Joan Sifre: “Las grandes políticas son la industria, las políticas sociales, no si es País o Comunidad”

Joan Sifre, exsecretario general de Comisiones Obreras en el País Valenciano, en la sede del sindicato.

Cuando se negoció el texto que daría a la Comunitat Valenciana la capacidad de autogobierno, Joan Sifre (Alzira, 1949) llevaba casi una década en la organización sindical Comisiones Obreras. Licenciado en Filosofía y Letras, fue elegido secretario general para la organización valenciana en 1996, que capitanearía hasta 2009.

El reconocido sindicalista coordina los actos para el 40 aniversario de la aprobación del Estatut d'Autonomia de la Comunitat Valenciana, que arrancaron el 1 de junio, sin la participación de la derecha. La elección del lema, que incluye la expresión “fer país”, ha sido el argumento para no acudir a la celebración, mientras el Ejecutivo autonómico realiza una llamada al consenso.

En estos meses de preparación del aniversario habrá podido hacer un balance de los 40 años de autogobierno.

He leído bastantes cosas y hemos repasado la historia. Creo que el tiempo coloca a la gente en una posición más madura. El autogobierno es una pieza importante, con independencia de que unos aspiraran a más o a menos. Desde el principio hubo un compromiso autonómico, una gran manifestación de 600.000 personas en Valencia... También por impacto del asesinato de Miquel Grau, pegando carteles para esa manifestación del Nou d'Octubre. Había clima de reivindicación. En los plenarios anteriores al Consell preautonómico había un compromiso de las fuerzas políticas de conseguir la mayor cuota de autogobierno.

La consellera de Participación de la Generalitat Valenciana, Rosa Pérez Garijo, comentaba en el acto del aniversario del Estatut que los pilares del Estado de Bienestar se han desarrollado con el autogobierno. ¿En este sentido, qué significa el autogobierno para los valencianos?

En la Constitución hay una serie de competencias que se han de gestionar desde los gobiernos autonómicos. Son temas claves como la sanidad, la enseñanza y otras políticas de bienestar: políticas formativas, de empleo, las llamadas políticas activas. Es la concreción del principio de subsidiariedad; la relación con los ciudadanos y sus demandas se ha de hacer a través de los gobiernos autonómicos.

Una de las partes del aniversario es la reflexión a futuro. ¿Cómo se puede profundizar en las competencias de autogobierno?

Desde mi punto de vista, no se trata tanto de ampliar las competencias, aunque algunos temas están por desarrollar, como de prever determinadas cosas que nos pueden afectar. Está pendiente la reforma del título octavo de la Constitución, el papel del Senado como cámara territorial o la financiación, pero también las inversiones del Estado, cuestiones a negociar. Creo que sería bueno que eso se hiciera con unos criterios coherentes con la descentralización que consagra la Constitución. No es una graciosa concesión del Gobierno central, es una negociación con las comunidades autónomas para esas coberturas. Las conferencias de presidentes no tienen que ser una concesión, tienen que ser algo instituido que responda al planteamiento federal, que se reconozca la pluralidad y diversidad, y por tanto la identidad del pueblo valenciano, y que se asuman derechos y deberes.

¿Entonces, entiendo, salvo por la reforma del Senado, el marco legal es suficiente pero se debe profundizar?

Sí, pero hay que avanzar más. La sociedad ha cambiado: está el reto tecnológico, el paro juvenil, el capital humano que representa tantísima gente que ha cursado sus estudios y se tiene que ir a Alemania a desarrollarse. Se trata de darle cauce y eso es tarea de Gobierno y de la sociedad civil, que no todo lo solucione lo público. El pueblo valenciano no asumió el autogobierno como algo propio porque se nos negó la capacidad del referéndum previsto en el artículo 151 -de la Constitución-, ni siquiera esa decisión dependió de él. Por lo tanto, creo que cada día hay que asumir la voz de ese pueblo y los poderes públicos tienen esa obligación.

¿Que se negara la posibilidad de ratificar la autonomía por la vía del referéndum afecta a la cultura de participación que hay hoy? ¿Qué implicación tiene?

Cuando el pueblo valenciano se vio en la tesitura de aceptar el proceso autonómico era importante, para constituirse como sujeto político, poder refrendar los acuerdos a los que habían llegado las fuerzas políticas. Por la vía del artículo 143 -la que finalmente se usó- no estaba previsto. Se pronunciaron los ayuntamientos en las elecciones municipales, pero no todas las vías fueron limpias: se dijo que la Comunitat Valenciana no cumplía los requisitos -para el referéndum- y Andalucía, que tampoco, sí lo hizo. Pero eso hay que superarlo, no puede ser un trauma. Lo conocemos y lo sabemos; a partir de ahí, a ser sujetos cada día. Los que votaron el referéndum y los que no tenemos el reto aquí, cara al futuro. Qué pasa con la industria valenciana y los sectores tradicionales, qué calidad de servicio se puede prestar con este tipo de empresa, cómo construimos un sistema financiero que atienda a la financiación, no a la especulación, las políticas sociales. Estas son las grandes políticas, no si esto es un país o una comunidad. Eso son mangarrufas para huir de los verdaderos debates.

