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ENTREVISTA | Alta Comisionada para la Agenda 2030

Cristina Gallach: "España es un país costero. Nuestra vulnerabilidad es grande ante el cambio climático"

"Deberemos medir el nivel de bienestar de las personas de una manera más sofisticada de lo que lo hemos hecho hasta ahora", explica la Alta Comisionada, volcada en la tarea de organizar la Cumbre del Clima COP25

"El día a día del cambio climático se nota. Ya no es la imagen del oso polar ni el glaciar que se deshace, sino de nuestra vida cotidiana", advierte

Su nombre suena en las quinielas para suceder a Josep Borrell al frente del Ministerio de Asuntos Exteriores

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La Alta Comisionada para la Agenda 2020 sujetando un cubo con el logo de los ODS

La Alta Comisionada para la Agenda 2030 sujetando un cubo con el logo de los ODS Marta Jara

Cristina Gallach (Sant Quirze de Besora, 1960) lleva un mes volcada en la organización contra reloj de la cumbre climática de la ONU (COP25) en Madrid. El Gobierno se ofreció a albergar este encuentro cuando Chile anunció que se veía obligado a renunciar por la inestabilidad que se vive en las calles del país, tomadas por las protestas contra la desigualdad. Finalmente, España será anfitriona de una cumbre de la Naciones Unidas bajo presidencia chilena. 

La Alta Comisionada para la Agenda 2030 del Gobierno español explica que el propio cambio de ubicación de la Cumbre es un ejemplo de por qué el nivel de bienestar de las personas debería medirse en el futuro por parámetros distintos al PIB. "El nivel de crecimiento económico que tenía Chile era altísimo, pero no afectaba a todas las personas de la misma manera, y una decisión específica sobre el incremento del precio del transporte ha desencadenado una revuelta", recuerda. 

Periodista y ex secretaria general adjunta de Naciones Unidas, es la única persona nacida en España que ha ocupado puestos de relevancia en las tres grandes organizaciones internacionales: la UE, la ONU y la OTAN. Tras varias décadas en este tipo de organizaciones mantiene el optimismo sobre su papel: "Los grandes problemas sólo se resuelven a través de acciones multilaterales", defiende. El nombre de Gallach suena como posible sustituta de Josep Borrell al frente del Ministerio de Exteriores. Ella evita confirmarlo, pero admite que ha dedicado gran parte de su vida a las relaciones internacionales y a la diplomacia. 

Una de sus tareas ha sido buscar la implicación del sector privado y la sociedad civil en los objetivos de la Agenda 2030 (17 objetivos económicos y sociales con metas específicas que deben alcanzarse en los próximos 15 años), ¿qué respuestas ha encontrado?

Una respuesta muy positiva. Primero había un grupo pequeñito ya muy concienciado y activo, pero realmente pequeño. Creo que en estos 16-18 meses [desde que asumió el cargo] la palabra sostenibilidad la escuchas y transmite en quien la dice una voluntad de acción en una dirección adecuada. Y eso lo hemos notado sobre todo en las grandes empresas.

En las corporaciones medianas y también en las pequeñas, que es el gran tejido económico de España, lo que hemos sentido es una preocupación por la necesidad de ayuda que requieren para estas transformaciones. Entonces, nos hemos dedicado mucho a poner en contacto empresas entre ellas, a movilizar a las organizaciones empresariales, en muchos casos sectoriales, las cámaras de comercio… para que haya apoyos claros al tejido industrial. O sea que ha sido un proceso muy interesante de divulgación, explicación y de apropiación de los ODS en el sector económico. 

Recientemente hemos sabido que en España hay multinacionales que no pagan ni un 1% de impuestos. Alemania, además, se une al grupo de países que cierran la posibilidad de conocer más sobre la actividad fiscal de empresas deslocalizadas. ¿Es posible alcanzar los objetivos de la agenda 2030 sin una fiscalidad más justa?

