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Sanando a través del feminismo: La relación entre cultura y salud mental

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Vivimos en una sociedad donde las expectativas de género y las normas culturales nos afectan en nuestra manera de comportarnos y de relacionarnos con el resto. Ya sea por la presión para cumplir con ideales de belleza, por la discriminación laboral o por el silencio sobre las violencias emocionales que nos afectan a las mujeres, estas experiencias y expectativas tienen un impacto directo en nuestra salud mental. Aquí es donde la cultura feminista juega un papel fundamental siendo un recurso poderoso que nos ofrece herramientas necesarias para sanar y reflexionar sobre el sistema patriarcal en el que vivimos y sobre las opresiones que sufrimos las mujeres dentro de ese mismo sistema.

La cultura feminista nos invita a cuestionar los mandatos sociales que nos limitan y nos dañan emocionalmente. Desde una edad temprana, muchas de las mujeres y personas disidentes son educadas en la idea de que deben ser complacientes, sumisas, salvadoras y cuidadoras para ser aceptadas. Estos ideales, que son socialmente construidos, a menudo nos hacen sentir que no somos suficientes y que necesitamos la validación y aprobación masculina.

Al consumir cultura feminista, ya sea a través de libros, películas, arte, música o activismo, encontramos un recurso que habla sobre lo que vivimos diariamente como mujeres y que pretende generar un impacto en la conciencia colectiva. Estos espacios tienen un efecto directo en nuestra salud mental y en nuestro bienestar emocional, porque al dejar de culparnos por lo que sentimos o por las expectativas que la sociedad impone, podemos empezar a sanar y liberarnos del peso de la culpa y el auto-juicio, así como, desarrollar el sentimiento de pertenencia, al sentir que pertenecemos a algo más grande que nosotras mismas.

El feminismo es también una llamada a la acción colectiva. Nos recuerda que no estamos solas en nuestras experiencias. Al consumir historias y relatos feministas, adquirimos una perspectiva colectiva de rabia, por un lado, y de necesidad de reivindicación, por otro. Nos da las herramientas para ser dueñas de nuestras decisiones, de nuestros cuerpos y de nuestra voz.

La cultura feminista también tiene la función de influir en nuestro amor propio, en la aceptación y el respeto hacia nuestra identidad y nuestras emociones. Nos enseña que merecemos cuidar de nosotras mismas sin sentirnos egoístas o culpables.

A través del consumo de cultura feminista, podemos aprender a priorizar nuestra salud mental de formas que antes no considerábamos. El autocuidado, en este contexto, no es solo un lujo, sino una necesidad que está vinculada a nuestra supervivencia emocional. Ya sea a través de la práctica de la autocompasión, espacios feministas, los testimonios de otras mujeres, asociaciones y colectivos, la cultura feminista proporciona recursos clave para entendernos a nosotras mismas en un nivel más profundo y, sobretodo, para sentirnos aceptadas, comprendidas y acompañadas por otras mujeres que sufren las mismas violencias y discriminaciones.

El feminismo también interviene en temas cruciales como la violencia machista, la explotación emocional y sexual y el trauma psicológico. Al estar más expuestas a discursos feministas y escuchar las experiencias de otras mujeres y disidencias, podemos empezar a reconocer los patrones de abuso y violencia emocional que, a menudo, hemos internalizado y normalizado. Este conocimiento no solo nos permite reconocer situaciones de maltrato en nuestras propias vidas, sino que también nos concede las estrategias para salir de ellas.

El feminismo nos enseña a reconocer nuestras experiencias como válidas y a establecer límites saludables. Nos sostiene y acompaña a la hora de alejarnos de relaciones o entornos que dañan nuestra salud mental, cuando las instituciones no lo hacen y decidimos hacerlo a través de nuestras amigas y de la lucha feminista. Este proceso de empoderamiento es uno de los pasos para la recuperación y el bienestar psicológico.

Al consumir cultura feminista, también estamos participando activamente en la construcción de una nueva narrativa social. En lugar de aceptar los relatos tradicionales que nos borran del mapa a las mujeres y nos oprimen, el feminismo nos ofrece alternativas que son inclusivas, diversas y liberadoras. Al repensar nuestras identidades y roles de género, podemos empezar a crear nuevas formas de vivir y de relacionaros que rompan con los establecido hasta ahora y, realmente, se produzco un cambio social.

La cultura feminista promueve la liberación de estereotipos y roles que nos imponen desde la infancia, y este proceso de cuestionamiento y reescritura de las narrativas sociales nos ayuda a sanar heridas profundas y deconstruir creencias erróneas, que siempre hemos aceptado como válidas y que nos han impuesto desde al sistema patriarcal, de una manera constante y brutal.

El consumo de cultura feminista no solo es un acto de justicia social, sino también una poderosa herramienta para mejorar nuestra salud mental. Nos ofrece espacios de reflexión, validación, empoderamiento y sanación que son esenciales para vivir de manera equilibrada y emocionalmente sana.

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