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'Grita Casandra': la obra que desentierra siglos de silencio y devuelve autoridad a la palabra femenina

Julia Rípodas, posando con 'Grita Casandra' entre sus manos

Sandra Moreno Quintanilla

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Hay una frase que atraviesa Grita Casandra desde sus primeras páginas y que resume siglos de desautorización hacia las mujeres: “Nos han dicho calladita estás más guapa. No seréis escuchadas. La duda os perseguirá como una pesadilla. Lo que contéis no contará. Vuestra voz no perdurará y vuestro nombre no será reconocido. Caerá en el olvido. Como si nunca hubierais existido”.

Frente a ese mandato histórico de silencio se levanta el libro de Julia Rípodas, autora asturiana afincada en Badajoz, profesora de Filosofía, feminista, activista y miembro de DOFEMCO (Docentes Feministas por la Coeducación), plataforma educativa que reivindica la coeducación como principal instrumento de transformación social para lograr una sociedad más justa.

La obra ha sido publicada por La Moderna dentro de Los Libros de Olimpia, colección dirigida por Lidia Gómez que nace con el propósito de dar espacio a voces femeninas y feministas de la literatura contemporánea. Con prólogo de la filósofa Alicia H. Puleo e ilustraciones de Blanca Prendes, Grita Casandra se presenta como un ensayo literario, político y profundamente emocional sobre la credibilidad negada a las mujeres y sobre la necesidad de reconstruir una genealogía propia.

La figura elegida por Rípodas no es casual. Casandra, princesa troyana, recibió del dios Apolo el don de la profecía, pero fue maldecida para que nadie creyera sus predicciones tras rechazarlo. Veía la verdad, pero estaba condenada a no ser escuchada. Su familia la tomó por loca o mentirosa y, en algunas versiones del mito, fue encerrada antes de acabar convertida en esclava sexual de Agamenón y asesinada después.

Ese relato clásico encuentra una lectura plenamente contemporánea. La escritora Rebecca Solnit llamó “síndrome de Casandra” a esa sospecha permanente que recae sobre la palabra femenina, especialmente cuando una mujer denuncia, advierte o cuestiona a un hombre poderoso o a una institución. No solo se ponen en duda los hechos que narra, sino también su capacidad de hablar y su derecho a hacerlo. Generaciones enteras de mujeres han escuchado que deliran, exageran, manipulan o mienten.

Desde esa conciencia, Julia Rípodas escribe “contra la Historia, sin red ni patria”, con una prosa lírica y sin concesiones que viaja por la vida y la obra de mujeres que alumbraron caminos para otras. Grita Casandra rescata voces silenciadas y convierte la escritura en un acto de restitución: somos porque otras fueron.

En sus páginas aparecen escritoras, artistas, científicas y activistas que hicieron de su vida una forma de resistencia: Roxane Gay, Maya Angelou, Vanessa Springora, Alaine Polcz, Elena Fortún, Annie Ernaux, Laura Freixas, Isabel Allende, Isadora Duncan, Leonora Carrington, Marjane Satrapi, María Teresa León, Emmeline Pankhurst, Clara Campoamor, Najat El Hachmi, Amelia Tiganus, Birutė Galdikas, Jane Goodall, Dian Fossey, Eve Ensler, Svetlana Alexievich o Audre Lorde, entre otras.

La genealogía que construye la autora no es lineal, sino una polifonía. En ella aparecen la maternidad como experiencia ambivalente, el exilio geográfico y simbólico, el cuerpo como archivo donde se inscriben violencias y supervivencias, la locura entendida también como resistencia y una ética del cuidado que atraviesa incluso la ciencia y propone otras formas de conocimiento más vinculadas al vínculo y al afecto.

Mapa del daño

El libro dibuja también un mapa del daño, pero sobre todo de la resistencia. No se detiene en la herida, sino que ilumina la dignidad de quienes atravesaron abuso, racismo, maltrato o descrédito y transformaron ese dolor en conciencia política. La primera persona se convierte aquí en un acto político: nombrar la violencia, la guerra o la exclusión no solo libera, también corrige una injusticia epistémica.

Para quienes trabajan con la palabra, la obra lanza una interpelación directa: lo que no se nombra no existe, y lo que se nombra mal, existe mal. Durante siglos, el relato oficial ha borrado a las mujeres o las ha presentado como excepciones aisladas. Grita Casandra desmonta ese espejismo y reclama la responsabilidad de contar lo que fue silenciado.

El libro reivindica además la memoria de las luchas feministas, desde las sufragistas hasta Clara Campoamor, y recuerda que la libertad de las mujeres nunca fue un regalo, sino una conquista frágil que debe defenderse una y otra vez. Lo íntimo aparece como trinchera política: la culpa, la vergüenza, el miedo al descrédito y también la amistad entre mujeres como forma de sostén y estrategia emancipadora.

Más que una publicación literaria, que lo es, Grita Casandra es una invitación a no callar. A recordar. A escribir. A nombrar. A comprender que ninguna voz femenina habla sola. Que cada mujer que rompe el silencio lo hace acompañada por todas las que antes fueron negadas. Y que, frente a siglos de descrédito, la respuesta colectiva sigue siendo la misma: tenemos que ser escuchadas y leídas. Debemos escucharnos y leernos.

Y así lo expresa Rípodas en su libro: “Leamos a las mujeres, pues. Ellas que cuentan lo íntimo despiertan miradas políticas. Encuentran consuelo y nos brindan acicate. Exhiben una desobediencia que libera: el óxido pesado de los barrotes se despliega en alas ligeras, se hace himno, homenaje, armonía, danza que pisa la tierra, canto que eleva”.

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