Este es un tema de gran complejidad y uno de los ODS, el dieciséis, es precisamente gobernanza, transparencia y responsabilidad. Va en la dirección de exigir corresponsabilidad. El camino que ya se está abriendo, incluso a nivel europeo, es de una fiscalidad muchísimo más inclusiva, que refleje mejor las realidades económicas. Creo que ésta es la vía lógica a seguir y la aplicación de los Objetivos de Desarrollo Sostenible así lo exige a nivel global y local. 

Los aspectos más sociales de la agenda, como por ejemplo los derechos de la infancia, parecían suscitar unanimidad, pero en los últimos tiempos se vienen cuestionando. ¿Cómo contempla que por ejemplo Vox esté boicoteando declaraciones contra la violencia de género o contra los derechos del niño?

Bueno, nos parece que se sitúan absolutamente fuera de la agenda 2030 y eso significa situarse fuera del acuerdo mundial global de transformación, lo cual es, como mínimo, chocante. Si todos los países y los dirigentes se ponen de acuerdo en una agenda y nos comprometemos a desarrollar mecanismos de políticas públicas y de movilización del sector social y económico para el cumplimiento de estos objetivos, situarse fuera de este marco no es lógico.

Pero no son los únicos. Tenemos a Bolsonaro en Brasil o al propio Donald Trump, que se ha salido de los objetivos de París. ¿Hay un movimiento que podría desestabilizar todos estos compromisos de los países?

A mí me gusta sobre todo subrayar que aunque los líderes que ha mencionado se pueden situar fuera de aspectos clave de la agenda 2030 y en concreto del cambio climático, por ejemplo la sociedad americana es muchísimo más diversa con respecto a los temas climáticos, de igualdad y los temas de sostenibilidad. El presidente Trump ha anunciado que se retira de los objetivos de París y la ejecución de esta decisión no se producirá hasta el 4 de noviembre, un día después de las elecciones del año que viene.

Pero hay grandes líderes políticos que están comprometidos con esta agenda. Prueba de ello es que la delegación americana en la cumbre de Madrid será importante. Estará liderada por Nancy Pelosi y vendrán además grandes líderes de la sociedad civil, fundaciones, iconos de la movilización climática. Por tanto, es verdad que el líder adopta una actitud, pero el conjunto del país es muchísimo más diverso.

El Parlamento Europeo ha conseguido aprobar una declaración sobre emergencia climática, pero este tema tan perentorio no ha estado exento de polémica y ha tenido bastantes votos en contra. ¿Por qué cree que no es posible despolitizar un asunto que afecta a la propia supervivencia del planeta?

Es verdad que ha habido votos en contra de esta declaración y es verdad que la conciencia sobre lo que significa el momento actual, de esfuerzos que tenemos que hacer para preservar el planeta y dejarlo a las nuevas generaciones como lo hemos encontrado, o en todo caso no en una situación peor, no suscita la unanimidad total.

Yo quiero pensar que la legislatura que empieza ahora en las instituciones europeas, al estar tan centrada en la sostenibilidad humana y medioambiental con el nuevo green deal que la propia presidenta de la Comisión ha situado en el frontispicio de su acción, movilizará a mucha gente, probablemente no a todos, pero me da la impresión de que la ciencia es tan clara y cada día nos da más información de cuál es, de dónde viene el problema del cambio climático, que estos votos negativos se irán reduciendo.

En todo caso, no podemos esperar a la unanimidad para actuar, es muy bueno que el Parlamento haya tomado esta decisión y que transmita a la sociedad la necesidad de una acción más rápida.

En España, los ODS tienen encontronazos con sectores económicos muy concretos. Por ejemplo, cada vez que se habla de impuesto sobre combustibles fósiles se agita el miedo a la subida del diésel que puede afectar a los transportistas ¿Cómo superar esta disyuntiva?

España lidera en el contexto internacional lo que llamamos el proceso de transición ecológica y energética justa y, además, se ha comprometido a la economía neta en carbono en el 2050 (las emisiones emitidas deben ser compensadas). Por lo tanto,  probablemente habrá que actuar en muchísimos frentes, precisamente para asegurarnos de que cumplimos nuestro compromiso y que no son los más vulnerables los que paguen los problemas, la gestión, de esta transición.

