Pacto o miseria

“Com tot allò perdut que no s’oblida,

són paraules escrites contra el temps

amb la cal·ligrafia blava de les ones

I els llavis emmudits i emblanquinats”

Jaume Pèrez-Montaner, 2017

Si fracasan los políticos (estatales, autonómicos y municipales) y los gestores públicos, sólo quedan los agentes privados(empresas) y la Administración Institucional. Entes intermedios de la sociedad( Cámaras de Comercio, corporaciones, patronales, sindicatos, consejos, fundaciones, instituciones y entidades con subvenciones públicas permanentes) que tienen su reconocimiento legal. Todos --sectores públicos, privados y el intermedio espacio institucional-- tienen la misión y la responsabilidad de comprometerse en el esfuerzo común. Para que la sociedad y los ciudadanos progresen.

Inviables

Los valencianos tienen la sensación de que ha pasado una apisonadora por sus vidas durante dos meses. Por ese camino se fueron las promesas, las ilusiones y las esperanzas. El Estado español de las autonomías ha resultado hecho trizas y a los valencianos no les queda más que vagas insinuaciones. De un lado, el frente gubernamental de PSOE y U. Podemos. La alianza entre Pedro Sánchez y Pablo Iglesias. Si eran remotas las reivindicaciones esenciales del País Valenciano antes del 14 de marzo de 2019, ahora son inviables. Desde la crisis sanitaria a la económica, social y territorial. Al fondo la dura y costosa recuperación.

Poderes

El gobierno de Sánchez ofrece 16.000 millones de euros—de recompensa-- que no tiene, a las autonomías. La mayor parte de este hipotético botín irá, como siempre ha ocurrido, a Madrid y Catalunya. El País Valenciano queda al final en la cola del racionamiento. La Generalitat Valenciana, de Ximo Puig y Mónica Oltra, no ha conseguido que el reparto se haga en función del número de habitantes. Criterio objetivo que históricamente se regatea a los intereses valencianos. Las fuerzas que puede esgrimir la Comunitat Valenciana se cifran en 32 diputados. Entre ellos, todos, menos uno, obedecen a disciplinas marcadas desde la sede estatal (Madrid) de sus partidos: PSOE, PP, Ciudadanos, U. Podemos y Vox. Joan Baldoví es el único representante electo de la Comunitat Valenciana que puede decidir su voto de acuerdo con los intereses valencianos.

Idea fuerza

En situación económica muy deteriorada, desde el inicio de la pandemia, aleja—“sine die”-- la expectativa de normalizar la financiación justa, por parte del Estado central. Compromís, ante la imposibilidad de conseguir la idea fuerza de su programa político—financiación e inversiones-- tendrá que plantearse su papel en el ejecutivo de la Generalitat y en el apoyo parlamentario en las Corts Valencianes, que preside el secretario general del Bloc Nacionalista Valencià, Enric Morera. La ciudad de València es el segundo bastión político de la Comunitat Valenciana, cuyo Ayuntamiento preside Joan Ribó, de Compromís. Afronta el segundo gran reto de la Comunitat Valenciana frente a la frustración de ver truncadas sus expectativas. La Generalitat que, de hecho y sin lógica, actúa desde el PSPV, en modo contrincante. La oposición al gobierno municipal la ejercen implacables, PP (Maria José Català), Ciudadanos (Fernando Giner) y Vox. València y su área metropolitana albergan 1.200.000 habitantes, más del 20% de la población del País Valenciano. Núcleo de conurbación del que depende la imagen autonómica y su potencial político.

Deterioro

Las peculiares dificultades por las que atraviesa la Comunitat Valenciana tienen su origen en cuestiones políticas, que desembocan en deterioro financiero por incapacidad, desconcierto económico, crisis cultural y desvertebración social .La indefinición identitaria es cada vez más patente entre las tres provincias, las comarcas, las villas y los pueblos, ante un área de vida en común –la Generalitat Valenciana—incapaz de ejercer el liderazgo autonómico por miserias políticas. Gobiernos con mayorías ajustadas pesan. La presión demagógica de los partidos de la oposición proclaman su visión patrimonial del poder. Como si el Consell del Botànic les hubiera sido arrebatado ilegítimamente por las fuerzas progresistas. Las que ganaron las elecciones autonómicas. Este panorama sigue siendo la cruda realidad. Ha acrecentado las tensiones que genera.

Recortes

El torbellino desestabilizador causado por la epidemia vírica, ha puesto de manifiesto la debilidad del entramado político-económico- social valenciano. Incapaz de afrontar con solvencia, sobre todo sanitaria, el impacto de contagios, equipos de protección, hospitalización y capacidad de UCI. Causados por los recortes y el desconcierto, que padece el sistema de salud valenciano. Viene desde el intento de sustituir la sanidad pública por un sistema de gestión privada. Estas debilidades han quedado de manifiesto y demuestran su fragilidad.

Línea sur

Nefastas las operaciones financiero-hospitalarias de Manises, La Ribera, o Dènia junto a las irregularidades delictivas en la gerencia del Consorcio del Hospital General de València o el descabellado desmantelamiento de La Fe en Campanar. La crisis de 2008 frustró la operación inmobiliaria junto a la Rambleta, todavía pendiente. Han conseguido desequilibrar la asistencia hospitalaria de referencia hacia la zona sur de la ciudad. La línea clínica formada por la nueva Fe, el hospital doctor Peset y el General. Al norte ha quedado el Arnau de Vilanova. La distribución territorial hospitalaria está descompensada. Ante la incapacidad de los nuevos políticos para rehacer el modelo sanitario. Viciado éste por las conocidas ambiciones inmobiliarias y la pretensión de llevar al sistema público de salud al descarrilamiento.

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Publicado el
6 de mayo de 2020 - 13:45 h

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