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Cultura

Dos rebeldes sin causa: Sky Ferreira & Lana del Rey

Ferreira se chotea de la noche que pasó en la cárcel con su novio por posesión de drogas y Lana sigue en su línea de motera trágica con The West Coast

Esta semana también: el mejor disco de Outkast, el nuevo de The Afgan Whighs (has leído bien) y un Carl Cox en estado de gracia

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Sky Ferreira

Sky Ferreira

Sky Ferreira. Nombre real: Sky Tonia Ferreira. Año de nacimiento: 1992. Es de Los Ángeles. Cantante, modelo y actriz ocasional. Compone sus propias canciones. Ferreira aspira a moverse por el dance-pop provocador de toda la vida, el de Madonna y el de Britney, aunque no la hace ascos al grunge y a veces parece una versión mini de Courtney Love. En moda ha trabajado para Calvin Klein, Marc Jacobs y Adidas. Su abuela fue peluquera de Michael Jackson durante 30 años, y Ferreira asegura haber crecido cerca del entorno del artista.

Como estrella prematura, Ferreria comenzó subiendo sus canciones a MySpace cuando era apenas una mocosa y firmó su primer contrato en 2009, aún menor de edad. Según ella misma, en este tiempo no ha parado de componer mientras la industria la mareaba de un lado a otro: decenas de canciones con productores de todo tipo, calcula, y solo una parte ha sido publicada en EPs. Por fin, su disco de debut, Night Time, My Time (Capitol), vio la luz el pasado otoño tras una gestación interminable que se extendió durante varios años (estaba planeado para 2011), durante los cuales se ha revisado, grabado y regrabado. “Esta fue toda nuestra batalla: yo no iba a ser lo que ellos querían que fuese porque no podía hacer lo que querían que hiciese”, decía en una entrevista el pasado octubre. Al final, el sonido del disco la coloca en un territorio cercano al indie para masas, en el que afirma que hay influencias de grupos como Suicide y donde tira por el synth-pop oscurete.

Ferreira ha presentado estos días en los late night norteamericanos su nuevo single, I Blame Myself. Esta semana se ha liberado el videoclip, inspirado en gangsta rap de los noventa (y de nuevo ha tenido que defenderse de las críticas) y basado en un episodio supuestamente ocurrido en la vida real de la artista: en septiembre fue detenida junto a su novio (Zachary Cole Smith, del grupo DIIV) por posesión de drogas, pasaron una noche en el calabozo y luego fueron puestos en libertad bajo fianza. Según resaltó entonces la prensa, llevaban matrícula falsa y conducían sin carnet, lo que debería ser suficiente para endurecer su imagen y acentuar su rebeldía de cara al público. Ese mismo lado independiente, de party girl peligrosa-a-la-que-la-fiesta-se-le-va-de-las-manos que pretende transmitir la portada de su álbum, trabajo del cineasta Gaspar Noé.

El título del disco, que hace referencia a lo bien que se mueve por la noche, es otro cambio manoseado hasta el último momento. ¿Demasiados asesores durante estos años? ¿Conflicto de estilos? Si lo que había entre Ferreira y su discográfica era un problema de imagen, la cantante se ha buscado una maestra de su misma edad: es la encargada de abrir los conciertos de Miley Cyrus, que el año pasado dejó bien claro que de niña Disney ya solo quedan las reposiciones de Hannah Montana en la tele.

CANCIÓN DE LA SEMANA
Lana del Rey: West Coast

Lana Del Rey. Nombre real: Elizabeth (Lizzy) Grant. Año de nacimiento: 1986. Nueva York. Cantante y modelo. También escribe sus propias canciones. Lana aspira a la clase alta del pop, a la aristocracia. Si Ferreira mira a los años ochenta y noventa para buscar su inspiración, Lana del Rey ha asumido como propios los cincuenta y los sesenta. Ella quiere ser una señora como Nancy Sinatra, aunque eso no le impide correr el peligro de terminar rindiendo un homenaje involuntario a Ivanna Trump. Ha sido imagen de H&M y Jaguar. Su padre es el millonario Robert Grant, que ha hecho negocio a partir de los dominios de internet.

En 2011, mientras el disco de Sky Ferreira se retrasaba por primera vez, Lana Del Rey colgó en YouTube su célebre Video Games y firmó con una multinacional. Comenzaba así uno de los hypes más intensos que se recuerdan en los últimos años, aunque la cantante ha levantado tanto interés como rechazos: para muchos, su caso huele a plato precocinado. Como Ferreira, Del Rey ha sabido beneficiarse de las redes sociales y de la viralidad que ofrece internet, pero a ambas es habitual escucharlas defenderse de haters y de sospechas de ser tan fakes como un castillo de cartón. Durante estos años, la artista ha creado su imagen a golpe de videos cada vez más lujosos donde se postulaba como la novia de América del siglo XXI: siempre convenientemente retocada por un filtro vintage, su mitomanía no conoce límites: ha interpretado el papel de Jackie Kennedy, de Lolita, de Marilyn Monroe. Lana del Rey es ya un referente pop por pura acumulación de referentes pop, incluso hasta lo insoportable: en el cortometraje Tropico, tan kitsch que duelen los ojos, junta a Jesucristo, John Wayne, Elvis, Marilyn y un unicornio, mientras hace de Eva en el paraíso, mordiendo la manzana y cantando un fragmento de uno de sus temas: “Elvis is my daddy, Marilyn’s my mother, Jesus is my bestest friend”). Es un vampiro.