Hace poco se presentó un libro, País Valencià. Present i futur, coordinado por Gustau Muñoz y Vicent Olmos, en el que se indica que hay aspectos en los que somos potentes, y en otros tenemos los problemas endémicos de siempre: el tamaño de la empresa es insuficiente, los criterios de gestión son autoritarios, la participación de los diferentes agentes que intervienen en el proceso productivo... necesita cierta democracia, reparto de la productividad, de los rendimientos.

Cuando se habla de la Transición y de la aprobación del Estatuto a menudo se habla de un clima de consenso al que apelar. En el acto del jueves, el expresidente Joan Lerma vino a romper esa idea del clima idílico, en el que todos hablan, se ponen de acuerdo, cuando el proceso dice que no fue así. ¿Comparte esa visión? ¿Qué recuerdo tiene de ese clima?

Creo que había excesivo peso de las fuerzas políticas. Los representantes cumplieron muy bien su misión: llegar a consensos, superar formas de Estatuto que no iban a ser viables en el marco constitucional. Tuvieron una gran labor, con ciertos bloqueos y operaciones nada claras. Creo que Lerma quiso reconocer la capacidad de llegar a acuerdos de aquellos que se tuvieron que encerrar para sacar un texto elaborado conjuntamente, que contara con las fuerzas mayoritarias.

La capacidad de ceder.

La capacidad de ceder, de pactar. El diálogo es fundamental en política. Me parece un poco triste que en un tema común surjan estas actitudes, sobre todo si la motivación no está ahí, sino en las elecciones.

Decía hace un momento que las grandes políticas son las económicas y sociales...

A la gente lo que le interesa es tener esas coberturas, una capacidad de vida, un futuro para los jóvenes, el reconocimiento de los derechos de la mujer y los derivados de las cuestiones de género; los derechos fundamentales de educación, sanidad, protección social.

¿Con este clima ve posible grandes acuerdos para resolver esas cuestiones? Si la derecha renuncia a un acto porque pone país.

Es difícil, ¿pero qué no lo es? La sociedad líquida se ha hecho gaseosa.

Casi efervescente.

(Ríe). Los principios se han de dimensionar a una situación y a un ritmo que es completamente diferente. La cuestión es saber adaptarse y sacar oportunidades.

¿Qué es “fer país”?

Es una alocución que se utilizaba en los años sesenta para reivindicar la identidad valenciana. Se refiere a la reivindicación de los fueros tras la Guerra de Sucesión, la idea fundacional del antiguo Reino de Valencia, que Jaume I no incorporó a la Corona de Aragón, sino que creó instituciones propias, que se pierden con la guerra.

¿Y hoy qué significa?

Esa locución tan utilizaba por aquellos que demandaban autonomía, reconocimiento de la identidad, asumieron ese lema como el esfuerzo cotidiano de quién trabaja por lo común, y la llamada a las otras partes a reconocer esa diversidad. Que tiene muchos elementos comunes con los otros miembros de la Corona de Aragón, del actual Reino de España... uno es lo que es, no se inventa una identidad cada día. Esto es lo que históricamente fue.

En el discurso hacía referencia a “tener un país normal, racional y solidario” y a “conocer el territorio y sus costumbres”

Difícilmente se pueden hacer buenas políticas respetando la identidad y la diversidad propia si no conoces la lengua, la cultura, las costumbres, el territorio; si no participas en el asociacionismo, no te implicas en mejorar el campo propio. Eso es fer país: el pequeño esfuerzo que cada persona hace y el esfuerzo de las instituciones.

La Comunitat Valenciana ha venido liderando una agenda federalizante, descentralizadora... ¿Hacia dónde debería ir?

Para ser una comunidad que se autogobierna tendría que ir hacia una responsabilización política y de iniciativas de mejora. Me refiero a mancomunar esfuerzos y servicios; uno no hace política solo.

¿A qué se refiere? ¿Avanzar con todas las comunidades o desde dentro de la comunidad?

Ambas cosas. La lealtad institucional es importante. Si no hay confianza, hay zancadillas. Se trata de que el Tribunal Constitucional no lo tenga que resolver todo. Ha de haber otra actitud e instrumentos. Comprometerse con el autogobierno quiere decir demandar más financiación al Estado, pero también que los ingresos sean responsablemente asumidos.

Otro de los puntos del aniversario era hacer una llamada a la participación. ¿Cómo se hará?

Lo vamos a intentar. Si exclusivamente hablas con los partidos o las universidades, te encuentras con la política y con la academia. La idea es que haya un esfuerzo de las asociaciones representativas de los sectores para hacer una aportación sobre cómo el autogobierno repercute en lo que sostienen ellos. Por ejemplo: si tenemos una tradición musical, una estructura de bandas y escuelas de música, les pediremos que tomen iniciativas, que organicen recitales en los barrios. Se trata de movilizar a partir de los intereses de la gente en la conciencia del esfuerzo común.

¿Habrá una propuesta de reforma?

Habrán reflexiones de las instituciones estatutarias para profundizar en algunos temas.

¿Puede desarrollarse el autogobierno sin una financiación acorde?

Es difícil. Si no hay presupuesto, es difícil hacer políticas. Y si contemplamos nuevas ambiciones necesarias, es difícil. Por eso la financiación es importante, como muchas otras cosas. Creo que el gobierno autonómico en determinados momentos tuvo iniciativas rompedoras, como la creación de institutos tecnológicos, la política industrial... Es un tema que varía. Los resultados varían conforme a los planteamientos.

Etiquetas

Descubre nuestras apps

stats