Aprovecha la época de calçots: 5 recetas más allá de la típica calçotada catalana
Si pensamos en calçots, la imagen es casi automática: fuego vivo, babero y salsa romesco escurriendo por los dedos. Pero reducir el calçot a la calçotada es quedarse a medias. En realidad, este bulbo alargado —primo cercano del puerro y la cebolla— tiene una virtud poco explotada: es extremadamente versátil en cocina.
Con mucha agua, fibra y un aporte calórico bajo, el calçot funciona igual de bien en platos calientes que fríos, en elaboraciones sencillas o más elaboradas. Además, aporta minerales como potasio y fósforo, vitamina B9 y compuestos sulfurados asociados al buen funcionamiento del hígado. Traducido a la práctica: es agradecido, ligero y fácil de integrar en el recetario cotidiano.
Aquí van cinco recetas para sacarle partido más allá de la calçotada, sin complicarse y sin perder identidad.
1. Vichyssoise de calçots
Una reinterpretación catalana de un clásico francés. El calçot aporta dulzor y una textura sedosa que encaja muy bien en formato crema fría.
Cómo se hace
Se sofríe cebolla, se añade patata y calçots en rodajas y se cubre con agua. Tras una cocción breve, se incorpora crema de coco (o nata, si se prefiere una versión más clásica), se tritura y se enfría. Servida con cebollino, funciona como primer plato ligero o cena rápida.
2. Ensalada templada de calçots con bacalao y granada
Aquí el calçot se mueve en terreno conocido: escarola, bacalao y fruta ácida. Un guiño directo al xató, pero con otra lógica.
Cómo se hace
Los calçots se asan al horno hasta quedar tiernos. Se sirven templados, con escarola fresca, bacalao desmigado, aceitunas negras y granada. Aliño sencillo de aceite y sal. El contraste entre dulzor, amargor y salinidad funciona sin necesidad de salsas pesadas.
3. Tortilla de calçots
La manera más rápida de introducirlos en el menú semanal.
Cómo se hace
Se saltean los calçots en rodajas hasta que queden muy tiernos y ligeramente caramelizados. Se mezclan con huevo batido y se cuajan como una tortilla clásica. El resultado es jugoso, suave y sorprendentemente aromático.
4. Arroz de montaña con calçots
Una receta más contundente, donde el calçot deja de ser acompañamiento para convertirse en parte del fondo del plato.
Cómo se hace
Mientras los calçots se asan al horno, se prepara un sofrito con cebolla, puerro, ajo, pimiento rojo y setas. Se añade arroz integral, caldo vegetal y se cocina a fuego lento. Los calçots se incorporan al final, sobre el arroz ya hecho. Un plato de cuchara seca, vegetal y con profundidad.
5. Paté de calçots
Probablemente la receta más inesperada… y una de las más útiles.
Cómo se hace
Los calçots se asan al horno y se trituran con tahina, aceite de oliva, zumo de limón, sal y comino. El resultado es una crema untable perfecta para tostadas, bocadillos o como base vegetal para aperitivos. Aguanta bien en nevera y se prepara en minutos.
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