Yo creo que hay que verlo al revés. Las oportunidades que va a dar en desarrollo económico el pasar de una economía alta en carbono a una economía baja o una economía neta. Esto es lo que tenemos que poner en valor. Se generarán oportunidades que a su vez beneficiarán más a la salud de las personas. El cambio de movilidad es un impacto también de oportunidades económicas. En lugar de tener todos a disposición un vehículo privado, probablemente habrá modelos de compartir. 

La Alta Comisionada para la Agenda 2030 posa en los jardines del Palacio de la Moncloa

La Alta Comisionada para la Agenda 2030 posa en los jardines del Palacio de la Moncloa Marta Jara

¿Cree que España está a salvo del neonegacionismo climático?

Yo creo que sí, quiero pensarlo. Y en todo caso, si hay negacionistas, creo que la mayor parte de la población conoce los desafíos y está dispuesta a actuar. Y confío que la celebración de la COP de Chile en Madrid contribuirá a una comprensión mucho más profunda por parte de toda la población. Además los jóvenes ejercen un papel fundamental en esta comprensión. Desde el año pasado hasta este, digamos desde la COP de Katowice a la de Madrid, si hay un factor que nos ha ayudado a abrir los ojos ha sido la movilización desencadenada por los jóvenes. Quiero pensar que cada vez estos recalcitrantes son menos.

Según los expertos hay zonas en España que directamente estarían muy afectadas de aquí al 2030 por un eventual incumplimiento de los objetivos de rebaja de emisiones.

Absolutamente. Estamos experimentando veranos más largos, olas de calor. Más gente muere a causa de estas olas de calor, de la contaminación. Está claro que el día a día del cambio climático se nota. Ya no es la imagen del oso polar ni el glaciar, sino de nuestra vida cotidiana. España es un país donde la gente vive mucho en zonas costeras y además nuestra economía está muy basada en las zonas costeras. Por tanto, es obvio que la vulnerabilidad de nuestro país es grande ante el cambio climático.

Entre los objetivos se menciona la agricultura sostenible. También otro de los sectores importantes y delicados en nuestro país. ¿Es sostenible un modelo de agricultura intensiva de regadío como el que se extiende por Huelva, por Almería o Murcia?

Lo que sí es sostenible es un modelo de agricultura que respete la capacidad de generar estos productos no durante un periodo corto de tiempo, sino más largo. La sostenibilidad de la agricultura es la que permite seguir utilizando estos espacios agrícolas. Es un tema fundamental porque en España es un gran sector económico y la propia Política Agrícola Común ya está repensando cómo abordar estos procesos productivos de una manera que sea realmente sostenible.

Entramos otra vez en este marco de cómo hacer estos cambios, de manera que nos permitan un avance, gestionando los impactos socioeconómicos que se generan. Cada vez los ciudadanos estamos más concienciados en unos determinados consumos de cercanía, de productos más de temporada. Las nuevas generaciones consumen probablemente menos carne que las actuales. Por tanto, son procesos que vendrán acompañados de ajustes en el sector agrícola.

Pero la disponibilidad del agua es otro de los grandes temas de los objetivos de desarrollo, y en España, concretamente en la agricultura y la ganadería intensiva, esta demanda de agua no para de crecer.

Si algo nos permiten los ODS es encajar todos y cada uno de estos retos tan importantes de una manera transversal y ajustar los cambios de manera que estas transformaciones se hagan incorporando todos los desafíos y las soluciones posibles.

Porque te da una matriz para las políticas públicas y para las acciones del sector privado. Por eso es tan importante actuar a la vez, actuar con políticas públicas en el caso incluso tan importante al ser una política común europea, junto a la concienciación del sector privado y del consumidor. 

¿Es compatible conseguir estos objetivos de desarrollo con un crecimiento económico y del PIB como el que se considera deseable en los países occidentales?

