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Culturas

Antoine de Saint-Exupéry: el aviador que unió a los hombres

Se cumplen 70 años de la desaparición del escritor francés

Saint-Exupéry sentía pasión por volar (http://bit.ly/1defL9I)

Saint-Exupéry sentía pasión por el vuelo (http://bit.ly/1defL9I)

No soy un entusiasta de las conmemoraciones. El aniversario de la muerte o del nacimiento de un gran individuo, de un acontecimiento político, o de una hazaña patriótica, no suele conllevar más que una repetición de tópicos sobre la fecha celebrada, de la que enseguida nos olvidamos; o unos cuantos eventos rutinarios y desganados, como realizados por obligación; si es que la conmemoración no se utiliza para una apropiación partidista: la figura de Albert Camus (1913-1960), símbolo de la independencia intelectual, fue reivindicada en 2013 tanto por políticos de la derecha, que en su día le atacó por criticar las torturas practicadas por el ejército francés en la guerra de Argelia, como por gentes de la izquierda, que no dudó en acusarle de traidor cuando Camus denunció las purgas estalinistas.

Las efemérides proporcionan sin embargo un buen pretexto para leer a un autor con ojos nuevos, para descubrirlo, o para conocer su obra más allá de los prejuicios que, con frecuencia, sirven de excusa para ahorrarnos el esfuerzo de entrar en su universo. En un mundo como el actual, donde la arrogancia de lo novedoso arrincona a escritores fundamentales que damos por sabidos sin haberlos leído, los aniversarios nos recuerdan, como la voz puntual de la conciencia, qué autores han superado la crítica literaria del tiempo, sin duda la más exigente.

Ahora que se cumplen setenta años de la desaparición —aún no se ha hallado su cadáver, aunque sí restos de fuselaje del avión que pilotaba— de Antoine de Saint-Exupéry (Lyon, 1900 – Mar Mediterráneo, cerca de la costa de Marsella, 1944), es el momento propicio para profundizar en la obra y en la apasionante biografía del autor de Le Petit Prince, libro con el que millones de estudiantes se inician cada año en el aprendizaje de la lengua francesa; pero, sobre todo, para leer los demás títulos que Saint-Exupéry publicó en su corta vida, libros menos conocidos pero también portadores de la dimensión humanista del escritor francés.

Autor de vida y obra indisolubles, del que Umberto Eco dijo que «no se sabía si escribía para volar o si volaba para escribir», Saint-Exupéry perteneció, como Jack London o Joseph Conrad, a la desaparecida estirpe de escritores aventureros que reflejaron la épica de sus oficios en sus creaciones literarias. Si Conrad recreó en sus novelas la vida de los marineros en los mares del Sur, y London retrató los trabajos humildes que desempeñó hasta poder vivir del periodismo, Saint-Exupéry, quizá poeta en prosa más que novelista, plasmó en sus libros la deslumbrante belleza de los desiertos que sobrevolaba en el avión del correo postal, la soledad del aviador nocturno que cumple con su deber aun a riesgo de perder la vida.

No en vano, Antoine de Saint-Exupéry —emblema junto al mítico Jean Mermoz de los tiempos heroicos de la aviación francesa— fue uno de los primeros pilotos en establecer la línea de correo aéreo entre Francia y Senegal. En 1926, año en que ingresó en la compañía Latécoère, las comunicaciones y la señalización eran precarias, y las averías en los aparatos se producían con frecuencia, a veces en zonas como el Sáhara, donde los europeos eran recibidos con hostilidad. En su primera novela, Courrier Sud, publicada en 1929, se narran las peripecias de Jacques Bernis, alter ego del autor y piloto de la línea Toulouse-Dakar, que renuncia a una vida apacible con su amante Geneviève por el peligro y la aventura del correo aéreo.

Saint-Exupéry alcanzó muy pronto la madurez literaria. A los treinta y un años, cuando pilotaba en la línea Santiago de Chile-Mendoza-Buenos Aires, publicó la que quizá sea su mejor obra de ficción: la novela Vol de nuit. En esta obra con tintes de epopeya, el lector se enfrenta al conflicto moral que representan los personajes de Rivière, organizador de los peligrosos vuelos nocturnos a través de los Andes, realizados por rutas aún sin establecer; y el de la mujer del piloto Fabien, que pierde a su marido en uno de los vuelos. La historia plantea dos dilemas capitales en toda la escritura de Saint-Exupéry: el de si es justificable poner en riesgo —y a veces perder— vidas humanas con el fin de impulsar las comunicaciones y el progreso, y el de si es preferible optar por una existencia aventurera y susceptible de gloria a otra cómoda y anodina.

Entre la aparición de Vol de nuit y la de su siguiente libro, Terre des hommes, transcurrieron ocho años. Entre medias tuvo lugar una de las experiencias decisivas en la vida del escritor: el accidente en el Sáhara libio al que sobrevivió in extremis, tras varios días de caminata, gracias al auxilio fortuito de un beduino. Este episodio, acompañado de las reflexiones que le asaltaron durante el trance, aparece admirablemente descrito en el ensayo autobiográfico Terre des hommes, el cual contiene la mayor parte de su pensamiento, además de un valioso testimonio sobre los pioneros del correo aéreo.

Setenta años después de su desaparición, la obra de Saint-Exupéry sigue, pues, teniendo plena vigencia: sus libros representan un canto al compañerismo y a la lealtad entre humanos, y justifican la vocación de piloto que le llevaría hasta la muerte: «La grandeza de un oficio quizá radica en unir a los hombres».

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