El acto de comprar no debería empezar en la tienda, sino bastante antes, con un momento de reflexión en casa. Esta es una de las estrategias que Asun Domínguez, directora de Asun Domínguez Escuela de Moda, intenta practicar para llevar a cabo un consumo responsable. La también patronista asegura que se aleja de las tendencias pasajeras y se centra en “asumir la responsabilidad de qué y cómo consume”.
Estas las estrategias que aplica Domínguez antes de añadir cualquier pieza a su armario:
La cuarentena
Antes de pasar por caja o confirmar un carrito online, Domínguez lleva a cabo un filtro temporal: “Para reducir mi consumo pienso durante cuatro o cinco días si realmente necesito esa prenda, a esto yo le llamo poner la prenda en ‘cuarentena’”.
Durante estos días se hace varias preguntas como “¿tengo algo parecido en mi armario?, ¿me queda bien o hay que hacer algún arreglo?, ¿se puede lavar en casa?, ¿tiene la calidad suficiente como para que no se estropee en la primera lavada? o ¿cuándo me la voy a poner?”, para evitar la compra compulsiva.
La regla de los tres looks
Antes de buscar fuera, es importante mirar dentro del armario y conocer la ropa que poseemos. Una prenda nueva solo entra en el armario de Domínguez si tiene un propósito claro y una logística sencilla.
“Otra de las preguntas clave es cuántos looks diferentes puedo crear combinándola con otras prendas de mi armario, por lo menos tengo que conseguir combinarla creando tres looks diferentes para que sea una compra responsable”, defiende la experta, que aboga por la versatilidad.
El armario 80/20
“El 80% de mi ropa es atemporal, con tejidos de calidad pero que solo compro si se ajusta perfectamente a mi morfología y gusto personal”, comparte Domínguez. Se trata de tener un fondo de armario o una base sólida de prendas duraderas que actualiza sin caer en excesos: “Cada temporada compro dos o tres piezas nuevas con cortes actuales de colores neutros para sustituir a las más antiguas”.
“El 20% restante son prendas de tendencia, que incluye cortes o colores muy actuales, en las que invierto menos y que regalo con frecuencia”, explica. Este sistema, para el que incluso se pueden hacer dos listas escritas enumerando las prendas, es clave para mantener un equilibrio entre seguir las tendencias y consumir de manera consciente.
Lo hecho a mano
La opción más sostenible no siempre está en una tienda. Por eso Domínguez confecciona gran parte de su vestuario, “sobre todo la más costosa como abrigos, chaquetones y pantalones”, un proceso que hace que se piense mucho qué tela utilizar, qué diseño o qué patrón aplicar.
“No puede haber nada más sostenible o slow fashion que hacerte tu propia ropa o readaptarte algo que te regalan o compras de segunda mano”, defiende la experta, para evitar caer en el consumo compulsivo que dicta la industria.
1