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El frenazo de la economía abre las primeras grietas en el BCE por la subida de tipos de interés

Christine Lagarde, presidenta del BCE.

Daniel Yebra


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Los argumentos del Banco Central Europeo (BCE) para justificar su estrategia de asfixiar a la economía para luchar contra la inflación son difíciles de entender fuera de la política monetaria ortodoxa. Los miembros del Consejo de Gobierno de la institución miden sus decisiones según el daño que están haciendo a la actividad general de la eurozona. A las familias, que sufren el encarecimiento de las hipotecas. A las empresas, que se financian en peores condiciones. A los gobiernos, que tienen que pagar más intereses en el mercado.

El Gobierno reduce las necesidades de deuda en 5.000 millones en 2022, hasta los 70.000 millones

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En las actas de la reunión de octubre del principal órgano del BCE, se recoge que los banqueros admitieron que “en caso de una recesión superficial”, se debería “continuar endureciendo la política monetaria”. Mientras que, según observan por primera vez, habría que hacer “una pausa” en las subidas de los tipos de interés oficiales “si hubiera una recesión prolongada y profunda, lo que probablemente frenaría la inflación en mayor medida”.

En el mismo documento, publicado este jueves, los miembros del Consejo de Gobierno reconocen ya múltiples señales del frenazo de la economía. Hasta desvelan que no todos sus miembros estuvieron de acuerdo con la subida de tipos de 0,75 puntos que se decidió en esta última reunión, hasta el 2% actual. Después de otro aumento de 0,75 enteros en septiembre. Y tras los primeros 0,5 puntos en julio, cuando se puso fin a un periodo histórico de apoyo a la economía con el 'precio' del dinero en mínimos.

“Algunos miembros [del Consejo de Gobierno] expresaron su preferencia por aumentar los tipos de interés oficiales en 0,5 puntos”, se lee en las actas de octubre. Hasta ahora las decisiones habían sido unánimes, o con discusión sobre ser más agresivos. No menos.

De hecho, las expectativas sobre los tipos del BCE ya apuntan a que los próximos aumentos serán menores, y que pararán en primavera, según se observa en el gráfico.



Estas previsiones se basan en la cotización de un complejo instrumento financiero (un SWAP) que vigila la propia institución. Y están sostenidas por las grietas que ya son evidentes dentro del Consejo de Gobierno, por las estimaciones de inflación y por la menor agresividad que se le está presuponiendo también a la Reserva Federal (Fed), el banco central de Estados Unidos.

Eso sí, las actas narran que “se compartió ampliamente la opinión de que la normalización [eufemismo para hablar de endurecimiento] de la política monetaria debía continuar para contrarrestar el riesgo de que las expectativas de inflación a largo plazo se desanclaran y de una posible espiral de salarios y precios”.

Incluso aunque el mismo documento refleje que los sueldos no están subiendo y que una contracción de la economía es “el escenario más probable” para la mayoría de países de la eurozona. España será el único de los cuatro grandes socios que esquivará la recesión, según las estimaciones actuales.

La paradoja alcanza el punto de que el BCE recomienda que las políticas fiscales de los gobiernos no choquen con la política monetaria. Es decir, que no sean expansivas pese a la crisis energética, a la incertidumbre geopolítica, a la pérdida de poder adquisitivo por la inflación disparada... Su receta se basa en políticas focalizadas en las familias y en las empresas más vulnerables, pero rechaza los descuentos generalizados, o las bajadas de impuestos, “que son inflacionistas”.

Alemania no da tregua

Si “algunos miembros” (entre los que deberían estar los gobernadores de los bancos centrales de Italia, Grecia, Portugal o España, los países más endeudados) quisieron una subida más moderada en octubre, la representante de Alemania en el Comité Ejecutivo del BCE, Isabel Schnabel, dejó claro que su posición es muy diferente.

En un discurso que vio la luz justo después de la publicación de las actas de la última reunión, Schnabel afirmó que “las sucesivas cifras de inflación están por encima de las proyecciones” y que “hay un aumento de la incertidumbre”, lo que “limita el espacio para desacelerar el ritmo de los ajustes de los tipos de interés”.

“La verdadera ideóloga del BCE es Isabel Schnabel, en representación de Alemania en el comité ejecutivo de la institución. Ella ya argumentó que estaban obligados a provocar una recesión todavía mucho más profunda”, recalcó Carlos Martín Urriza, profesor y director del Gabinete Económico de CCOO, en declaraciones a elDiario.es a principios de noviembre.

“La subida de tipos es un parche que no va a solucionar el problema de fondo, que al fin y al cabo gran parte tiene que ver con la guerra de Rusia y Ucrania, y las distorsiones en las cadenas de suministros debidas a la COVID-19”, prosigue Virginia Rosales, profesora de Economía Aplicada de la Universidad de Granada.

La institución ha decidido ignorar que el encarecimiento de las hipotecas y de los préstamos no influye en los cortes del gas ruso o en la producción de petróleo en las dictaduras de Oriente Medio. O, al menos, no lo hará hasta que la inflación vuelva al objetivo del 2% aunque ahogue definitivamente la demanda de familias, la actividad de las empresas y la capacidad de gasto de los estados.

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