La cantante se ha adelantado por unas horas a Ferreira y también ha presentado single esta semana, West Coast (sin videoclip por el momento: ya acabarás harto de él cuando salga). Musicalmente, Del Rey sigue sintiéndose cómoda en el trip-hop, jazzy, melancólico y atmosférico, clásico y muy cinematográfico al fin y al cabo, y perfecto para el recitado somnoliento de la cantante. El tema es el primer adelanto de su tercer disco, Ultraviolence, producido por Dan Auerbach de The Black Keys, que saldrá en mayo. Auerbach sabe muy bien qué teclas pulsar para que la mezcla suena añeja y vital, y a Del Rey le sienta muy bien algo de nervio y de tensión, a pesar de que el estribillo recuerda por momentos al trabajo de William Orbit para Madonna y All Saints.

No hace falta que se decidan por una u otra: si tienen hueco para una tercera en discordia, prueben con Food, el nuevo disco de Kelis, que ha dado el salto al sello Ninja Tune y también ha optado por acentuar su lado retro.

DISCO DE LA SEMANA
The Afghan Whigs: Do To The Beast

No todos los grupos que vuelven al estudio para grabar un disco después de 16 años pueden presumir de sonar enteros. Algunos han perdido brazos, piernas y dedos por el camino, otros la cabeza o el corazón. A The Afghan Whigs les falta un miembro que intuíamos vital: el guitarrista Rick McCollum. Tampoco es que el nuevo Do To The Beast deje mucho tiempo para la reflexión: entra a saco con Parked Outside y Matamoros y muy pronto consigue ponerte los pelos de punta con los desgarros vocales de Greg Dulli en It Kills y Algiers, para inmediatamente jugar al despiste y sorprender en un tramo central donde pasan cosas inesperadas (el estribillo de Lost in the Woods suena tan noventas que asusta mirar el calendario y comprobar el año en el que vivimos, pero el resto de la canción va intencionadamente por otro lado), hasta caer agotado, finalmente, tras la épica de I Am Fire y These Sticks. ¿Qué ha pasado aquí?

Do To The Beast sabe cómo tapar parte de sus agujeros, especialmente los dejados a la vista por la ausencia de McCollum. En primer lugar, con colaboraciones: son muchas, incluidos miembros de Queen of Stone Age, The Raconteurs y Emeralds. Otra: con pianos, arreglos de cuerda y de viento, efectos electrónicos (¿es un vocoder eso que suena en Algiers?) y percusiones marcadas que, además, buscan que el lado soul del grupo suene más contemporáneo. Y en parte lo consiguen, a pesar de que sus remiendos dejan a la vista otras costuras. Si temas como Royal Cream, The Lottery y Can Rova chirrían en algún momento no es por el deja vu del grunge que provocan, que al fin y al cabo es su elemento y su lenguaje natural, sino porque este rock moderno que han buscado está aún más anclado en los noventa, remite al rock moderno que Brian Eno o Flood grababan entonces. Huele a rock post-Achtung Baby, vaya. El tratamiento limpio de la voz en determinadas ocasiones tampoco ayuda a sentir algo de extrañeza ante el nuevo material, aunque el sabor final dejado por Do To The Beast es digno de la tradición del grupo.


CLÁSICO DE LA SEMANA
Outkast: Stankonia

El Festival Coachella ha traído de vuelta a André 3000 y Big Boi. Su loquísimo rodillo de buenas vibraciones, funk futurista, piruletas melódicas y hip hop buen rollista, siempre innovador y siempre sudando energía, es una excusa perfecta para rescatar Stankonia (2000), una de tantas piezas sobresalientes firmadas por el dúo en las últimas dos décadas. Durante años, el grupo se ha comportado más como un viejo matrimonio que duerme en camas separadas, cada uno tirando por su lado (lo que no les impidió parir en 2003 el divertidísimo y variado Speakerboxxx/The Love Below, que en realidad son dos discos diferentes), así que Stankonia bien podría cristalizar todos los esfuerzos comunes durante la década anterior.

Hay muy pocas cosas que no pasen en Stankonia, que prácticamente se atreve con todo y cuyo mayor logro es conducir su excentricidad hasta un nivel apto para su consumo masivo en teles y radios. Su sonido se despliega en torno a tres singles: B.O.B., un torbellino imparable que pasa del drum’n’bass al góspel; Ms. Jackson, que hace gala tanto de un sentido del humor excelente como de su propia espiritualidad; y So Fresh, So Clean, empapado de esa felicidad cotidiana, despreocupada solo en apariencia, que es su filosofía vital. El resto del disco va repartiendo el peso entre estas tres patas, pero se divierte añadiendo ingredientes a la mezcla hasta que el horno termina explotando: rock (Gasoline Dream), salsa (Humble Mumble), funk espacial (Snappin’ & Trappin’), electrónica (Xplosion) y psicodelia (Stankonia). Y tiene tiempo para hacer autocrítica (Gangsta Shit) y mostrar respeto hacia las mujeres (Toilet Tisha).


SESIÓN DE LA SEMANA
Carl Cox: Frankie Knuckles Tribute Mix

“Mi tributo a un amigo increíble artista y un amigo”, decía Carl Cox vía Twitter esta semana para presentar esta sesión hecha en memoria del recientemente fallecido Frankie Knuckles, pionero de la música house (para muchos su verdadero inventor) desde su cabina como DJ en el célebre club de Chicago Warehouse durante los ochenta. El también productor tenía 59 años.

Todo tracklist de este tributo es material Knuckles, y abarca desde clásicos propios como The Whistle Song a Baby Wants To Ride, pero también algunas de sus remezclas más populares para otros artistas, en especial Rock With You de Michael Jackson y Talking With Myself de Electribe 101.


Global 577 - Tribute to Frankie Knuckles Mix by Carl Cox on Mixcloud

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