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ENTREVISTA

Marty Baron: “Bezos temía que Trump buscara venganza contra Amazon por ser el propietario del 'Washington Post”

El periodista Marty Baron en Barcelona, en noviembre de 2025.

María Ramírez

Oxford (Reino Unido) —
7 de febrero de 2026 22:03 h

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Cuando Jeff Bezos apostó por el lema “Democracy Dies in Darkness” (“la democracia muere en la oscuridad”) para la cabecera del Washington Post en 2017, a Marty Baron, entonces director, le sorprendió el tono taciturno de lo que debía ser una apelación a la misión del periódico. “Cuestioné la sensatez de poner a todo nuestro trabajo la marca de la muerte y la oscuridad”, escribe en su libro Frente al poder: Trump, Bezos y el Washington Post.

Casi una década después, la frase suena casi a premonición, mientras se multiplican los ataques a los derechos civiles en Estados Unidos, las grandes cadenas ceden a las presiones del presidente y Bezos, el hombre que llegó a decir que con 90 años se sentiría más orgulloso de su “apoyo inquebrantable” al Washington Post que de ninguna otra cosa, está desmontando la redacción.

Después de la última oleada de despidos —más de un tercio de la plantilla—, el periódico tiene menos empleados que cuando Bezos se lo compró a la familia Graham en 2013 mientras el propietario de Amazon financia y promociona un filme de Melania Trump. El Post sigue perdiendo suscriptores desde que el periódico decidió retirar justo antes de las elecciones de 2024 el apoyo que planeaba la sección de opinión en su editorial a Kamala Harris. Aquella decisión le costó más de 250.000 suscriptores en pocos días y hoy se esfuerza en complacer a Trump a través de sus nuevos columnistas. Entre los más de 300 despidos en la redacción, están el reportero de tecnología que informaba sobre Amazon y la reportera que estaba en Ucrania cubriendo la invasión rusa.

En sus años como director del Washington Post, de 2012 a 2021, Baron vivió la venta del periódico, la expansión con el dinero de Bezos, y la resistencia del diario y de su propietario contra los intentos de Trump en su primer mandato de influir en su cobertura.

Baron es uno de los pocos periodistas que ha pasado por los grandes diarios del país desde que se graduó en los años 70. Antes del Post, fue director del Miami Herald, en su Florida natal, y del Boston Globe, donde empujó al equipo de investigación a indagar más sobre los abusos sexuales en la Iglesia Católica. La película sobre ese trabajo, Spotlight, inspiró incluso a otros periodistas sobre la manera de investigar —por ejemplo, sobre la forma de hablar con supervivientes de violencia sexual— y a editores sobre la importancia de invertir más en investigación.

Esta es parte de nuestra conversación, editada por extensión y claridad.

¿Son diferentes los despidos en el Washington Post de otros que están sucediendo en otras redacciones de Estados Unidos y más allá?

Sí, son diferentes por varias razones. No solo por las cifras, sino por la naturaleza de la institución. El Washington Post es uno de los medios de comunicación más importantes del mundo y sin duda de Estados Unidos. Es uno de los pocos que tiene la capacidad, o la tuvo, de cubrir el mundo, el país, su propia comunidad local y exigir cuentas al Gobierno federal. Ahora estamos ante un medio que acabará siendo bastante diferente de lo que ha sido históricamente, y en particular de lo que ha sido durante las últimas décadas.

Cuando Jeff Bezos adquirió el periódico en 2013 habló de la necesidad de crecimiento e invirtió en ello. Nos embarcamos en muchas iniciativas innovadoras y tuvieron éxito. Obviamente, nos beneficiamos de la llegada de Trump y nuestra cobertura exhaustiva de su presidencia en ese momento. Bezos celebró todo el trabajo que hicimos. Expresó orgullo y parecía confiado en que estábamos en el camino hacia el éxito. En los últimos años, todo se está desmoronando. Esto representa el menoscabo de uno de los mayores medios del mundo. 

