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Cultura

Entrevista | Finalista Premio Planeta 2019

Manuel Vilas: "La crisis nos devolvió al mundo obrero, que es tradicionalmente poco lector"

El escritor aragonés publica Alegría, finalista del Premio Planeta 2019 y suerte de secuela espiritual de su best-seller Ordesa

"La literatura es una herramienta de recuperación del pasado a través de la palabra"

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Manuel Vilas: “La literatura no es algo accesorio, es un bien necesario”

Manuel Vilas EFE

Antes que escritor de novelas de éxito, Manuel Vilas era poeta. Nacido en Barbastro en 1962, sus poemarios El Cielo (2000) y Resurrección (2005), -XV Premio Internacional de Poesía Jaime Gil de Biedma- se cuentan entre las publicaciones más buscadas por los amantes del verso en España.

Además, ha publicado libros de relatos y ensayos como La región intermedia (1999) o Zeta (2002), y acaba de lanzar el pasquín de 62 páginas llamado Nueva teoría de la urbanidad (2019), un breve pero mordaz ideario sobre la convivencia en sociedades modernas, sin dejar de colaborar en periódicos como el ABC, El País o el Heraldo de Aragón, amén de varias revistas literarias.

Con Ordesa (2018), que lleva más de 60.000 ejemplares vendidos -unos números solo reservados para autores superventas como Juan Gómez-Jurado-, Vilas entró el año pasado en el diminuto podio de los literatos más leídos y respetados de nuestro país. Alegría supone una vuelta de tuerca al estilo narrativo que le hizo figurar en el mapa. Narra la historia de un escritor que se encuentra promocionando su última novela mientras reflexiona sobre la relación que tuvo con sus padres, ya fallecidos, e intenta no cometer los mismos errores con su hijo, que trabaja de repartidor 'rider' pero es feliz, a su manera.

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Alegría supone una especie de secuela de Ordesa, en el sentido de que ambas parecen tener la misma voz literaria, el mismo protagonista y el mismo discurso de fondo. Solo que la finalista del Premio Planeta sucede después. ¿Como dialogan ambas novelas?

Bueno, es una novela independiente a Ordesa. Ahora bien, si la has leído pues tienes un panorama más completo del mismo personaje. Esa es la relación. Yo estoy escribiendo un tríptico autobiográfico. Se inicia en Ordesa, continua en Alegría y probablemente la tercera, también tendrá que ver con eso. Solo que intento escribir novelas independientes. Lo que sí es verdad es que Alegría es una novela que nace mientras iba haciendo la promoción de Ordesa por muchas ciudades. Hubo un hecho muy emocionante, que a mí me conmocionó, que fue conocer algunas personas que habían leído Ordesa y la llevaban subrayada porque habían conocido a mi padre. 

Entonces pensé en la segunda parte del Quijote. En donde los personajes que aparecen han leído la primera parte. Aquello actuó de motor para que yo escribiera Alegría. Es una novela de sentimientos en la que hay más serenidad que en Ordesa, pero que continúa un proyecto autobiográfico.

La conexión la establece el propio narrador de Alegría, ¿no? Es decir que él, como usted, acaba de vivir un éxito literario por un libro que versa sobre sus padres.

Pero el protagonista no concibe ningún texto literario. Él está obsesionado. A ver, a él lo único que le pasa es que ha escrito un libro sobre sus padres, pero el éxito del libro le da igual.

La literatura nunca tiene éxito. La literatura nace del fracaso. El éxito es una condición social de algunos escritores, en donde sus nombres son conocidos o venden muchos libros, etcétera, etcétera. Pero quien elige la literatura elige siempre el fracaso, por una sencilla razón: porque la literatura habla de la muerte, un tema fundamental de los libros, que se significa siempre como el fracaso último.

Esto hay que decirlo porque la idea del escritor de éxito... La figura pública del escritor de éxito es cierta, pero el escritor en sí mismo, el señor de carne y hueso que escribe libros... Kafka, por ejemplo, son el fracaso hecho virtud. Proust escribe porque está loco, porque el pasado se marcha. Kafka está loco porque no entiende lo que está pasando. El ejemplo más alto de la literatura es el fracaso.

