El mayor fondo soberano del mundo apuesta todo al verde: sólo invertirá en firmas con emisiones netas cero de CO2

Fachada del Norges Bank.

La estrategia del Norges Bank Investment Management, la institución gestora del fondo soberano noruego, rezuma contundencia: todo retraso en la plena descarbonización de los sistemas productivos mundiales supone un enorme riesgo financiero que los recursos con los que las autoridades de Oslo garantizan las pensiones de las generaciones futuras y, al mismo tiempo, alimentan el generoso Estado del Bienestar del mercado escandinavo con mayor renta per cápita, no está dispuesto a abordar.

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De ahí que su cúpula ejecutiva acabe de advertir al mercado que se desprenderá de los valores de todas aquellas compañías que no certifiquen que sus proyectos de inversión corporativa se encaminan a consumar las emisiones netas cero de CO2 en 2050. Es decir, y dicho de otro modo, que no contribuyan a retrasar la transición energética hacia la sostenibilidad.

El desafío no resulta baladí porque, entre otras razones, sólo el 10% de sus activos podrían ser calificados en la actualidad de no dejar huella de carbono en el fondo que quizás ha manifestado una mayor concienciación por las inversiones verdes. Hay que tener en cuenta que que este fonfo, bajo la supervisión del Ministerio de Hacienda del país, maneja 1,2 billones de dólares -una cifra similar al tamaño del PIB de España-.

El cambio de estrategia ha tenido el impulso decidido de su primer ministro, el laborista Jonas Gahr Store, que hizo de esta batalla por la ecología uno de los lemas que le condujeron a la victoria en los comicios de hace un año. Entonces prometió que su Gobierno promovería, a través del Ministerio de Finanzas, la configuración del fondo soberano con acciones exclusivamente de empresas con objetivos inexorables de emisiones netas cero.

La coalición tricolor de laboristas, Izquierda y Verdes que acabó con ocho años de ejecutivos de signo conservador ha propiciado este cambio conceptual en detrimento de los combustibles fósiles y de los privilegios e intereses de la Vieja Economía, que ha corroborado el propio Norges Bank. Carine Smith Ihenacho, su jefa de Gobernanza y Compromisos, ha asegurado esta semana, en el acto de presentación de la estrategia corporativa de la institución, que el mayor propietario de acciones públicas del planeta presionará así a empresas e inversores a decantarse por una senda “creíble” de metas “factibles” y objetivos de largo recorrido “exigentes y sin fisuras”, que confluyan en la constatación de su cumplimiento con auditorías fehacientes.

Smith Ihenacho también salió al paso de las críticas inversoras por las certificaciones de criterios ESG y las acciones regresivas que los mercados de capitales están emprendiendo para sortear las caídas de los activos en la actualidad. La directiva descartó la influencia de los lobbies asociados a los combustibles fósiles y potencias petrolíferas y gasísticas para consolidar los intereses corporativos tratando de desvirtuar cualquier agenda sostenible con cambios de paradigmas energéticos ambiciosos.

“La mejor fórmula para resolver el combate contra el cambio climático es lograr que accionistas, inversores y ejecutivos y directivos de empresas sean responsables con las emisiones netas cero y encaucen sus proyectos corporativos sin huellas de carbono”, matizó Nicolai Tange, consejero delegado del banco de inversión que mueve los hilos del fondo soberano noruego. Antes de dar la puntilla a su tesis de connivencia cero con la polución: “mientras facilitemos la estancia de las firmas contaminantes en las carteras de inversión y no las expulsemos de las estrategias futuras no resolveremos el problema medioambiental sino, más bien, al contrario, lo perpetuaremos”. Para Tange, “alguien tiene que poner coto a estas empresas”.

En paralelo, y desde el Ministerio de Finanzas noruego, se emitió un white paper hace escasas fechas en el que insta a los gestores de su fondo soberano a “alinear sus objetivos de inversión con activos consistentes con las emisiones netas cero” a través de “esfuerzos responsables” en sus carteras de capital que “compulsen” las acciones sostenibles de las firmas que sustentan sus estrategias en los mercados. En este sentido, Tangen dijo: “A largo plazo, debemos lograr el retorno hacia espacios de energía renovable y alternativos de los movimientos accionariales que ahora han retornado a activos de combustión fósil y han catapultado los precios de la energía a límites insostenibles”.

Revisión minuciosa de la cartera de activos

El fondo -explican sus ejecutivos- va a revisar 9.123 compañías de 73 nacionalidades, que aportan activos a la composición de su estructura inversora, mediante exámenes científicos de emisiones a corto y medio plazo, sondeos sobre los planes de transición e informes de auditoría sobre el desarrollo de las iniciativas en curso.

El portfolio del fondo noruego tiene 174 empresas preferentes, que contabilizan el 70% de todos sus activos y que serán los que deban consignar de forma prioritaria tres ámbitos: primero, el que marca las emisiones directas de CO2; el segundo, las que producen firmas asociadas o de reciente adquisición del grupo y, en tercer término, las generadas durante el proceso productivo o por el uso de sus bienes y servicios por parte de sus consumidores.

“No será fácil, pero es una oportunidad ineludible”, precisó Smith Ihenacho, para quien la ausencia de la huella de carbono en la estrategia corporativa, en la cadena de valor y en la postventa de cada mercancía, flujo de capital o servicios de una compañía “será supervisado”. Y recordó que, en los últimos 50 años, el fondo noruego se ha desprendido de más de 150 activos empresariales que no han combatido con sus operaciones el cambio climático.

La apelación de la responsable de gobernanza del Norges Bank no es gratuita, sino que busca el restablecimiento de la confianza perdida en el mercado, con un creciente escepticismo hacia los denominados principios ESG o hacia su mercado de bonos asociado, donde se negocia por valor de 170.000 millones de dólares.

Según los cálculos de Bloomberg Intelligence, tras la Gran Pandemia se iba a forjar una alianza inversora frente al cambio climático por valor de 35 billones de dólares, con perspectivas de acaparar un capital bursátil de 50 billones de dólares en 2025. Sin embargo, la urgencia de la crisis energética surgida en el otoño de 2021 ha interrumpido esta tendencia hacia los activos verdes.

Pero la invasión de Ucrania ha situado las inversiones ESG en la retaguardia de los porfolios. Laith Khalaf, responsable de carteras en AL Bell Investments, admitía que “continuar con el uso del carbón, algo impensable hace meses, está ahora en la agenda oficial europea lo que, unido al incremento del precio del gas y del petróleo, podría haber persuadido a ciertos inversores ESG a buscar beneficios alternativos y elevar su exposición en sectores energéticos tradicionales”, aclara.

Tariq Fancy, antiguo gestor y CIO de BlackRock, la mayor firma privada de inversión que defiende a ultranza los flujos ESG en sus carteras, precisó en el Financial Times que la guerra en Ucrania y el uso del gas como arma de acción exterior por parte de Vladimir Putin, “ha dejado al borde de la insolvencia los capitales vinculados a principios ESG”.

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