Marty Baron en la redacción del 'Washington Post' el día del anuncio de los premios Pulitzer en abril de 2016.

¿Cuál es la escala?

Dicen 300 despidos, pero en realidad podrían ser más. No hemos visto la lista. Están eliminando toda la sección de deportes. Están desmantelando la sección internacional… Están eliminando casi toda la cobertura local... Han despedido a todo el equipo de fotógrafos. La escala es enorme. Esto llega después de varias rondas de despidos. No creo que hayamos visto reducciones de esa magnitud en otros medios y mucho menos en uno con consecuencias a nivel nacional e internacional.

Cuando compró el Post, Bezos dijo que una redacción mermada aunque ganara dinero caería en la irrelevancia. ¿Ha cambiado él o ha cambiado el mundo?

Bezos lo compró en 2013. Mucho ha sucedido en el negocio de los medios desde entonces. Hemos visto una fuerte disminución en el tráfico que viene de las redes sociales, particularmente de Facebook, que ya no incluye noticias en su feed; y luego de los motores de búsqueda, sobre todo ahora con el advenimiento de la inteligencia artificial generativa. Cuando haces una búsqueda, la respuesta suele ser una respuesta de IA y mucha gente se conforma con eso y no van a los enlaces. También hemos visto una creciente fragmentación en el mercado. Todo eso ha significado una fuerte disminución en el tráfico general.

En 2017, vimos un aumento significativo porque la gente quería ver a los medios exigir responsabilidades a Trump. El tráfico disminuyó cuando Joe Biden asumió el cargo, simplemente porque era aburrido. La gente sentía que la amenaza de Trump había desaparecido. Y ahora que ha vuelto al cargo, hay una clara fatiga informativa y una tendencia a evitar las noticias.

El problema para el Post es que las acciones del propio Bezos han empeorado significativamente las cosas. Su decisión once días antes de las elecciones de cancelar el editorial que había sido escrito en apoyo de Kamala Harris enfureció a muchos de los lectores leales del Washington Post. Al menos 250.000 suscriptores cancelaron sus suscripciones, probablemente más, casi de inmediato. Es muy difícil conseguir que cientos de miles de personas se suscriban. Pero perderlas casi en un instante es devastador. Y luego, con el tiempo, el comportamiento de Bezos continuó alejando a los lectores. 

Cubriendo las elecciones de 2024, me sorprendió que votantes en pequeñas ciudades de Wisconsin me hablaran de esto de manera espontánea cuando los entrevistaba...

Este es un país muy polarizado. Y quienes no apoyan a Trump están muy preocupados al ver que las instituciones con las que tradicionalmente contaban se están arrodillando ante Trump. Al ver lo que consideran evidencia de capitulación, se enfurecen.

Siempre ha habido dudas sobre Bezos debido a su riqueza. Pero su comportamiento durante los primeros diez años como dueño del periódico convenció a la gente de que apoyaría a la democracia y a la prensa independiente, porque así fue. Defendió con mucha fuerza y elocuencia el trabajo que hacíamos y nos dio los recursos para seguir haciéndolo. Por eso la cancelación del editorial fue un shock. La gente concluyó que estaba cediendo ante Trump, y eso los enfureció.

Usted escribe en su libro que por su experiencia estaba convencido de que Bezos creía en el papel esencial del periodismo en una democracia. ¿Lo sigue pensando después de lo que ha visto en este último año y medio?

Yo lo vi. Nos dio los recursos para hacer nuestro trabajo. Nos defendió contra los ataques de Trump. A pesar de que estuvo bajo una presión brutal de Trump en sus otros negocios, nos apoyó. Vi evidencia concreta de que él apoyó a una prensa independiente y a la democracia. Lo que veo ahora es bastante diferente. No es que haya concluido que él no cree en la democracia, pero está priorizando sus otros negocios sobre el Washington Post. Es importante tener en cuenta que Amazon es la fuente de su riqueza, y su compañía espacial privada, Blue Origin, es el objeto de su pasión. Ha amado el espacio desde que estaba en la escuela secundaria. Su novia de entonces dijo que la razón por la que quería ser rico era para poder ir al espacio.

