El consumo de bebidas azucaradas se desploma en los hogares de menor renta y con hijos tras la subida del IVA

Refrescos

Injusta, discriminatoria o ideológica. Con estas palabras recibió el sector de la alimentación la implantación en España en 2021 de un IVA más elevado para las bebidas azucaradas. Esta medida fiscal impulsada desde el Ministerio de Consumo buscaba desincentivar el consumo de este producto, por su vinculación con la obesidad, especialmente infantil. Cuando está a punto de cumplirse dos años de vigencia, un informe realizado por EsadeEcPol señala que ha servido para reducir el consumo, especialmente entre los hogares de menor renta y con menores, de forma considerable. Además, ha arrastrado a otros productos como los snacks, pese a que a ellos no se les cambió la fiscalidad.

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El Gobierno aprobó a finales de 2020 los Presupuestos Generales del Estado para 2021 en los que se incluía una subida del IVA de estos productos del 10% al 21%, lo que suponía duplicar la carga impositiva de estas bebidas. Esta decisión política se encuadraba dentro de un plan de acción contra la obesidad infantil que impulsó el ministro de Consumo, Alberto Garzón. Sin embargo, las patronales del sector se echaron encima de la decisión del Gobierno, acusándole de ir en contra de la evidencia científica y de perseguir una actividad, la hostelería, que se estaba recuperando tras la pandemia. Finalmente, esta subida solo afectó al comercio y no a la restauración, pero salió adelante.

La medida no era nueva. El anterior ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, llegó a poner sobre la mesa en 2016 esta subida del IVA para las bebidas carbonatadas. Finalmente reculó y lo dejó fuera de las medidas fiscales del Gobierno de Mariano Rajoy, e incluso planteó entorpecer la implantación de esta medida en Catalunya, que sí la había aprobado mediante un impuesto específico. Francia, Portugal, México o EEUU son otros países donde se han aplicado subidas de impuestos para estas bebidas dentro de las políticas sanitarias para reducir la obesidad. “Los impuestos sobre el azúcar se han consolidado como la medida de referencia para desincentivar el consumo de un producto que se considera fuertemente asociado a la obesidad, especialmente la infantil”, apuntan los autores de este informe, Ángel Martínez, Javier Martínez y Jorge Galindo.

El estudio de EsadeEcPol analiza con los datos del gasto de las familias cómo ha evolucionado el consumo tras la aprobación de la subida del IVA. En primer lugar, se centra en los precios. Los responsables del informe concluyen que la mayor parte de la subida de impuestos se trasladó al precio final. El informe señala que el litro de estas bebidas pasó de 1,25 euros a 1,39 euros. “Como el aumento teórico de los precios que debería producirse, en el caso de que el impuesto se trasladase por completo, es del 10% al subir el IVA, podemos concluir que un 96% de la carga impositiva se trasladó a los precios finales”, asegura el informe.

Esta subida automática de los precios se tradujo en un freno del consumo, aunque en no todos los hogares por igual. El estudio, para analizar el impacto, divide a los hogares en tres segmentos, según el nivel de renta. Así, el tercio de hogares más pobres tuvo el mayor impacto en el consumo de refrescos. Según concluyen los autores, cayó en 10,8 litros anuales el consumo, lo que supone el 13%. En los otros dos segmentos la variación no se considera estadísticamente significativa respecto a los resultados habituales. Para concretar más el tiro, el informe analiza cómo evolucionó el consumo entre aquellos hogares que ya declaraban algún gasto en refrescos. Entre ellos, la caída fue todavía superior, ya que fue de 14 litros, como se ve en el siguiente gráfico. “Se puede concluir que el 80% de la caída del consumo en los hogares más pobres estaría explicada por el menor consumo en hogares que ya compraban refrescos”, explican los autores.

Con los datos disponibles en las encuestas de gasto de las familias, los autores del informe buscan aproximar más el análisis e incluye la variable de si son familias con hijos menores. Este tipo de bebidas son las que se asocian más habitualmente a la obesidad infantil. “No disponemos de datos (ni tampoco de tiempo suficiente desde su implementación) para medir efectos directos sobre la salud, pero sí podemos comprobar si la política tuvo un mayor efecto sobre el consumo de los hogares en los que residían niños”, explican los autores en el informe. “Los resultados indican que, dentro del tercio de hogares con menor nivel económico, el efecto de la política sobre el consumo de refrescos fue estadísticamente diferente entre hogares con y sin hijos”, añaden.

Antes de que se aplicara la subida fiscal, el consumo en los hogares de menor renta con hijos era sustancialmente superior al de hogares en misma situación económica, pero sin menores a cargo: 125 litros anuales, frente a 70. En los primeros, la caída fue sustancialmente superior tras aplicar el IVA general, del 21%. El descenso del consumo fue de 25 litros por año, un recorte del 20%, frente al 7% de los hogares con menos ingresos pero sin hijos.

El informe publicado este miércoles da un paso más allá de analizar el impacto del consumo de bebidas tras la subida de los impuestos. Los autores se propusieron analizar si existen productos complementarios, cuyo consumo está vinculado a los refrescos, que también retrocedieron en su gasto. “Asumiendo que los bienes complementarios a este tipo de bebidas son también productos poco saludables, una reducción de su consumo inducida por el impuesto amplificaría el efecto final de la política sobre la salud pública, sin necesidad de establecer nuevas figuras tributarias”, explican. Entre los hogares más pobres se redujo el gasto en, aproximadamente, cinco euros al año en la compra de snacks, el producto más vinculado al consumo de refrescos. Supone un recorte del 10%.

“La relevancia, en términos de políticas públicas, de estos resultados difícilmente puede ser ignorada: únicamente por un efecto contagio, los hogares más pobres han reconfigurado sus cestas de consumo incluso en bienes que quedaban fuera del ámbito del impuesto”, concluyen los autores.

La subida del IVA a las bebidas azucaradas ha tenido un efecto recaudatorio limitado. Durante los 10 primeros meses en funcionamiento, la Agencia Tributaria aseguró que aumentó la recaudación en algo más de 340 millones de euros. Desde entonces, el efecto se ha diluido y entre enero y agosto de este año apenas ha supuesto 70 millones de euros de incremento. El objetivo de la medida, según se explicó en su anuncio, no era tanto recaudatorio como el de desincentivar el consumo de estas bebidas.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha defendido desde hace más de un lustro la implementación de impuestos a las bebidas azucaradas. “Gravar las bebidas azucaradas puede reducir el consumo y reducir la obesidad, la diabetes tipo 2 y las caries dentales”, señalaba en un informe de 2016. Aquel documento del organismo ya señalaba que son los hogares de menores ingresos los más expuestos a los problemas sanitarios que provoca la obesidad y, por tanto, serían “los más beneficiados” por este tipo de políticas públicas. “La población vulnerable, incluyendo a jóvenes, consumidores de bajos ingresos y aquellos con mayor riesgo de obesidad, son los que más responden a los cambios en los precios relativos de alimentos y bebidas”, apuntaba.

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