Ahora que menciona a Proust y su diálogo con el pasado, Alegría también es un diálogo con sus padres, con su historia personal. ¿Escribir, para usted, es poder hablar con su pasado?

Es una exploración de eso. Hay también una fascinación porque claro, el recuerdo de mis padres siempre es una cosa de la que hablo mucho desde la condición huérfano. De alguien que ha perdido algo muy importante y está buscando en las cenizas, intentando recuperar algo.

¡Es Proust! Lo que a mí me pasa es lo que les ha pasado a centenares de escritores antes: entiendo que la literatura es una herramienta de recuperación del pasado a través de la palabra. Es una cosa histórica de la literatura que Proust la elevó a categoría moderna cuando hizo En busca del tiempo perdido, pero que estaba también en otros autores, sigue vigente y va a seguir vigente, porque realmente la literatura es una posible salvación del tiempo ido.

En Alegría, los personajes que rodean al narrador -su madre, padre e hijo-, se llaman Wagner, Bach y Vivaldi respectivamente. ¿Por qué son todos compositores célebres?

Tiene que ver con mi clase social, pues vengo de la clase media baja. Para mí, la literatura es un ejercicio de redención de las clases sociales más desfavorecidas. Así que a través de la imaginación, convierto a mi familia en ilustres de la música. Es como una especie de delirio poético que tiene que ver con el origen humilde de mi familia. 

En mi novela, personas que fueron humildes y llevaron vidas humildes se llaman como grandes compositores de la historia de la música. Puedes convertir a tu padre en Johann Sebastian Bach y a tu madre en Richard Wagner. Hay que hacerlo con pericia claro, con talento literario, pero la literatura te deja hacerlo. En mi libro pude decirles a mis seres queridos: os voy a redimir, os vais a llamar como gente que ha traído belleza a este mundo. Como vosotros trajisteis belleza a mi mundo.

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Manuel Vilas EFE

Su protagonista, que cada vez se diferencia menos de usted, está obsesionado con el silencio. Se cambia de habitaciones de hotel constantemente, busca la quietud. ¿Cree que este es posible en sociedades urbanas contemporáneas?

El silencio es una obsesión en el narrador. El silencio es como una especie de purificación, tiene un sentido simbólico. No es tanto el ruido como que las personas buscan un momento de tranquilidad. En Kafka y en Proust había una obsesión similar. Es una obsesión física, porque no hay manera de encontrar silencio. En el futuro todo será ruido.

En ese sentido, este narrador dialoga con otra obra suya que no es Ordesa. Hablo de Nueva teoría de la urbanidad. En ambos prevalece esa reflexión sobre una sociedad en la que no existe espacio para la reflexión, el silencio.

Efectivamente, es muy difícil que en la vida de una persona moderna existan esos espacios. Tenemos vidas estresadas y la gente está todo el día muy estresada intentando conquistar un sueño. Yo digo que cuando se hable de favorecer los espacios de cultura y lectura, primero habrá que desestresar a la gente. Un señor o una señora que llega después de una jornada maratoniana de trabajo, le dices que se tiene que leer Guerra y paz y es imposible, claro.

Para poder leer Guerra y paz, para poder leer Crimen y castigo, o Don Quijote de la Mancha, necesitas espacios de tranquilidad. No se puede... no se le puede pedir a un ciudadano que está completamente estresado, que se está intentando salir adelante en su trabajo y en su vida, que encima sea una persona culta. Tienes que tener tiempo para dedicar a la cultura, y tiene que haber una cierta serenidad en la vida de una persona para que cojas y te leas un libro de quinientas páginas. Si estás estresado no puedes leer una novela así, con mucho te lees cuatro cosas en Internet.

