Brooke Newman, historiadora: “La monarquía británica se benefició de la esclavitud durante siglos y es necesario que lo reconozca”
La historiadora Brooke Newman lleva años estudiando la Inglaterra de la Edad Moderna, la monarquía y su relación con el esclavismo. Su libro recién publicado en inglés se titula The Crown’s Silence, en referencia al silencio sobre la implicación de la familia real británica durante generaciones en la trata de personas. El silencio abarca hasta la reina Isabel II, que apenas abordó el tema, y el actual monarca, Carlos III, que ha repetido mensajes genéricos en público, pero ha hecho poco para compensar a las víctimas o reconocer de manera más clara el pasado.
Newman, que es estadounidense y da clase de Historia en la Universidad de Virginia, ha pasado unos días en el Reino Unido presentando el libro. Hablamos horas después de que varios medios británicos la hayan criticado por dureza por su libro (“una vergüenza”, según un crítico del Telegraph, por sugerir en el epílogo que Carlos III debe hacer más para afrontar el pasado). Algo sorprendida por el tono de los ataques, la historiadora explica por qué importa documentar los lazos con el esclavismo que los británicos han ignorado durante siglos: “Esta historia importa. Estamos hablando de las vidas de millones de personas afectadas. Hablar es el primer paso”.
Esta es parte de nuestra conversación, editada por extensión y claridad.
¿Las críticas reflejan el momento político en el país y más allá?
Esta es una historia de la que nadie en el Reino Unido quiere hablar. Mucho de esto también está sucediendo en Estados Unidos ahora mismo, donde hay un intento de revertir el progreso en el conocimiento histórico sobre la esclavitud, las mujeres, la historia de los nativos americanos y los derechos civiles. Ahora básicamente hay intentos de borrar ese progreso para ayudar a la gente a comprender. En el Reino Unido existe la sensación de que quienes quieren borrarlo ya han ganado, y por eso no se puede hablar de esto.
¿Por qué cree que es tan delicado ahora hablar de ello cuando incluso el rey reconoce, aunque sea en general, el papel británico en la historia de la esclavitud?
El rey no necesita a estos defensores fervientes de la derecha, porque creo sinceramente que es una persona más reflexiva y que no es el tipo de persona que diría “oh, esto es vergonzoso” porque sabe que esta historia está ahí y que se revelará. Sabe que se están publicando estudios, que esto no va a desaparecer.
La investigación se intensificará, más académicos escribirán sobre esto. Mi libro indica que esto vuelve a estar sobre la mesa. Y por eso hay un intento de freno, para que no vuelva al discurso popular porque la gente sintió mucha ira por el racismo, los prejuicios raciales, la violencia y la discriminación en 2020.
Entonces hubo una oleada de respuestas institucionales, como la Iglesia de Inglaterra, The Guardian, Lloyds... Parecía haber un progreso real. Pero, al mismo tiempo, a mucha gente no le gustaba ese progreso. Y muchos de esos intentos institucionales graduales para mejorar las cosas o abordar esto se han desvanecido. Hay un intento de no hablar más de esto o de que, si hablamos del Imperio sea de una manera positiva.
Es parte de un problema mayor, porque los regímenes actuales intentan controlar el pasado para, esencialmente, establecer los términos de lo que es factible y aceptable en el presente. ¿Qué le debemos a la gente en el presente? La idea es que no les debemos humanidad básica, no les debemos ciertos derechos. No se los debíamos entonces, y no se los debemos ahora.
Los regímenes actuales intentan controlar el pasado para establecer los términos de lo que es factible y aceptable en el presente
Cuando hablamos hace dos años, su libro se iba a llamar “El silencio de la reina”, en particular por la conexión entre Isabel I e Isabel II, que había muerto unos meses antes. ¿Por qué cambió el título?
Fue mi editora quien dijo que ya no tiene el mismo impacto sin la reina. Y añadió que mi libro no trata de ningún monarca en particular. Trata de la institución en sí, de cómo ayudó personalmente a sus miembros, que participaron, invirtieron y se beneficiaron. En general, la monarquía británica se benefició de la esclavitud durante siglos y es necesario que la institución reconozca esta historia. Ahora mismo es Carlos, pero puede que acabe siendo Guillermo. Si algo trata sobre una reina específica que ya se fue, no parece un tema tan urgente.
¿Cuán central fue la competencia con el Imperio español en la esclavitud de la que se nutrió la monarquía británica?
Fue crucial. Quiénes son y contra quiénes compiten cambian a lo largo de los siglos. Los primeros capítulos del libro tratan sobre la extremada envidia inglesa hacia el Imperio español. La expansión española en América se debió esencialmente a su control sobre las riquezas de las Américas, el comercio y los recursos humanos, incluyendo a los pueblos indígenas. Y luego, cuando los portugueses se embarcaron en la trata transatlántica de esclavos y trajeron mano de obra, pensaron que también se podrían lucrar de eso.
