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Viento del Norte es el contenedor de opinión de elDiario.es/Euskadi. En este espacio caben las opiniones y noticias de todos los ángulos y prismas de una sociedad compleja e interesante. Opinión, bien diferenciada de la información, para conocer las claves de un presente que está en continuo cambio.

Hacia qué mundo vamos. Levantemos la voz

Fotograma de la película 'La Odisea'.

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Llevamos un verano pleno de noticias desasosegantes. A las habituales sobre desastres humanos, como las inacabables guerras en Ucrania, Palestina o Irán, se han sumado en el mes de agosto otras, no por esperadas, menos impactantes. Y no estoy hablando de los incendios ni de la pertinaz sequía (¿a qué tiempos nos retrotrae esta frase?). Ni tan siquiera pienso en la inexplicable situación en Ceuta, aún pendiente de una información clara y transparente. Selecciono tres noticias, que me han hecho reflexionar sobre la dirección hacia la que parece estar encaminándose el mundo.

Por ejemplo, leer o escuchar cualquier cuestión relacionada con la Inteligencia Artificial, no sólo no es novedad, sino que empieza a generar una cierta sensación de falta de sorpresa, de cotidianeidad. Afortunadamente, todo lo relacionado con la IA sigue llamando mi atención, poniéndome en guardia, en una palabra. Las investigaciones en este campo están a la orden del día y con un vértigo inhumano fagocitan noticias a diario. Oímos hablar continuamente acerca de la inevitabilidad de tal tecnología, sobre la extraordinaria ayuda económica y social, que, en aras del progreso, está suponiendo ya para la humanidad. Leemos a diario sobre la carrera investigadora que ha dinamitado las estrategias de los gobiernos. En fin, que dichos como la imposibilidad de “poner puertas al campo” o “tonto/a el/la último/a” están en la mente de la mayoría de nuestros/as gobernantes/as y nos indican sus preferencias inversoras.

A comienzos de este calurosísimo agosto apareció una noticia que en un par de días dejó de serlo, pero a la que otorgo mucha importancia: empresas investigadoras de IA (Open AI y Anhtropic, entre ellas) han observado (¿con estupefacción, temor, orgullo?) cómo algunas de sus herramientas salían de sus entornos de pruebas digitales, pirateando recursos externos en internet. Preguntados al respecto sobre tamaña intromisión, la respuesta fue que no podían mantenerse en la estrechez impuesta por sus monitores para resolver los problemas que les habían creado y necesitaban encontrar la solución fuera de sus límites. Dicho en román paladino, habían robado información no autorizada para resolver sus programas, lejos de las medidas y prohibiciones impuestas por sus creadores. En un artículo a propósito, Timothy Garton 1 animaba a ser críticos con esta herramienta, a actuar mientras haya tiempo para poder controlarla bajo parámetros humanos. En caso contrario, vaticina un futuro muy poco esperanzador: “Con la IA es como si hubiera diez proyectos manhattan distintos (proyecto estadounidense de la II Guerra Mundial para construir la primera bomba atómica) por empresas en feroz competencia. Y a diferencia de las armas nucleares, no existe una lógica evidente de ”destrucción mutua asegurada que frene la competencia geopolítica entre EEUU y China“.

¿Somos conscientes de estar perdiendo calidad democrática con tanta concesión a las multinacionales digitales? ¿Estamos aún a tiempo de frenar y modelar estas investigaciones? Probablemente, pero para ello habrá que presionar desde el mundo civil, desde las organizaciones sociales, para que los gobiernos comprendan que no vamos a aceptar esta peligrosa deriva.

La segunda noticia a destacar levantó aún menos revuelo en medios de comunicación. Se enfatizaba con la apertura de la primera ruta transoceánica a través del Ártico por parte de China, autorizada por Rusia, uno de los guardianes de esa zona geoestratégica. Siguiendo con la información, de este modo se ahorraría la mitad de tiempo respecto a los recorridos tradicionales, al evitar puntos calientes, como el Estrecho de Ormuz, y se permitiría a los países del viejo continente disponer de unidades de almacenamiento de energía fabricados por China. La única referencia a que esta nueva ruta aumenta el daño ecológico o a que haya surgido por la degradación medioambiental consecuencia del cambio climático, era tratada en menos de dos líneas de un párrafo. La conclusión es evidente: aviso para las decrépitas democracias occidentales: debe recelarse del creciente dominio de los mares, (por parte de China) y de la tecnología de construcción de buques rompehielos de propulsión nuclear (Rusia). ¿Están la geoestrategia mundial y el capitalismo voraz condicionando el futuro de nuestro planeta y de las próximas generaciones? Sin duda y no les temblará el pulso para aumentar, si cabe, la amenaza; de ahí se desprende la importancia de un trabajo educativo férreo, de hondo sentir crítico, continuado, que permita al alumnado entender el mundo que les vamos a dejar y se rebelen contra tal situación.