El nivel de bienestar de las personas lo deberemos medir de una manera más sofisticada de lo que lo hemos hecho hasta ahora. El ejemplo es lo que nos ha llevado a celebrar la COP en Madrid. El nivel de crecimiento económico que tenía Chile era altísimo, pero no afectaba a todas las personas de la misma manera, y por tanto, una decisión específica sobre el incremento del precio del transporte ha desencadenado una revuelta. 

Segundo, uno de los encargos que ha dado la Presidenta de la CE al vicepresidente de Dombrowski y al comisario Gentiloni es estudiar, analizar y trazar un camino de revisión del Semestre Europeo [coordinación de las políticas económicas y presupuestarias en la UE] para que incorpore los ODS. Vamos en el camino de un análisis de los niveles de bienestar en nuestra sociedad más sofisticados. Nadie quiere renunciar al nivel de bienestar que hemos tenido hasta ahora. Lo que sí queremos es que sea justo y sostenible. Tenemos que adaptarnos a un consumo distinto, mucho más dirigido a lo que es realmente necesario.

Lleva muchos años vinculada a los organismos internacionales. Ha pasado por la OTAN, la ONU, por el Consejo de la UE, ¿detecta un cierto retroceso en los derechos sociales con el aumento de la desigualdad o cree estamos avanzando hacia algún lado positivo? 

Yo creo que sí. Precisamente una de las de los mensajes que quiere transmitir con esta reunión en Madrid de la COP es la fuerza del multilateralismo. ¿Por qué? Porque los grandes problemas sólo se resuelven a través de acciones multilaterales: el cambio climático, la desigualdad, la aplicación de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, que es un marco de soluciones, se basa en este concepto y en esta acción multilateral. Por lo tanto, yo confío plenamente en enviar mensajes de que los grandes tratados, el Acuerdo de París, las estructuras internacionales, Naciones Unidas, la Unión Europea, se robustecen con este empuje multilateral. El Gobierno de España está absolutamente comprometido con el multilateralismo y estamos convencidos que en la celebración de la COP así se transmitirá.

Es verdad que los conflictos son muy complejos y por tanto las grandes organizaciones y las no tan grandes viven momentos de tensiones, no son capaces de resolver todos los grandes desafíos de seguridad que hay,  climáticos, pero no hay otra alternativa en el mundo global que tenemos que utilizar bien los organismos internacionales. Yo creo que la Unión Europea, ahora que empieza la nueva legislatura, es muy consciente de este papel que debe jugar como grupo de países y liderar en un momento en que puede haber más dificultades por parte de otras organizaciones. 

Un lema de esta cumbre es dar el pistoletazo de salida a la acción y la ambición. ¿Qué quiere decir eso? 

Quiere decir que el marco jurídico, legal, internacional de luchar contra el cambio climático, que es el acuerdo de París, está prácticamente definido, los negociadores tendrán que ultimar aspectos en Madrid y ahora es fundamental para realmente mantener el nivel de calentamiento del planeta en 1,5 grados que haya acciones específicas. Además toda la ciencia nos ha dicho que si no profundizamos y ampliamos los compromisos asumidos en París no llegaremos a estos niveles de preservación del planeta.

Por tanto, es necesario que a partir del 1 de enero, cuando se abra un proceso mundial de ampliación de la ambición, se hayan tomado muchísimos de estos compromisos, porque requerimos de esta mayor ambición y de acciones concretas para una lucha colectiva en la que nos va nuestra salud, nuestro bienestar, nos va todo el impacto negativo que tiene el cambio climático en la desigualdad, en los más débiles y el empuje que nos da la lucha contra el cambio climático en la apertura económica de distintos sectores de la actividad.

Su nombre suena con fuerza en las quinielas para el Ministerio de Asuntos Exteriores, ¿le gustaría asumir esta responsabilidad?

Realmente no puedo planteármelo en estos momentos. Es verdad que he dedicado gran parte de mi vida a las relaciones internacionales, a la diplomacia, a contribuir a la gestión de crisis mundiales y a construir soluciones en positivo. Pero lógicamente, mi responsabilidad en estos momentos es el aterrizaje de la Agenda 2030 en España y un gran pilar de ellos es la cumbre contra el cambio climático. 

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