Al pensar en la esclavitud inglesa y su participación en la trata transatlántica de esclavos, algo que la gente desconoce es que inicialmente no intentaban establecer su propia trata de esclavos en sus colonias. Solo buscaban lucrarse a costa del Imperio español.
Incluso en el siglo XVII, una vez que los ingleses establecieron sus propias colonias en el Caribe, en la Norteamérica colonial, tras fundar la Real Compañía Africana, que traía a miles de personas de África cada año, seguían fantaseando con ganar dinero comerciando con España, con Hispanoamérica. Veían Hispanoamérica como un lugar donde se podía generar una gran riqueza, incluso con el contrabando.
Me pareció interesante que incluso una vez que los británicos tienen su propio imperio, con súbditos coloniales exigiendo mano de obra forzada, sigan pensando en comerciar con el Imperio español, porque “ahí es donde está el dinero”. En realidad, no resulta como esperaban. Pero aún existe durante siglos y siglos una verdadera envidia hacia los españoles y lo que han logrado. Mucho de eso se manifiesta como odio y anticatolicismo que perduran durante siglos.
¿Incluso jugaron un papel en la difusión de la llamada “leyenda negra” como una estrategia en esa competencia?
Sí. Sabemos que los españoles cometieron genocidio en América, pero también lo hicieron los ingleses. Y prácticamente todas las potencias colonizadoras europeas. Todos tienen las mismas prácticas. Explotan a cualquiera que encuentren, especialmente a los no europeos y a quienes consideran paganos y no cristianos, porque los ven como susceptibles de ser explotados por no pertenecer a la comunidad cristiana.
Sabemos que los españoles cometieron genocidio en América, pero también lo hicieron los ingleses. Y prácticamente todas las potencias colonizadoras europeas
Uno de los temas más importantes de debate en el siglo XVIII fue sobre la justificación de la colonización. El mensaje era que se trataba de la religión, de contrarrestar la expansión del catolicismo por parte de los católicos y los españoles. Pero en realidad, no estaban difundiendo el protestantismo entre los esclavos ni entre los nativos americanos o los indígenas del Caribe. Esto termina influyendo en el debate sobre la abolición, porque queda en evidencia la hipocresía de que las justificaciones para la expansión imperial son completamente falsas.
Su libro documenta que a principios del siglo XIX, en vísperas de la abolición, Gran Bretaña era la nación que más comerciaba con personas esclavizadas, ¿le sorprendió la magnitud?
Lo que me sorprendió fue el arco narrativo de esta historia. Al principio, se aventuraron a esto. Sabemos que abolieron la trata de esclavos, pero ¿cuál es la historia intermedia? ¿Y qué sucede con la emancipación?
Lo que me pareció sorprendente fue que, incluso después de que los monarcas británicos ya no estuvieran tan involucrados en compañías de trata de esclavos, como la Compañía Africana y la Compañía Comercial de los Mares del Sur, se seguían lucrando con la esclavitud de diferentes maneras, principalmente en el ámbito militar en el siglo XVIII.
Mucha gente ha oído hablar de la Real Compañía Africana, pero no se da cuenta de su continuidad, de que incluso después de la Revolución Gloriosa, con el Parlamento empoderado y la monarquía debilitada, los monarcas aún podían usar su influencia entre bastidores. Siguen beneficiándose de los ingresos aduaneros asociados a la agricultura de plantación producida por personas esclavizadas y de las personas esclavizadas que literalmente poseen, a quienes llaman “los esclavos reales” en el Caribe y en los regimientos de las Indias Occidentales o en África Occidental. Parte de esto ocurre incluso después de la abolición de la trata transatlántica de esclavos.
A algunos historiadores les impactó la magnitud de la participación del monarca y cómo perduró tanto tiempo de diferentes maneras.
incluso después de que los monarcas británicos ya no estuvieran tan involucrados en compañías de trata de esclavos se seguían lucrando con la esclavitud de diferentes maneras
¿Fue la falta de dinero uno de los principales motores de las acciones de la monarquía británica?
Desde luego. El dinero fue crucial para la historia. También se trata de poder. Esa es la historia de los Estuardo, que realmente lanzaron a Inglaterra a la trata transatlántica de esclavos. Se involucraron en muchos otros proyectos, tratando de ganar dinero que luego pudieran usar para, idealmente, no tener que convocar al Parlamento. Intentaban tener más poder. Y la clave para tener más poder como monarca es tener más dinero.