La última noticia nos acerca a la cultura cinematográfica, concretamente al éxito inesperado de la última producción del director Christopher Nolan, Odisea. Inesperado no por dudar de la magia de este director a la hora de cerrar un proyecto (recordemos anteriores producciones como 'Oppenheimer', 'El Caballero Oscuro', 'Dunkerque', 'Interstellar' o 'Memento', por seleccionar algunas) sino por el riesgo al acercarse a un clásico antiguo, como es la Odisea de Homero. Que el film haya conseguido en poco más de dos semanas de exhibición más de 1.350 millones de dólares y se haya convertido en la película de adultos más taquillera de la historia no deja de ser una marca Guinness prontamente superada por cualquier otro mega evento. Lo asombroso es que la mayoría de la juventud que se ha fascinado con las vicisitudes, temores y dudas de Ulises hayan conocido a este mito griego en el cine y no en las aulas. Lo sorprendente es que la asignatura de Cultura Clásica, optativa en la ESO, malviva únicamente por la insistencia de su profesorado y que Latín y Griego, por ejemplo, sean cada vez más lenguas muertas, con el RIP de fecha de caducidad ya en sus lápidas.

No pongo en cuestión la importancia de la enseñanza no reglada en la formación personal, ni la necesidad de la educación humanística, indispensable para crear una ciudadanía comprometida. Mi temor viene de la caducidad de este tipo de eventos multitudinarios que, raramente, permiten una asimilación de los valores que se pretenden transmitir. Que la perseverancia, la inteligencia, la astucia o la lealtad, principios presentes en la obra de Homero -y también resaltados en el film de Nolan-, referentes humanos a personas en formación, deberían ser objetivos de quienes aconsejemos su lectura o visionado, más allá de la grandeza de escenas bélicas o del magnetismo de personajes míticos como Cíclope o las sirenas. Ahí radicará nuestro posible acierto. ¿Hasta dónde el entretenimiento deja espacio para la formación y el conocimiento personal?

Es necesario ayudar a discernir lo fundamental de lo accesorio, valorar la fugacidad de las modas pasajeras y la importancia de crear identidades propias que no se bamboleen al gusto de los mensajes comerciales.

Edgar Morín, filósofo francés que expresó muchas dudas sobre el mundo que conocía tan bien (vivió 104 años) decía, “No es en absoluto seguro, sólo es probable, que nuestra civilización se dirija hacia la autodestrucción, y, si hay autodestrucción, el rol de la política, de la ciencia, de la tecnología y de la ideología será capital, puesto que la política, la ciencia, la tecnología, la ideología, si hubiera toma de conciencia, podrían salvarnos del desastre y transformar las condiciones del problema.” Morín, además político y sociólogo, no era excesivamente optimista sobre el futuro, lo que llevó a sentenciar: “De todas formas, parece que la humanidad no va a poder evitar el caos. El problema es saber si será un pequeño caos, con guerras, pero locales, con convulsiones, pero temporales, con regresiones, pero no generalizadas, o un gran caos, una deflagración en cadena que puede conducir incluso a la destrucción atómica. Si será un caos corto, de algunos decenios, o un caos largo de carácter secular.”

En una línea similar, aunque con un mayor punto optimista, recordemos a Anne Applebaum cuando afirma “El declive de la democracia no es inevitable, pero tampoco la supervivencia de la democracia es inevitable. Depende de las decisiones que tomemos”.

Noticias que generan dudas sobre la calidad de nuestras democracias. ¿Hacia qué mundo nos dirigimos? ¿Queremos que este sea nuestro legado? ¿Estamos dispuestas/os a ciertas renuncias que mejoren la actual situación?

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