En su opinión, el Post no es tan importante. Creo que priorizó el éxito de sus otras empresas. Bezos temía que Trump buscara venganza contra Amazon por ser él el propietario del Post. Que le negara contratos federales a Amazon. Un área de gran crecimiento para Amazon es la computación en la nube. Muchos de esos contratos son con el Gobierno federal, incluyendo el Departamento de Defensa y las agencias de inteligencia. Blue Origin se quedó muy por detrás de SpaceX... Para tener éxito, necesita contratos gubernamentales y del Gobierno de Estados Unidos. Está tratando de navegar esta situación y no quiere que el Washington Post se interponga en el camino del éxito de sus otras empresas comerciales.

¿Sería mejor que simplemente vendiera el Post?

La pregunta es, ¿a quién? Y los compradores más lógicos, los más naturales, serían las personas que apoyan a Donald Trump para poder deshacerse de la publicación o cambiarla a su favor. Y eso sería una catástrofe para la prensa independiente en este país y para el país en general. Desde luego, sería una catástrofe para nuestra democracia.

Tengo entendido que hay personas que se han acercado a él para comprar la publicación. Pero él ha rechazado esas propuestas y ha indicado que quiere seguir siendo dueño. Se ha hablado de invertirlo en una organización sin ánimo de lucro y capitalizarla, pero él también lo ha rechazado. Por alguna razón, quiere seguir siendo el dueño. A menudo decía que el éxito de la publicación sería una de las cosas de las que estaría más orgulloso cuando tuviera 80 años... Luego aumentó esa edad a 90, porque supongo que está tomando suplementos para aumentar su esperanza de vida.

No le he oído decir eso en mucho tiempo. No le he oído hablar en nombre del Washington Post. No le he oído celebrar ninguno de sus logros. No le he oído criticar a Trump por sus ataques a la prensa. No he oído nada de eso, ninguna de las cosas que antes hacía con bastante frecuencia. El espíritu que mostró antes en defensa de la democracia y la defensa de la prensa libre hoy no lo veo por ninguna parte. Eso me preocupa mucho.

¿Ha hablado con él desde que usted dejó de ser director?

Sí, hablé con él una vez y me comuniqué con él una o dos veces. La última vez que me comuniqué con él, lo cual fue hace bastante tiempo, no parecía que estuviera muy interesado en lo que yo tenía que decir.

Le escuché en una entrevista en la radio pública de Estados Unidos poco después de las elecciones haciendo predicciones bastante pesimistas para la prensa con el regreso de Trump. ¿Este año ha sido como lo esperaba?

Cada vez que estoy en España digo [cambia del inglés al español]: “Esperaba lo peor, pero lo peor es peor de lo que esperaba”.

Trump ha seguido bastante bien el patrón que esperaba con respecto a la prensa, y no creo que hayamos visto lo peor todavía. Es importante recordar que en los mítines de 2022 al menos dos veces expresó su deseo de ver a periodistas encarcelados, sobre todo por filtraciones relacionadas con la seguridad nacional. En un mitin dijo que cuando los periodistas fueran encarcelados, conocerían a su “novia”, una expresión para decir que los violarían, y así estarían “encantados” de revelar sus fuentes.

Es grotesco decir algo así. Es grotesco oír a alguien que fue presidente de Estados Unidos y que aspira a ser presidente de nuevo decir algo así. Sería grotesco que cualquier ser humano dijera eso. Es quien es. Basta con escuchar a Donald Trump para saber quién es realmente. Está bastante claro que le gustaría encarcelar a periodistas.

