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Análisis

El espejismo de la caída de la incidencia en Euskadi: un 75% menos de pruebas y más casos sintomáticos y en mayores

Paseantes con mascarilla en el centro de Vitoria en este arranque de enero

Estadísticamente, la incidencia de la COVID-19 lleva seis días seguidos bajando en Euskadi y eso es un dato incuestionable. Solamente Álava tiene ahora un valor peor que el 10 de enero. La tasa alcanzó el 11 de enero los 7.038,61 puntos y, desde entonces, ha seguido un paulatino descenso hasta marcar 6.235,46 casos por cada 100.000 habitantes en 14 días este lunes. Si se aíslan los datos de la última semana, en siete días podría estar otros 1.000 puntos por debajo o incluso más. ¿Es el fin de la última ola o un espejismo?

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Por la evolución de otros indicadores más allá del de positivos, la causa principal de la caída está más en los cambios de protocolos, que han supuesto una reducción drástica de pruebas. Este domingo el Servicio Vasco de Salud (Osakidetza) se ha quedado en un 25,42% de su capacidad máxima diagnóstica o, lo que es lo mismo, se han hecho un 75% menos de pruebas que el máximo demostrado. De hecho, en la última semana ha habido una caída del 38% en los positivos confirmados pero ha seguido subiendo el número de sintomáticos, alrededor del 1%. Han pasado de 36.873 a 37.149. También se han disparado los fallecimientos un 38% (de 78 a 108) y hay estabilidad en la presión hospitalaria con una ligera subida en UCI (de 142 a 143) y una ligera bajada de los ingresos (de 107 de media al día a 103). Los hospitales siguen en el momento de mayor presión desde el confinamiento, aunque con oscilaciones significativas en los datos de ocupación.

El día 11 de enero se anunció el final de la figura de los contactos estrechos, es decir, que no se harían pruebas a personas del círculo de los contagios salvo si tienen perfiles de riesgo (enfermos crónicos -y no todos-, embarazadas o mayores) o si no están vacunados. Un día antes, el 10 de enero, se explicó que se iban a dejar de computar los positivos de las farmacias con excepción de los que requieran una confirmación en el sistema para obtener una baja laboral. El 7 de enero se realizaron 38.622 PCR, pruebas de saliva o antígenos, el tope absoluto de la pandemia. El 16 de enero la cifra ha bajado a 9.820. El porcentaje de muestras recogidas que confirma la presencia del virus ha sido en la última semana del 39,92%, incluso algo más que el 38,77% de la anterior. Aplicando esos datos, si este domingo se hubiesen hecho tantas pruebas como el anterior, habrían aparecido unos 7.000 u 8.000 contagios más, un volumen similar al de entonces, cuando todavía subía estadísticamente la pandemia. No se habían hecho tan pocas pruebas desde el 8 de diciembre, día de la Inmaculada. Entonces salieron 1.421 positivos.

La caída de la incidencia se convierte en subida en las franjas de edad en las que el cambio del protocolo no es tan claro. Es el caso del principal colectivo de riesgo, los mayores. A falta del resumen semanal de los martes de la situación en las residencias, la incidencia en ellas lleva ya dos semanas disparada y, mientras la tasa general baja, sube entre los septuagenarios, los octogenarios, los nonagenarios y los centenarios en relación a la semana anterior. Para ellos un positivo puede suponer incluso un 20% de riesgo de fallecimiento todavía ahora. También suben los casos entre el único gran colectivo sin vacunación masiva hasta la fecha, los menores de 10 años. Las subidas oscilan entre el 9% semanal de los niños y el 23-34% de los ancianos.

Otro ejemplo claro de cómo los cambios en los protocolos afectan a la estadística se aprecia en Educación. El consejero Jokin Bildarratz, en el Parlamento Vasco, ha indicado que no hay ahora ninguna clase cerrada en los colegios vascos cuando antes de Navidad eran 460 repartidas en 200 centros con brotes. ¿Qué ha ocurrido? La incidencia casi se quintuplicó del último día antes de vacaciones al primero a la vuelta, pero se ha optado por esta regla: “No se considerará contacto estrecho al alumnado del aula salvo a aquellos que pertenezcan al colectivo de personas con alguna vulnerabilidad. Mientras dure la situación de transmisión extrema, el alumnado no tendrá que realizar cuarentena ni pruebas”. Estas pautas, recogidas en un documento oficial de Osakidetza, van incluso más allá que en la población general, ya que el grueso de los estudiantes de menos de 12 años no tienen pauta completa y sí tendrían que confinarse de manera preventiva en caso de que el brote surgiera en otro contexto no escolar. El propio Bildarratz se ha contradicho al admitir que las bajas del profesorado se han disparado, al menos en la red pública, tras el parón navideño.

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