Pero esto es una obviedad de la que la gente no sé cómo no se da cuenta. No puedes cultivarte si estás estresado, y la gente lo está siempre. Y está violentada. España es un país que ha perdido la cordialidad, está todo el mundo enfadado, hay crispación en todas partes. No hay dinero, los trabajos están mal pagados... Y en un clima así, tú le dices a alguien que se lea Guerra y Paz, que le cambiará la vida, y es lógico que no pueda.

¿Y qué cree que podemos hacer al respecto? ¿Cómo generar esos espacios para la cultura y la lectura?

Lo primero es pensar que son necesarios. ¡Porque ni siquiera nos damos cuenta de esto! Tiene que haber una política que debe pensar que existe un ocio y una cultura a la que los ciudadanos tienen derecho. Y en general esto en nuestro modelo político y social es algo complicado.

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Manuel Vilas EFE

¿Cree que en la España de hoy se contempla el ocio como un derecho?

No, en absoluto. Para nada. Eso también tiene que ver con cómo nos ha cambiado la crisis económica. La crisis devolvió a nuestra clase media a su constitución de clase obrera. Hemos vuelto al mundo obrero, que es tradicionalmente poco lector. Era la clase media la que podía gozar de tiempo para el ocio y la lectura. Y proletalizar la clase media significa también descabalgarla de la cultura.

En Nueva teoría de la urbanidad, también reflexionaba sobre la condición de ciudadano anónimo o célebre, y la tensión que existe entre ambos porque cada uno aspira a lo que tiene el contrario. ¿Ha operado algún cambio en su vida en este sentido tras quedar finalista en el Planeta?

El mundo de los escritores... con este premio pues sí, notas que suenas más, que sales en medios. Pero incluso yo qué sé: Vargas Llosa no es Leo Messi. Me refiero a que dentro del mundo de la cultura existe la popularidad, pero siempre es una popularidad moderada que no tiene nada que ver con ser una estrella de Hollywood, o del mundo del deporte o de lo mediático en general. No somos Rosalía [ríe].

En este sentido, hablaba usted también en este libro sobre la falta de apreciación social de la inteligencia como problema actual. ¿Cree que en nuestro país se aprecia y se valora socialmente la inteligencia?

Yo creo que poco, sinceramente. Aquí no se leen muchos libros. Y luego además a los escritores se les ha perseguido, Montoro los persiguió con aquella perversión de que no se podían jubilar. Es una falta de respeto total a la literatura y la escritura. El Premio Planeta, por ejemplo, siempre se dice ¡cuánto dinero! ¿Cuánto dinero? ¡Pero si cualquier directivo de una gran empresa gana eso todos los años! ¡Y este premio a ti te ocurre una vez en la vida!

Ahí notas que no hay una idea respetable de la cultura. Es mucho más respetable el mundo de la empresa o de los negocios. Ahí sí que veo que hay que cambiar mucho. Porque si un señor o una señora que se dedica a la cultura no puede ganarse la vida de esto, pues se dedicará a otra cosa. Y abandonará la cultura. Pero seguimos con que la cultura es entusiasmo. Pues si debe ser entusiasmo, la haré los fines de semana o en mi tiempo libre. Pero entonces será cultura de tiempo libre. Si quieres cultura profesional, que haya un sector cultura potente para que se genere cultura en tu país, pues tendrá que haber profesionales de la cultura, ¿no? Y las personas que se dedican a esto tendrán que cobrar, ¿no?

Si no generas una cultura profesional no tendrás profesionales de la cultura, es evidente. En un sistema capitalista existe la profesionalización o la invisibilización. Y no hay más. Esto es dos y dos son cuatro. ¡Pero sin embargo hay políticos que no lo entienden! Si no se puede vivir de la cultura, pues no habrá cultura. Es evidente. Y si no profesionalizamos la literatura, si no podemos vivir de ella, pues probablemente tampoco podremos generar profesionales de muchos ámbitos de la cultura. Y un país sin cultura es un país subdesarrollado.

Javier Cercas y Manuel Vilas, ganador y finalista del Premio Planeta 2019

Javier Cercas y Manuel Vilas, ganador y finalista del Premio Planeta 2019 EFE

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