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Denuncian la aparición de centenares de tiburones muertos en el fondo de las aguas de la costa guipuzcoana

Un submarinista recoge varios ejemplares de tiburón pintarroja

Alazne Aldayturriaga

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“El fondo marino [está] lleno de pintarrojas muertos”. La pasada semana, el colectivo ecologista Eguzki adelantó que iba a denunciar tanto públicamente como ante la Administración que el grupo Buceo Donosti había hallado centenares de estos tiburones muertos. Reunió alrededor de un centenar de ejemplares en la bocana de Pasaia (Gipuzkoa) para que se viera la magnitud del problema.

No es la primera vez que el grupo submarinista se topa con “este tipo de imágenes”. Es por eso que decidieron ponerse en contacto con Eguzki, “hartos y cansados de ver un montón de peces muertos en el fondo”. “El mero hecho de que aparezcan peces muertos en el fondo marino, en este caso en la bocana de Pasaia, ya es un hecho destacable”, señala Garikoitz Plazaola, miembro de Eguzki. “Se supone que la sociedad se está fijando un poco más en el entorno, en el medioambiente, con eso de la emergencia climática. Que ocurran estas cosas es llamativo”, añade. Además, “el que haya hecho esto puede estar incurriendo en un delito”.

El pescado de descarte, aquel que “se pesca en la red, se sube al barco pero luego no se usa”, por normativa, tiene que desembarcarse en el puerto, por tanto, “que se estén extrayendo unos seres vivos de su medio natural para luego echarlos en el fondo del mar es grave”, admite Plazaola. El grupo se muestra bastante seguro de que ha sido un pescador quien ha arrojado los pintarrojas antes de llegar a puerto, aunque no se ha aclarado el porqué. “Es una especie que se puede comercializar, no está protegida, pero hace unos años se vendían más, por lo que puede que la razón sea su difícil venta. Ha podido ocurrir que los hayan intentado vender y al no poder hacerlo tener que deshacerse de ellos”, comenta.

Tampoco se sabe el total de tiburones que se han arrojado a la bocana de Pasaia. El grupo submarinista los vio durante la semana pasada, y “en un intento de visibilizar la magnitud del desastre” reunieron más de un centenar de ejemplares, aunque Plazaola asegura que “había muchos más”.

Asimismo, el grupo Eguzki manifiesta que Inspección pesquera del Gobierno vasco no busca soluciones a este problema, que, advierte, “no es nuevo”. “No dice nada, solo dicen que hay un problema con el descarte”, indica. “En ningún momento dice nada de si se puede evitar la cantidad de descarte que se hace hoy en día, ni si ese descarte hay que intentar meterlo en la cadena alimenticia de alguna forma. En esta época en la que estamos intentando que los restos de supermercados no acaben en la basura, creo que con los descartes habría que hacer algo parecido”.

Captura de tiburones protegidos

No es la primera vez que hay problemas con tiburones en la costa vasca. En abril de 2018, la Administración del Estado informó de que se había detectado la captura ilegal de 20 tiburones de la subespecie 'cailón', 'lamna nasus' o 'marrajo sardinero', una especie protegida, en una inspección en el puerto de Ondarroa (Bizkaia). El representante de Equo José Ramón Becerra denunció que Inspección pesquera del Gobierno vasco “hace la vista gorda ante ilegalidades de la flota vasca”.

Arantxa Tapia, consejera de Desarrollo Económico e Infraestructuras en la pasada legislatura, respondió en una pregunta a Becerra que en los últimos diez años no ha habido sanciones por pesca ilegal de especies protegidas. “En la práctica, la pesca de todos estos escualos, teniendo en cuenta las profundidades en las que viven, se produce en aguas exteriores del caladero Cantábrico Noroeste, siendo el control de la pesca y el desembarque de las capturas realizadas en dichas aguas competencia del Ministerio de Agricultura, Pesca y Medio Ambiente”, sostuvo.

La especie protegida, en peligro de extinción, comparte aguas con otras especies de tiburones que llegan cada año al puerto de Ondarroa, principalmente 'prionace glauga' o 'tintorera' y en menor medida 'isurus oxrynchus' o 'marrajo dientuso', por lo que “taxonómicamente es muy difícil distinguirlo”, indicó entonces el Gobierno vasco. Becerra señaló que el arte del palangre “no es un arte selectiva que permita evitar las capturas de especies protegidas”.

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