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El sudor, el amor, el nervio y el látigo de Brett Anderson

Suede en La Riviera (Madrid), el 23 de marzo de 2026

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Desde el principio del concierto de Suede en La Riviera este lunes, ya a Brett Anderson se le notaba que tenía un secreto.

Hacía 13 años que Madrid no veía un show de Suede en una sala, desde que el disco Bloodsports (2013) trajo al grupo también a La Riviera, e igualmente con entradas agotadas. Suede es un grupo que se ha malacostumbrado a los festivales. En España, debe ser raro que les quede alguno sin pisar.

Festivales y geografía. En su idilio con España, el grupo británico, uno de los cuatro grandes del britpop, ha visitado lugares como Calvià, Ourense, Maracena, Escalarre u Oviedo. En la gira actual, en la que presenta el espléndido disco Antidepressant (2025), se está pateando la península, desde Sevilla hasta A Coruña. En verano habrá una nueva oportunidad de ver al grupo, en un programa doble junto a Nacho Vegas en el festival Pirineos Sur (en Lanuza, Huesca), el 10 de julio.

La de anoche no era la mejor para la garganta de Brett Anderson, pero hizo todo lo posible por compensarlo (otros hubieran cancelado). Salió al escenario con la decisión con la que siempre traspasa la cortina que separa el mundo íntimo del mundo del espectáculo. Fue puro nervio del principio hasta el final, desde Disintegrate hasta Dancing with the Europeans. 

Hay pocos frontman como él. Anderson ha patentado algunos movimientos icónicos, de manera que cualquiera que los intente, no será más que un imitador torpe. Estos son algunos: trepar hasta el filo de los monitores y, una vez arriba, mostrar su zapato lustrado; rebotar de manera incesante como si unos muelles imaginarios en los talones provocaran cierto vibrato en la voz; hacer girar el micrófono agarrado por el cable como si fuera una honda, veloz y peligrosa, después usarlo como un látigo, para que finalmente se enrede por inercia alrededor de su propio cuerpo, siempre al borde del estrangulamiento. Anderson, siempre al borde de todo: de los monitores, de los escenarios, de la vida.

Anoche, Brett Anderson estaba algo afónico. Se sinceró con el público y pidió ayuda en algunas canciones. El público español que le ha visto mucho, se ha sentido algo decepcionado. Pero incluso ese espectador exigente sabe que el peor concierto de Suede es un gran concierto, así en general. “La perfección es aburrida”, le dijo al público. A pesar de que la voz iba perdiendo matices y fuerza según avanzaban las canciones, Anderson completó la interpretación acústica de The Wild Ones con una frase a capella, como suele hacer en esta gira.

Brett Anderson de Suede entre el público de La Riviera (Madrid), el 23 de marzo de 2026

Unas flechas blancas pintadas con pegatinas sobre el suelo del escenario marcan a Brett Anderson el camino hacia su público. Un pequeño carril le conduce hacia el borde y, de ahí, a una escalerilla por la que desciende en reiteradas ocasiones, en todas las ciudades, para destruir la barrera del foso. Brett se baña entre los cuerpos de su público. La felicidad que le embriaga de una manera tan evidente, se derrama entre los abrazos, las fotos, las palmas que tímidas dan un pequeño toque sobre sus hombros e incluso los pasos atrás, con respeto y reverencia, que algunos dan para abrirle paso y que no quiera regresar pronto allá arriba, donde Mat Osman, Neil Codling, Richard Oakes y Simon Gilbert siguen a lo suyo, tocando para que nada de desmorone.

Dancing with the Europeans —canción que da título al tour, tercer single del disco y tema explosivo que cierra los conciertos— está inspirada, lo ha contado Brett Anderson, en un concierto que dio Suede en España hace tres años, cuando el cantante estaba pasando por una depresión y algo pasó con ese público, con la energía de esa noche, que fuimos como antidepresivos para él. Ese día comprendió lo importante que es sentirse “más grande” que uno mismo, parte “de un grupo”. Resulta que el grupo no es Mat, Neil, Richard, Simon y Bret. El grupo es también María, Nino, Iñaki, Alberto, Miguel, Raúl, Elena, Estela y miles de personas más. Todos somos Suede, de eso va este disco. De conectar en un mundo desconectado.

Al final del concierto, Brett Anderson ya no pudo guardar el secreto por más tiempo, y dijo que lo iba a contar. Los grupos, explicó, suelen decir que la ciudad en la que están es la mejor, y que tiene el mejor público —“you’re beautiful!” gritó en Beautiful Ones, y seguro que eso lo dice siempre, y seguro que siempre es verdad— pero en “fucking Madrid” esta es verdad de la buena, dijo, con palabras similares.

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