Usaron la trata transatlántica de esclavos, la expansión territorial en las Américas, como una forma de construir un imperio que luego pudieran explotar. Lo hicieron mediante concesiones de tierras a colonos como en un sistema feudal, en el que la corona entrega tierras que en realidad no le pertenecen. Gran parte de estas tierras era territorio indígena, que reclamaban y luego entregaban a cambio de una parte de los ingresos aduaneros.
Además, todos esos monopolios que otorgan a las empresas supone que les paguen. Así que se benefician de los aspectos comerciales del imperio, los aspectos territoriales, y crean un sistema que aumenta el número de trabajadores esclavizados que llegan a las Américas. Porque cuanta más gente vaya, más dinero ganarán y mayor será el volumen de comercio del que eventualmente se beneficiarán.
Esto se vuelve tan significativo en el siglo XVIII a la corona le aterra perder lugares como Jamaica y Barbados.
Durante la revolución americana, los documentos en los Archivos Reales de Jorge III hablan específicamente de Jamaica y Barbados, dicen que estas son las dos principales colonias porque generan mucha riqueza y no quieren perderlas. Fue el azúcar y la esclavitud lo que ayudó a financiar el imperio.
Uno de los detalles más impactantes es quizás las señales en los cuerpos de las personas con las siglas del Duque de York…
Es uno de los puntos fuertes del libro. Se llevaba años hablando de las iniciales del Duque de York en los cuerpos de personas esclavizadas, pero quería encontrar las pruebas y saber qué personas lo hicieron.
Descubrí que no les ponían sus iniciales a todos, sólo a las personas esclavizadas consideradas propiedad de la compañía. Las personas a las que la Real Compañía Africana obligó a trabajar en sus fuertes a lo largo de la costa de África Occidental.
¿Quiénes podrían escapar fácilmente de estos fuertes de África Occidental, de lugares como el Castillo de Costa del Cabo, en la actual Ghana, integrarse en la comunidad local y desaparecer? Si los marcaban, quienes los descubrieran podrían recibir una recompensa.
Lo hacían en el siglo XVII, y ahora hay evidencia de que lo siguieron haciendo décadas después, incluso en la década de 1720.
¿Son este tipo de hechos los que deberían ser abordados más allá del mensaje de arrepentimiento genérico que el Gobierno británico y la Corona llevan años repitiendo?
Sí. También está el hecho de que la Compañía de los Mares del Sur inventara deliberadamente su propia marca, SSK, las iniciales de la compañía, y una corona para demostrar que era una compañía entrelazada con la monarquía de la misma manera que lo estaba la Real Compañía Africana. La monarquía y los miembros de la familia real no se avergonzaban de estas conexiones. Estaban orgullosos de ellas. Lo hicieron público. No dejaron de hablar de ello hasta el siglo XIX, la era de la abolición. La parte final del libro se llama “silencios”. Y esa es la era en la que aún nos encontramos. Seguimos en la era del silencio.
Gran parte del pasado es vergonzoso y no estamos de acuerdo con muchas cosas que nuestros antepasados hicieron, pero aún tenemos que hablar y aprender de ello
¿Hasta qué punto es una cuestión personal o institucional?
Cuando se trata de la monarquía, no se puede separar lo personal de lo político. Todo lo que hacen estos monarcas tiene implicaciones políticas. Incluso después de que hayan sido despojados del poder político y ahora sean más ceremoniales, aún tienen un gran poder blando e influencia global.
Si alguien como Carlos siquiera insinuara que se toma esto en serio y realmente quiere hacer algo, la gente tendría que lidiar con esto. Pero en realidad no está usando su poder político. Tiene toda la voz y, si quisiera, podría trabajar con el Gobierno para abordar esto, hablar de ello públicamente y también pensar en cómo usar algunos de sus miles de millones de forma positiva para marcar la diferencia y abordar algunos de los legados de la esclavitud. Será muy impopular entre algunos segmentos de la población, pero creo que sería lo correcto.
¿Gastar dinero en antiguas colonias o en la Commonwealth?
Crear un fondo. Tendría que ser administrado de forma independiente, pero destinar parte del dinero a organizaciones benéficas que aborden los legados de la esclavitud.
Yo sólo estoy escribiendo sobre Historia, no creo que deba involucrarme. Pero creo que este es el tipo de conversación que deberíamos tener, y debe involucrar a los descendientes de las personas que fueron esclavizadas. Espero que mi libro ayude en ese proceso.
Deberíamos abordar esta historia y no descartarla como vergonzosa. Porque gran parte del pasado es vergonzoso y no estamos de acuerdo con muchas cosas que nuestros antepasados hicieron, pero aún tenemos que hablar y aprender de ello.
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