitieran discernir hasta dónde llegaba tan generosa (y arbitraria) habilitación legal. ¿Fue osadía? ¿ignorancia? Afortunadamente, el precepto es historia.

Parte de este disparate se logró revertir gracias a la acción de varios grupos de juristas que prepararon sendos borradores de recursos con un moderado apoyo social. El recurso definitivo fue interpuesto por el Defensor del Pueblo y el tribunal Constitucional sentenció que se violaba, ni más ni menos, la Constitución Española. Con esta lista y el recurso que al final prosperó se reconquistaron una parte de los derechos de algo que nos afectaba a todos. La Declaración Universal de los Derechos Humanos y la Carta de los Derechos Fundamentales de la Unión Europea consagran los derechos a la intimidad y la defensa de la persona en su totalidad impidiendo el dar a conocer datos sobre su religión, su política o su vida íntima. En otras palabras, todo ser humano tiene el derecho fundamental de mantener su vida privada, la cual no puede ser revelada ni siquiera a una persona muy cercana, ni al tutor legal, en el caso de los menores de edad. Es triste constatar que los distintos partidos políticos que nunca se ponen de acuerdo para nada importante fueran capaces de pasar esta ley por unanimidad y no tener el más mínimo reparo en violar el derecho universal a la intimidad y a la privacidad de las personas.

Con la declaración del Tribunal Constitucional se disolvió la lista viernes, recuperándose en parte el equilibrio entre tecnología y privacidad en nuestro país. Pero debemos permanecer atentos. De hecho, solo se declaró nulo el apartado 1 del artículo 58 bis (el que permitía a los partidos recopilar información sobre las opiniones políticas de los ciudadanos), mientras que otras partes del artículo, que permiten a los partidos captar datos de internet para enviarnos spam electoral, siguen en vigor. Seguro que no será la última vez que se intenten forzar los derechos a la privacidad de las personas para el beneficio de un grupo o entidad concreta. La Unión Europea, a través de su Reglamento General de Protección de Datos, lidera a nivel internacional la legislación que protege la privacidad de las personas, poniendo coto a las pretensiones de la tecnológicas y las grandes corporaciones de forzar a que los usuarios elijan entre el acceso a la aplicación o a las redes sociales y su privacidad, cuando la normativa obliga a garantizar ambas cosas. El hecho de que sea la Unión Europea quien lidera esta política de legislación protectora podría estar ligado al hecho de que no existe en el ámbito europeo una corporación con la capacidad de lobby como existe por ejemplo en los EE.UU. con Facebook, Microsoft o Google por ejemplo. Debemos permanecer atentos porque incluso en Europa estos tres gigantes están haciendofuertes y crecientes presionespara modificar en su favor la protección de la privacidad de las personas. La falta de empatía cada vez más patente en nuestra sociedad se nutre del crecimiento de estas burbujas que nos aíslan no sólo de personas desconocidas que viven en realidades que ignoramos, sino incluso de nuestros vecinos, amigos y familiares. Las situaciones polarizadoras que generan facciones enconadas que no se comunican entre sí, como el conflicto catalán, el Brexit o la segregación entre Republicanos y Demócratas en EEUU, deberían hacernos reflexionar sobre la deriva a la que nos está llevando la sociedad de la (des)información.

Muchos cedemos nuestros datos alegremente en internet (“porque no tenemos nada que ocultar” decimos algunos), sin ser conscientes de cómo y para qué son usados. Sin saber que contribuyen a redefinir con precisión creciente los límites de nuestra burbuja particular. Diferimos mucho en nuestro celo por nuestra privacidad, pero convergemos en al menos una cosa: a nadie le gusta que le aíslen de la realidad.

Para mas información:

With Facebook’s Coming News Tab, Only Some Will Get Paid

Facebook está creando su propio “tribunal supremo global” para juzgar disputas sobre libertad de expresión

Facebook corta el uso masivo de WhatsApp para la próxima campaña

“Estamos creando una sociedad de fanáticos que viven felices en burbujas selladas” – Entrevista a Oriol Bartomeus

Un directivo de Twitter reconoce que los votantes del Brexit fueron víctimas de “filtros burbuja”

No filter: my week-long quest to break out of my political bubble

The geographic embedding of online echo chambers: Evidence from the Brexit campaign

The myth of the online echo chamber

Sobre este blog

Ciencia Crítica pretende ser una plataforma para revisar y analizar la Ciencia, su propio funcionamiento, las circunstancias que la hacen posible, la interfaz con la sociedad y los temas históricos o actuales que le plantean desafíos. Escribimos aquí Fernando Valladares, Raquel Pérez Gómez, Joaquín Hortal, Adrián Escudero, Miguel Ángel Rodríguez-Gironés, Luis Santamaría, Silvia Pérez Espona, Ana Campos y Astrid Wagner.

Etiquetas
stats