Esta es la forma casera de elaborar el clásico cabello de ángel de pastelería

Cabello de ángel

Adrián Roque

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Hay dulces que no necesitan presentación porque forman parte de la memoria colectiva. El cabello de ángel es uno de ellos. Está en empanadillas, en ensaimadas, en torteles, en dulces de convento… y, si te despistas, acabas metiendo la cuchara directamente en el bote y ya tal. Porque sí, es de esos sabores que enganchan.

Pero lo curioso no es solo lo bueno que está, sino lo sencillo que es hacerlo en casa si sabes de dónde sale y cómo se trabaja.

La clave está en una calabaza muy concreta

El cabello de ángel no se hace con cualquier calabaza. Se elabora a partir de la llamada calabaza de cidra, una variedad bastante peculiar que por fuera parece una calabaza más, pero por dentro es otra historia.

Su pulpa no es compacta, sino filamentosa, casi como si estuviera hecha de hilos naturales. Y ahí está el truco: cuando se cocina, esos filamentos se separan y dan lugar a esas hebras doradas que parecen cabello, de ahí el nombre.

Además, su sabor es muy suave, casi neutro, lo que permite que el azúcar y los aromas sean los protagonistas del resultado final.

Cómo se hace el cabello de ángel paso a paso

La elaboración no tiene misterio, pero sí paciencia. Es de esas recetas en las que el tiempo hace casi todo el trabajo.

Lo primero es abrir la calabaza, que no es precisamente fácil. Su piel es durísima, así que aquí toca cuchillo, decisión… o incluso algún truco más contundente si hace falta. Una vez troceada, se cuece en agua durante aproximadamente una hora, hasta que la pulpa esté completamente blanda.

Cuando se enfría lo suficiente para manipularla, se retiran las semillas y la piel, quedándonos solo con esa pulpa fibrosa. En este punto es importante dejarla escurrir bien, porque habrá absorbido bastante agua durante la cocción.

A partir de aquí viene una de las claves de la receta: pesar la pulpa y añadir la misma cantidad de azúcar. Ni más ni menos. Esa proporción es la que garantiza la textura y la conservación.

Con todo en una olla, se puede añadir, si apetece, un toque de canela en rama y piel de limón, que le dan ese punto aromático tan característico. Y entonces empieza la segunda cocción, más lenta y más larga, que puede irse fácilmente a la hora y media.

Poco a poco, la mezcla va espesando, cambiando de color hasta ese tono ámbar tan reconocible, y las hebras empiezan a volverse translúcidas. Cuando prácticamente no queda líquido y la textura es densa pero jugosa, ya está listo.

Un dulce con siglos de tradición

El cabello de ángel no es una invención reciente ni mucho menos. Forma parte de la repostería tradicional española desde hace siglos, muy ligado a la cocina andalusí y a los recetarios conventuales que han mantenido vivas muchas de estas elaboraciones.

Su sencillez —calabaza, azúcar y poco más— explica también su éxito histórico: ingredientes accesibles, larga conservación y una versatilidad enorme en la cocina.

Cómo usarlo (o cómo no parar de comerlo)

Lo habitual es utilizarlo como relleno. Está en clásicos como las empanadillas dulces, los cortadillos, las bayonesas o las ensaimadas, donde aporta jugosidad y un dulzor muy característico.

Pero también funciona sorprendentemente bien en tostadas, acompañado de quesos o incluso como base para postres más modernos.

Aunque, siendo sinceros, hay una verdad universal que no suele fallar: pocas cosas superan a un buen cabello de ángel comido directamente a cucharadas, sin más excusa que tener el bote delante.

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