Al principio de su Gobierno, la fiscal general, Pam Bondi, eliminó las limitaciones para obtener documentos e información de la prensa. Este enero, allanaron la casa de una de las reporteras del Washington Post, Hannah Nathanson, y confiscaron todos sus dispositivos electrónicos. Extrajeron información de todo eso, aunque un juez dictaminó que no pueden revisarla. Pero no me sorprendería que ya lo hayan hecho.

Después de eso, arrestaron a dos reporteros que cubrían una protesta en una iglesia en Minnesota, ambos periodistas independientes, Don Lemon y Georgia Fort. Los arrestaron usando una ley federal que nunca antes se había usado contra periodistas que cubrían una protesta, intentando criminalizar el periodismo, como hemos visto en autocracias de todo el mundo.

Trump está siguiendo el mismo modelo que otros regímenes autoritarios. En particular, está siguiendo el modelo de Viktor Orbán en Hungría, a quien ha calificado de fantástico. Tiene el modelo y lo está aplicando. Lo peor que veremos es que procesen a periodistas, como ya están haciendo, e intenten encarcelarlos para intimidar a los periodistas y a las fuentes. Esto solo puede empeorar. Basta con observar los regímenes autoritarios de otros países para ver cuán grave puede llegar a ser.

En 2017, cuando pusieron el lema en la cabecera del Washington Post, el riesgo para la democracia no parecía tan evidente...

Para mí, ya lo era. Entonces leí todo tipo de libros sobre autoritarismo, de ficción y no ficción, porque estaba tratando de entender la mente de un autoritario y todo lo que vi durante la campaña de Trump y en su primer mandato me indicaba que quería ser un líder autoritario. No podemos subestimar sus ambiciones. La gente dice que quiere ser un dictador, pero en realidad quiere ser un emperador: quiere tener el control de otros países.

Marty Baron y sus colegas del 'Boston Globe' en el estreno de 'Spotlight' en Nueva York en 2015.

Su libro termina con una nota optimista porque, a pesar de las amenazas de Trump, el Post y Bezos resisten, y los buenos periodistas siguen haciendo su trabajo mientras el presidente es derrotado en las urnas. ¿Le tienta escribir una secuela sobre lo que pasó después? 

No es lo que quiero hacer. Pero sigo siendo optimista. La prensa ha estado bajo una enorme presión en Estados Unidos desde la fundación del país. El segundo presidente, John Adams, encarcelaba periodistas y no era muy respetuoso con la Constitución. La Administración de Woodrow Wilson durante la Primera Guerra Mundial fue muy agresiva con la prensa en una época peligrosa. Richard Nixon también. Hemos pasado por periodos muy difíciles. Este puede ser el periodo más difícil, pero creo que podemos superarlo.

El punto que planteé al final de mi libro fue que, en última instancia, todo depende del pueblo estadounidense. ¿Apoyará la democracia? ¿Apoyará la prensa independiente o no?

Al final del primer mandato de Trump, el pueblo decidió que no le gustaba su personalidad ni sus políticas, y lo rechazó. Él se niega a reconocerlo, pero esos son los hechos. El índice de aprobación de Trump ahora mismo es pésimo... Es muy posible que los demócratas ganen la Cámara de Representantes y algunos especulan que podrían ganar el Senado. Esto último parece menos probable, pero es posible. El problema ahora es que, y esto debería ser cierto para cualquier gobierno, ya sea republicano o demócrata, se supone que debería haber un sistema de controles y contrapesos, y ahora no existen porque el Congreso está gobernado por el Partido Republicano, y el Tribunal Supremo está compuesto por muchos nombrados por Trump y que han sido muy deferentes con él.

Si de nuevo tenemos pesos y contrapesos, las cosas podrían cambiar. Tendremos que esperar a ver qué sucede en las elecciones de noviembre, aunque hay mucho miedo de que Trump intente interferir para manipular los resultados y hacer todo lo posible por obstruirlas. Es un momento peligroso para la democracia en este país. Todos los que creemos en la democracia tenemos que trabajar para apoyarla.

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